La Punteta · 12 de Setembre de 2016. 11:11h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

Catalunya va hacia el desastre (I)

El pasado martes salió el conseller Romeva en rueda de prensa y anunció la creación de cuatro nuevas 'embajadas’ catalanas en Copenhague, Varsovia, Zagreb y Ginebra. El día antes ya había inaugurado la de Lisboa, pero no lo recibió ninguna autoridad lusa. Como en Bruselas.

En fin, yo no sé si el electorado acabará de entender que la primera decisión importante del Govern tras las vacaciones haya sido abrir nuevas delegaciones en el exterior en un país que no puede pagar las farmacias, se ha recortado el sueldo a los funcionarios, hay listas de espera en los hospitales y recortes a la sanidad oa la enseñanza. Pero allá ellos.

Lo que más me preocupó fue el lenguaje. La canción de siempre: "este país ha tomado una decisión", "voluntad democrática", "seguimos adelante", "tenemos el aval del pueblo". Un poco como el presidente Puigdemont el viernes cuando apeló a la participación en la Diada: "el empujón para el tramo final".

Porque cuando hablan del país hablan sólo de la mitad del país. En la consulta del 9N votaron a favor 1,8 millones de personas. Casi 1,9. En las elecciones plebiscitarias del pasado 27 de Septiembre los votantes de Junts pel Sí de la CUP también fueron 1,9 millones. Casi dos.

Me ahorro hablar de las encuestas del CEO porque son encuestas y son de la Generalitat, pero en la última oleada del pasado mes de julio los independentistas éramos 47%. En todos los barómetros nunca hemos superado el 50%.

Es mucha gente. En las primeras elecciones de 1980, Nacionalistas de Esquerra -entonces los únicos independentistas- sacaron 44.000 votos. No entraron. Y eso que cerraron campaña con un mítin multitudinario en el Palacio de Deportes de Barcelona. Las malas lenguas dijeron después que llenaron porque la gente fue a escuchar a Lluís Llach.

Dos millones de personas, pues, es mucha gente. Pero no es suficiente: hay más de la mitad del país que no está a favor -En Comú Podem, antiguos votantes de Unió- o está decididamente en contra -Ciudadanos, PSC, PPC-. El censo electoral el 27-S era de 5,5 millones.

Por eso yo creo que no hay fractura social como en Venezuela. Hay fractura mental. Los que no están de acuerdo con la independencia o no nos creemos el proceso a pie juntillas somos tratados de imbéciles o directamente de traidores. Un día me lo decía un fiel votante de Junts pel Sí en twitter más o menos con estas palabras: "¿cómo se puede no ser indepe?".

Pero no tengo ninguna duda de que si el Govern sigue ignorando la parte de catalanes que no quiere la independencia -o simplemente expresamos alguna crítica- la habrá. El propio Artur Mas es consciente de los riesgos porque, en el pleno del Parlament del 16 de julio de 2010, afirmó tras la sentencia del TC que era necesario iniciar un nuevo camino "evitando al máximo las fracturas sociales dentro de Catalunya". "Creo que este es un bien a preservar", insistió entonces.

Si a alguien le da pereza recuperar la transcripción la cita la recoge Francesc Homs en su libro “Dret a decidir. Estació concert” (pàg 85). Yo he hecho el notable esfuerzo intelectual de leer los dos libros publicados por el actual portavoz del PDC en Madrid. El otro es “Catalunya a judici” (2008).
 
La gran tragedia de Mas es que las ve venir, pero luego yerra. El ex president tiene la cabeza bien amueblada, pero no acierta en la estrategia ni en la toma de decisiones. Me recuerda un poco a Carod-Rovira, que también prometía mucho pero cuando llegó a vicepresidente tuvo que fichar a un coordinador de asesores de tantos que tenía. Todavía no sé que ha fallado en Mas y Carod.

Por eso decía que puede llegar a haber fractura social. Un día fui a comer con el ex portavoz de Ciudadanos, Jordi Cañas, y hubo un momento de la comida que me dio miedo. Cuando, a la hora de los postres, le pregunté qué harían en caso de independencia unilateral. "¿No creerás que nos quedaremos quietos?", respondió muy serio. Fue el único momento del almuerzo en el que lo vi tenso.

Incluso podría haber fractura territorial. Quizás la Vall d’Aran hace números y considera que le interesa más el turismo español que el catalán. Seguro que tienen más esquiadores de Madrid -¡incluido Bárcenas!- que de Barcelona. Al fin y al cabo el propio Mas firmó una ley en febrero de 2015 en el que reconocía el derecho a decidir del pueblo aranés.

Sin ir tan lejos, ¿quién garantiza que l’Hospitalet de Llobregat o cualquier otra ciudad del área metropolitana no decidan continuar en España?. En la segunda ciudad de Catalunya el PSC tiene once concejales, Ciutadans cuatro y el PPC tres. Los partidos soberanistas son minoritarios: ERC tiene dos, CiU uno y la CUP también uno. Luego están los de en medio como los 'comunes' con tres.

En Irlanda, antes de la independencia, hicieron una bandera inspirada en la francesa con tres colores en señal de unidad: el verde para Irlanda, el blanco por los católicos y el naranja para los protestantes. Pero, a la hora de la verdad, los protestantes de los nueve condados del norte prefirieron seguir siendo británicos.

Por supuesto, Catalunya tiene derecho a la independencia. Hay un montón de países con una historia como la nuestra que se han convertido en estados a lo largo del siglo XX: Noruega (1905), Finlandia (1918), Polonia (1918) o las repúblicas bálticas en los años 90. Reagrupament los recogió en una lista que yo siempre recomiendo.

Pero un poco es lo que decía el Cercle d'Economía, una de las pocas entidades independientes de la sociedad civil, en un documento el pasado mes de mayo: cualquier reivindicación soberanista debe ser "reiterada" en el tiempo y "significativa" por lo que respecta al apoyo popular.

Si no nos arriesgamos a romper el país por la mitad. En este caso los responsables serán los miembros del Govern y los que se han impulsado el proceso. La independencia puede salir bien, pero también puede salir muy mal.

Entre tantos silencios querría expressar la opinión -y quizás soy el único en hacerlo con esta claridad- que a mi juicio Catalunya va hacia el desastre. Todavía no somos suficientes y quemaremos una oportunidad histórica. El catalanismo -incluido el sobiranismo- retrocederá una o dos generaciones. Quisiera remarcarlo precisamente un día como hoy, tras el éxido de la Diada, a pesar de que me acusen de aguafiestas o directamente de botifler.

Nadie podrá decirme que no tuve la honestidad -casi el coraje, ya me perdonarán la medalla- de decirlo en un tiempo que parece que sólo existe el que sale por TV3. Pero tarde o temprano tendremos que hacer balance porque el proceso no puede durar indefinidamente. Quizás entonces más que balance tendremos que pasar cuentas electorales con los que nos han llevado hasta aquí.

 

PD/ Prometo segunda parte

 

Xavier Rius es director del digital catalán e-notícies

 

 

3 Comentaris

#3 Una de tantos, Barcelona, 17/09/2016 - 18:57

#2.1

solo con una gran mayoría, por ejemplo de alrededor de un 70 por ciento de la población a favor de la independencia , se podría empezar a hablar. Insisto, un 51, es poco para una cosa tan importante como esta...

#2 Una de tantos, Barcelona, 17/09/2016 - 18:53

#2

El Sr Rius ha dicho varias cosas que yo he comentado varias veces en este diario: los indepes son muchos pero no suficientes. Separarse un territorio de otro con un 51 por ciento a favor de esa opción, que no es el caso de Catalunya, que hay un 47 por ciento, es un disparate.

#1 Ciudadano Sinmitos, Barcelona, 14/09/2016 - 00:02

Admirable, con mente clara y dos bien puestos.
Solo catalanes así pueden evitar el desastre.