La Punteta · 15 d'Agost de 2017. 18:28h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

El general Lee no tiene la culpa


Los medios de comunicación no han parado de insistir que el atropello racista de Estados Unidos fue por culpa de la retirada de la estatua de un general sudista. Al final conseguí averiguar en la línea 56 de la crónica de La Vanguardia del pasado domingo -igual me he descontado- que no era un general cualquiera sino el general sudista por excelencia.

Robet Lee, en efecto, fue el jefe de las fuerzas de la Confederación. Si el conflicto duró cuatro años fue, en parte, gracias a su capacidad profesional. Aunque felizmente en Gettysburg no anduvo fino del todo.

Lo jodido es que no era un esclavista. De hecho, Lincoln le ofreció el mando de las fuerzas de la Unión. Lo rechazó por fidelidad a Virginia, su estado natal. Luego hizo carrera en el sur. Primero como asesor militar. Luego como mandamás.

Tampoco debió ser un mal tipo porque, al terminar la guerra, contó con el respeto incluso de sus enemigos. Acabó de rector en el Washington College de Lexington. No como el expresidente Jefferson Davis, éste sí que andaba mal de la cabeza, el cual permaneció dos años en prisión.

Quizá de todos los generales sudistas, ya me perdonarán, es mi preferido. Luego está James Longstreet, que acabó de embajador en el Imperio Otomano nombrado por el propio Grant, su archirrival.

Sin olvidar a Stonewall Jackson, apodado así -literalmente muro de piedra- por su indiferencia ante las balas en la primera batalla de Bull Run. Gracias a sus profundas creencias religiosas, estaba convencido de que no había llegado todavía su hora.  En cambio le llegó en Chancellorsville, mortalmente herido por los disparos de sus propios soldados. Lo que luego, con el tiempo, se bautizó como fuego amigo.

Sin duda en Gettysburg se le echó en falta. Aunque en esta batalla quizás nadie lo pasó peor que George Picket -aparte de sus hombres, diezmados por los fusiles de la Unión-, que se quedó sin división en el asalto a Cemetery Ridge. Hay que tener mala suerte de pasar a la historia por una carga suicida.

Cuando Lee le pidió que reagrupara a sus efectivos no tuvo más remedio que contestar: "General, I have no division". En la posguerra le ofrecieron un puesto en el Ejército egipcio pero acabó dedicándose a los seguros. Sin duda un mundo con menos riesgos.

Gettysburg me recuerda un poco a Waterloo. Lee pensó que, tras dos días de lucha, el centro estaría debilitado. A punto de caramelo. Como Ney en la campiña belga para desesperación de Napoleón. Es conocido que intentó remediarlo con una muerte digna: “venid a ver como muere un mariscal de Francia”.

Waterloo, en cambio, me lleva hasta la batalla de las Pirámides. Aquí el emperador francés consiguió vencer la caballería mameluca, considerada entonces la mejor del mundo, a base de descargas de fusilería y hacer formar a sus hombres en cuadros. La misma táctica empleada años después por Wellington.

En fin, los del Norte tampoco se andaban con chiquitas. Sherman, que cayó en desgracia durante una temporada, pasó a la historia por su Marcha hacia el Mar. La aplicación de la política de tierra quemada que habían inventado los rusos para hacer frente a Napoleón. Con la diferencia de que, en este caso, eran los yankees contra los rebeldes. Todos hablaban inglés. Y la guerra estaba casi ganada.

Si alguien quiere saber qué fue de aquello, al menos desde un punto de vista literario, puede recurrir a la novela de E.L. Doctorow (1931-2015) The March. No la tengo a mano por razones obvias pero algunos pasajes ponen los pelos de punta. En sentido metafórico en mi caso.

Mientras que en el Norte, mi preferido -además de Grant y Sheridan- fue el almirante Farragut. El primer almirante de la Unión. Confieso que por razones sentimentales: su padre era de Menorca. Aunque quedó huérfano muy joven. A los nueve años ya andaba embarcado.

Lo dicho: le hubiera ido mucho mejor a Lincoln -y a los Estados Unidos- que Lee hubiera aceptado el mando de las tropas nordistas. Como se sabe, hasta llegar a Ulysses Grant no tuvo suerte con sus predecesores. Scott, McClellan y Halleck fueron un desastre.

Por eso, si la política es como la guerra pero sin sangre -la frase es una adaptación libre de la famosa cita de Clauseswitz- no hay nada mejor que rodearse de un buen equipo antes de lanzarse a según qué aventuras. Y, sobre todo, a no subestimar al enemigo. ¿Artur, entiendes la indirecta?

5 Comentaris

#7 Gerardo Quesada, Algún lado, 18/08/2017 - 16:50

En castellano "scorched earth" se traduce como tierra arrasada, no quemada. Y "fuego amigo" no existe; en castellano es fuego propio. No es que alguien que escribe sobre historia militar deba necesariamente conocer la terminología; sólo quería informar un poco.

#4 Pepe, Alacant, 16/08/2017 - 11:27

Una rebelión catalana contra España sin contar con la ayuda de poderosos aliados, es una derrota asegurada, no es historia, es sentido común.

#3 lepero, barcelona, 15/08/2017 - 21:26

El buen equipo de Mas es Anna Gabriel y su tribu.

#2 Rafel, Còrdova, 15/08/2017 - 20:39

Xavier, si su plau, és molt bon article -com gairebé tots, de fet hi estic addicte-, però abans de publicar-los, fes un cop d'ull a l'ortografia renoi: "línia", "me desconté", "andó", "a parte", "per su Marcha", i un bon grapat de titlles que sobren o falten...

#1 Josep Ramón, Barcelona, 15/08/2017 - 19:58

Buena lección de historia.
Por fin hay quien no relaciona la guerra civil sólo cona esclavitud.
Por mis estudios, creo que fue la negativa del Congreso a la invasión de Cuba por los filibusteros que habían invadido México.
El primer acto de guerra fue el bloqueo de las tropas de invasión de Cuba en Round Island por la Armada del norte. (1850).