La Punteta · 9 de Març de 2016. 13:35h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

El marrón de Puigdemont

Mientras iba en tren hacia el Palau de la Generalitat para asistir a la rueda de prensa de todos los martes oía por la radio a Albert Ballesta anunciando un pacto con el PSC en Girona y me dio un ataque de risa. "El grupo socialista ha decidido hacer un sobreesfuerzo y asumir una responsabilidad muy alta", afirmó el alcalde más efímero de Girona.

¿Con los socialistas? ¿Los que estaban en contra del proceso? ¿Incluso contra el referéndum? ¿No son un grupo de traidores, de vendidos, de unionistas? ¿No eran tan malos?. Reírse solo en el transporte público es muy peligroso porque te pueden tomar por loco y encerrarte en cualquier lugar. Mi difunta abuela ya decía que hay más fuera que dentro.

El pacto se ha anunciado, además, justo tres días después de que el consejo nacional del PSC del pasado sábado cerráse filas con el secretario general del PSOE tras el acuerdo alcanzado con Ciudadanos. "Pedro Sánchez ha estado a la altura y todos tenemos que estar orgullosos", afirmó Miquel Iceta.

El líder del PSC también manifestó que "no es prudente que un gobierno de España dependa de partidos comprometidos en un proceso independentista exprés” y lamentó el "callejón sin salida en el que unos y otros nos han llevado”.

Iceta aún dijo algo más importante cuando destacó que el proceso se encuentra en un callejón sin salida "pero se guardan mucho de decirlo en público porque eso implicaría reconocer hasta qué punto se han levantado falsas expectativas". En ésto coincido.

La propia consejera de la Presidencia, Neus Munté, expresaba al día siguiente la "preocupación" del Govern por la aproximación de los socialistas al partido de Albert Rivera. “Nos preocupa ver que el PSC en estos momentos dice un no rotundo al derecho a decidir" aseguraba el domingo en un acto en Arenys de Mar. En su opinión, lo desconectaba "mucho de la realidad de Catalunya".

Por otra parte, aún resuenan en mis oídos las críticas de convergentes ilustres cuando Àngel Ros o Josep Félix Ballesteros también intentaron alcanzar una mayoría estable en sus respectivos ayuntamientos. Ahora los de Convergència han hecho exactamente lo mismo.

En Lleida, el portavoz de CDC, Toni Postius, aseguró que los socialistas se habían "vendido" la lengua y los acusó de traspasar "todas las líneas rojas imaginables". Incluso hubo una concentración de protesta organizada por la sociedad civil a toque de silbato: la ANC, Òmnium y la Plataforma por la Lengua.

En Tarragona, el portavoz del grupo municipal, Albert Abelló, aseguró que el acuerdo entre PSC y PPC era "un pacto claramente escorado a la derecha españolista". ¿Y ahora qué es?. ¿Un pacto con el demonio?

Después Albert Ballesta se despachó a gusto con los concejales de Esquerra a los que ha acusado de preferir "la comodidad de la oposición". No los ha citado por su nombre, pero se ha entendido todo: demagógicos, populistas, desleales, que sólo pretenden "erosionar el equipo de Govern y a mí como alcalde".

Un hombre que, después de haber sido puesto a dedo, afirma que "se me ha dispensado un trato innoble y deshonesto y he visto como se resentía el buen nombre de Girona" me temo que confirma que el cargo le iba grande.

El problema es que lo puso el propio presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, tras saltarse los dieciocho concejales que le precedían. Debe de ser una variante del derecho a decidir y demuestra un escrupuloso por las más elementales normas democráticas.

Alguien debería hacer autocrítica o, al menos, dar la cara. Hoy Oriol Junqueras tampoco ha salido en rueda de prensa del Consell Executiu pese a pedir 7.500 millones al FLA, 5.500 más de los previstos.

De paso alguien podría explicarme también la mala relación entre Carles Puigdemont y el portavoz de CDC en Girona, Carles Ribas, relegado a séptimo teniente de alcalde y sin opciones de llegar a ser el primero.

O incluso las amenazas que recibió el entonces candidato in pectore, Carles Mascort, que lo hicieron retirar su candidatura en el 2006. Miquel Roca decía que, en política, los enemigos están en tu propio partido. Juego de tronos.

Para ser presidente de la Generalitat no basta con ser un buen tío -sin duda Carles Puigdemont lo es- y dar entrevistas en BTV rodeado de criaturas. Se necesita algo más.

 

Xavier Rius es director del digital catalán e-notícies

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