Cartes al Director · 10 d'Octubre de 2017. 07:20h.

Mentir ¿sale gratis?

José Jiménez López

 

Sorprende que la gente hoy se preocupe mucho de la contaminación que le rodea y no de aquella otra que está muy cerca de nosotros mismos, pues hay algo muy próximo a nosotros que se constituye en el factor más grave de CONTAMINACIÓN MENTAL: nuestras imágenes, nuestros recuerdos, las palabras que escuchamos y decimos, lo que vemos y leemos en libros y medios de comunicación. Todo ello nos afecta muchísimo más que los factores cósmicos ambientales.

El ser humano tiende a vivir en el ámbito de la verdad porque la necesita para entender la REALIDAD y, así, orientarse y proyectarse en la vida. Las creencias y las ideas son lo más íntimo y cercano a nosotros, lo que más condiciona quienes somos y quienes podemos ser.

Cuando los factores mencionados son falsos la contaminación mental siempre es grave, y es poco probable que la mayoría de las personas se den cuenta de ello, pero aún es más improbable que se les advierta. La inercia es que cuando alguien dice una estupidez, la repiten legión de escuchas, con lo que se produce un efecto de acumulación, difícil de contrarrestar.  La consecuencia es que son innumerables las personas que viven en “ESTADO DE ERROR”, o situación de “errores arraigados”: supersticiones, falsas convicciones e injustificadas nociones.

No obstante hay algo aún mucho más profundo y perturbador en la cuestión planteada, la mentira, la distorsión de la realidad, su suplantación o desfiguración. Esta es la causa más peligrosa de contaminación mental.

Este breve texto –el título no- lo publicó  (diario ABC) en 1993  don Julián Marías Aguilera.

Hoy la mentira es  nervio de la información que se difunde. La mentira es hoy un arma de destrucción contra esta sociedad. Nadie es inocente, salvo los infanto-adolescentes, en este trasiego del mentir.

Miserables los que, pretendiendo ser justos o aspirando a terminar con las injusticias, deforman  la consciencia de los niños y nos hacen comulgar con ruedas de molino.

 

José Jiménez López

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