Hoy, mientras me encontraba en la oficina me han comunicado que un cliente ha fallecido en un accidente de moto, y además era el hermano de un amigo mío. Así, al llegar a casa, he recibido una llamada al móvil: una niña de cinco años había sido atropellada y se encuentra en estado grave. El fin de semana, mientras veía la televisión, observaba atónito la noticia de cuatro adolescentes de 24 años de edad que morían súbitamente en la carretera y recordaba días atrás como otras cuatro muchachas perdían la vida en sendos accidentes.. Debo reconocer que este último me ha conmovido profundamente el alma hasta el punto que, a las tantas de la madrugada, escribo estos apuntes para quien pueda interesarle.
Desde muy pequeño, posiblemente desde que tengo uso de razón, me he dedicado a escuchar a mis padres como hablaban de uno u otro siniestro (de coches, de incendios, de robos) y así un largo etcétera, pero sin duda, los que más me aterraban eran los tráficos, precisamente por la tremenda sacudida y la más honda de las tristezas que generaba en las familias y amigos de la víctima. Nada se puede hacer y nada se debe decir, solo guardar silencio y acompañarles. Quizás un abrazo sincero y unas lágrimas provenientes de lo más profundo de nuestro ser. Nada Más.
A estas alturas de mi vida no me da ningún pudor reconocer que las tres veces que rompí a llorar a lo largo de mi carrera profesional fueron por accidentes de tráfico. Así recuerdo aquél abuelo que yendo al colegio a recoger a su nieto atropelló a un niño y cuando salió del coche, ese niño, era precisamente su nieto; o aquél que perdió a sus hijas en la parte trasera del coche porque un loco se empotró por detrás y prendió el coche en llamas; o una hermosa mujer, de profesión modelo, que se vio sorprendida por otro vehículo quedando tetrapléjica en coma vegetativo múltiple. Y sí, lloré de rabia, de pena, de impotencia… porque nada podía hacer para calmar tanto dolor y sufrimiento, y por más que me esforzaba no encontraba la fórmula para aliviar el daño causado. Se instala un destructor en nuestra psique, un devorador de almas.
A lo largo de todos estos años he convivido con muchos padres, hermanos y amigos que habían perdido a un ser querido en la carretera, y aprendí muchas cosas de cada uno de ellos. Destacaré aquella madre, sin más familia que ella misma, que empuja hacia adelante a su hija postrada en una silla de ruedas, mostrando a cada amanecer felicidad constante y luz permanente, es el prodigio de la perseverancia, del amor infinito; o aquél marido a quien se le telefonea y se le dice que su mujer ha quedado en estado de demencia senil, y que en lo sucesivo, a pesar de seguir viva, ya no volverá a reconocerle nunca… una metáfora del diario de Noa…pero en la cruda realidad.
De todos modos, debo decirles, que en todos ellos, en todos, respecto al causante se instala un denominador común que no es otro que la ausencia de miedo. En realidad, el miedo es un mecanismo de control y un instrumento eficaz para erradicar los accidentes de tráfico. Hemos cogido tanta confianza al volante que ya no reparamos en la asunción del riesgo implícito en dicha acción. Cuánto dolor ajeno acumulado en cada casa, cuánta terapia y duelo se puede soportar….. ¡¡ya está bien!!.
Llegados a este punto, me gustaría invitarles hacer un pequeño ejercicio. Les llevará muy poco de su preciado tiempo. Imaginemos por un segundo, que Vd. fuera la víctima de un accidente de tráfico. Me gustaría que pensara qué personas quedarían completamente destrozadas por este suceso y qué emociones emanarían de ellas…Sí, esta es la respuesta a la pregunta: caos, miedo, impotencia, desesperación, ahogo…..y al final, silencio.
Pues bien, cada vez que suba a un coche y pretenda circular con él, sería conveniente que pensara no ya en Vd., sino en aquellos que le aman y le necesitan. Lo más terrible del accidente de tráfico es precisamente que no hay despedida, que lo que se debió decir nunca se dirá y lo que se tuvo que hacer ya no se hará. Cada día que salga de casa, procure no tener deudas con aquellos que ama, porque podría no volver a verles.
Los conductores debemos, en la medida de lo posible, alinearnos con la conducción. Y eso, ¿¿que significa?? Pues bien, eso no es más que colocar el pensamiento en la conducción, las emociones en ese acto, y ejecutar motrizmente la acción: PIENSO; SIENTO Y HAGO. Eso es alinearse con el vehículo y su entorno. Sé que sonará un tanto desproporcionado, pero los conductores debemos asemejarnos a los pilotos de avión: cuando se pilota no se hace otra cosa que cumplir el protocolo de aviación. ¿Verdad que es inimaginable que un avión en pista invada el carril contrario, o suban más pasajeros de los debidos, o que haya exceso de velocidad??? Todos toman conciencia, y por eso, es por lo que les ruego que hagan el mismo ejercicio con el coche, ni más ni menos. Un nivel inferior de exigencia nos conduce irremediablemente a la siniestralidad, y eso es precisamente lo que tratamos de erradicar.
Obviamente soy consciente que hay siniestros que son inevitables, así, por ejemplo, hay personas que sufren paradas cardiorespiratorias o sufren un ictus cerebral mientras conducen, con la agravante de generar un accidente involuntario pero de consecuencias terribles y dramáticas. Por ello, resulta tan esencial estar permanentemente atento a las circunstancias del tráfico. Es tan efímero el acto que conduce al caos, la trampa es tan simple, que nos hace creer que no pasa nada pero si, si pasa. Nos creemos que somos inmortales, que no hay riesgo inminente y que esto de los accidentes es ajeno a nuestra realidad….por el amor de Dios no sea Vd. tan inconsciente pensando eso, porque ese es precisamente el principio del fin, no espere a ser víctima para experimentar lo que intento decirle.
No quiero hablar de tecnicismos legales ni de críticas al Ministerio Fiscal por el abandono que durante todos estos años han sufrido las víctimas,, ni tan siquiera del ánimo recaudatorio de la administración, de la publicidad que se da a los vehículos y finalmente y en mayor medida, al drama que deben enfrentarse los perjudicados frente a las compañías de seguros, este no es el foro. Hoy solo pretendo que tomen conciencia de lo que es un vehículo y de que todos somos sujetos activos y pasivos de generar/sufrir un accidente de tráfico. Esto no es un juego, es muy serio. Agradezco tomen conciencia y lamento las emociones que dicha lectura les haya podido causar.