La Punteta · 13 de Juny de 2017. 10:32h.

DIEGO GAFO

Amancio Ortega ... otra vez

Amancio Ortega, a través de la fundación que lleva su nombre, ha donado 320 millones de euros para la renovación de los equipos de diagnóstico y tratamiento del cáncer en los hospitales públicos españoles. Con este dinero se podrán adquirir más de 290 equipos de última generación. Ya lo advirtió la SEOR, Sociedad Española de Oncología Radioterápica. España necesita 70 nuevos equipos y el 42% de los equipos actuales están obsoletos. No es la primera vez que el señor Ortega hace donaciones millonarias. Hay quien le acusa de dar migajas, puesto que esa cantidad equivale al 0,5% de su patrimonio. Me gustaría saber quiénes de los que lo critican aportan el 0,5% de sus ingresos a los demás.

Pero no siempre llueve a gusto de todos. Algunas asociaciones para la defensa de la sanidad pública aducen, y con buen criterio, que la sanidad pública debe financiarse con fondos públicos y vía impuestos y no con la caridad de alguien. Algunos expertos sanitarios aseguran que la mayor carestía en el ámbito sanitario no es el material, sino el personal, ya que los recortes han arrasado la salud pública. Tienen toda la razón, aunque no creo que el señor Ortega haya sido el responsable directo de estas decisiones políticas. También acusan al señor Ortega de explotación laboral y de que la donación no es sino una maniobra de lavado de imagen para evitar pagar más impuestos. No niego que hay muchos puntos oscuros en el perfil de don Amancio, y habrá momentos para atizarle, pero no dejemos que los árboles nos impidan ver el bosque. Y reconozcamos que asépticamente, la donación es beneficiosa para todos. Sobre todo si tenemos algún familiar con cáncer.

Estoy seguro de que si la donación hubiera llegado de cualquier otra persona, como Bill Gates, Mark Zuckerberg, e incluso de la asociación de amigos de los sobaos pasiegos y las anchoas, sería vista como un hecho filantrópico sin precedentes. Pero en un país cuyo deporte nacional es la envidia solo sabemos criticar, y lo más grave, renunciar a la ayuda. Lo cual implica una soberbia sin límites. El señor Ortega podría no hacer esas donaciones o hacerlas a entidades discutibles. ¿Se imaginan que donara ese dinero a un partido político? También podría cerrar sus empresas y vivir de las rentas. Es posible que mañana sus herederos lo hagan. ¿Nos acordaremos entonces de sus donaciones? No me corresponde a mí juzgar al personaje, pero en nombre de las personas que puedan ser salvadas por la donación del magnate, sí podemos, al menos agradecérselo. Sigamos trabajando para construir un país mejor en el que no haga falta la caridad de los millonarios, pero hasta entonces, seamos sensatos.

Piensen.

Sean buenos.

1 Comentaris

#1 PQG , Península Ibérica , 14/06/2017 - 17:43

Gran artículo