La Punteta · 29 de Febrer de 2016. 17:30h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

Europa no puede acoger a todo el mundo

Hay que empezar a decir alto, claro y sin complejos que Europa no puede acoger a todo el mundo. De hecho, ya lo dijo el entonces presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, en un discurso ante el Parlamento Europeo en julio de 2008: "Europa no puede acoger todo los que quieren venir".

Quizás el problema es que Sarkozy es de derechas y ya se sabe -dicho con toda la ironía del mundo- que la derecha es insolidaria, neoliberal y xenófoba. Porque resulta que también lo dijo el primer ministro, el socialista Manuel Valls, en noviembre 2015: "Europa no puede acoger a más refugiados". Remarco, en este caso, lo de socialista.

Aquí yo hace tiempo que lo digo -y me han dicho de todo-, pero ahora lo ha afirmdo también Miquel Puig en un artículo en el diario Ahora este sábado (1). El conocido economista catalán recordaba que "los sirios que huyen tienen cerca países con quienes comparten religión y lengua y que son inmensamente ricos: Arabia Saudí, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar ... Si vienen aquí y no allí es porque aquí los acogemos y allí no. "

Puig llegaba también a dos conclusiones que a menudo son tabú. La primera, que "la inmigración tiene un fuerte impacto sobre las sociedades receptoras" aunque aquí nos empeñamos en decir que todo el monte es orégano. Y la segunda, que Europa necesita inmigración, pero que "debe ser gestionada cuidadosamente para no amenazar los frágiles equilibrios sobre los que se sustenta nuestra sociedad". Basta dar una vuelta por el Raval o por mi barrio.

Terminaba con una advertencia, casi un SOS: "En Europa no sólo intentan entrar a los refugiados que huyen de estados fallidos sino también una multitud de ciudadanos de países que, como Marruecos, Senegal o Bolivia, son estables".

"Ni Europa tiene la obligación -añadía- de acoger todas estas personas ni puede absorberlas sin poner en riesgo demasiadas cosas valiosas. Una cosa es acoger a los que huyen de las guerras o de la tiranía, y otra, muy distinta, es abrir las puertas a todo el que quiera entrar. La primera es un deber, la segunda sería un error ".

El señor Miquel Puig Raposo (Tarragona, 1954) no es un impresentable como yo, sino que tiene un sólido currículum profesional y académico. Él no se acordará, pero cuando yo empezaba en esto del periodismo digital hace más de quince años ya daba lecciones en un curso de la UOC -al que tuve la mala idea apuntarme, todo se ha de decir- porque era Comisionado para la Sociedad de la Información de la Generalitat.

Doctor en Economía, fue también diretor general de la Corpo -el único nombrado por consenso, por cierto- y si no ha llegado nunca a consejero -todavía- es porque en este país llegan quizás antes los mediocres que los inteligentes.

En las últimas elecciones generales iba quinto en la lista de Democracia y Libertad a propuesta de Demòcratas de Catalunya -l'escisión de Unió-, pero como Francesc Homs hizo tan mal resultado como cabeza de lista -sólo sacaron cuatro por Barcelona- se quedó fuera.

Lo que no se entiende es que un cerebro como él fuese cuarto por detrás de Míriam Nogueras, cuota Cercle Català de Negocis, en la candidatura. Quizás el vicesecretario de CDC, Lluís Corominas, nos lo podría explicar con pelos y señales.

También es verdad que a Demòcratas de Catalunya deben ir justos de personal porque pese a los 1.800 militantes que dicen que tienen -de los cuales sólo el 40% participaron en el último congreso-, tuvieron que recurrir a un ex militante de Convergencia que, además, se había presentado en la lista de ERC por Falset (Priorat) en las últimas elecciones municipales. La peripecia política le costó la expulsión de CDC.

No importa, el mismo día que el señor Puig publicaba este artículo otro colega de su partido, el secretario de Igualdad, Migraciones y Ciudadanía, Oriol Amorós, participaba en la Marcha Europea por los Derechos a las Personas Refugiadas y aseguraba que "el refugio es un derecho, no sólo una cuestión de solidaridad".

Amorós es el único alto cargo del tripartito que repite, seis años después, en el mismo sitio lo que no sé si tomármelo como una promoción o como un estancamiento en su carrera política. Para mí que no repetirá como diputado en las próximas elecciones al Paralment. Pero poner en sus manos la política de inmigración de la Generalitat es como si la hubieran puesto en manos de Àngel Colom: un peligro público.

En fin, el día antes de dicho artículo, La Vanguardia dedicaba también un semáforo rojo a la ministra de Interior austriaca, Johanna Mikl-Leitner, porque "en un gesto manifiesto de insolidaridad europea, el Gobierno de Austria ha impulsado un acuerdo con otros países de la zona para cerrar las fronteras con Grecia e impedir que continúe el flujo actual de refugiados hacia el norte".

Incluso en La Vanguardia son políticamente correctos en la materia. Se nota que el conde de Godó vivo en Pedralbes y que, cuando se va de vacaciones, va a Londres o a Nueva York como explica Lluís Foix en sus memorias. Si fueran a Salt o ca n'Anglada, -municipio y barrio donde la inmigración supera el 60%- seguro que cambiaría de opinión.

Porque el problema no es de Austria. Ni siquiera del resto de países que han decidido endurecer su política de asilo como Eslovenia, Macedonia, Serbia y Croacia ante la ineficacia de Bruselas. Sino de Grecia, que no hace lo suficiente para controlar las suyas. En el fondo, Alemania, Suecia o Dinamarca les deberían dar las gracias.

Saben por qué sube la ultraderecha en Grecia? Porque el gobierno Trsipras, por perjuicios ideológicos, no ha hecho nada. A Grecia ya le estaba bien porque, hasta ahora, todos los refugiados intentaban viajar hacia el norte pasando precisamente por estos países.

La izquierda no ha superado aún los complejos en materia de inmigración. Es un poco como Ada Colau con el 'top manta'. ¿Quién se atreve a meterse con los pobres vendedores ambulantes . Nadie, pero entonces el fenómeno sale de madre. Por eso crece tanto el populismo y la ultraderecha en toda Europa.

Aquel mayo de 2012, la clase política europea en general y los medios de comuncació en particular estaban asustados porque Alba Dorada había sacado 21 escaños en las elecciones.

¿Cómo podía ser que el electorado de un país que sufrió la ocupación nazi (y sólo es leer The Second World War de Antony Beevor para dará cuenta de él que fue durísima) votara un partido neonazi ?.

Personalmente, lo entendí viendo el telediario noche de TV3 del 6 de septiembre de 2012. Contaba el naufragio de un pesquero con inmigrantes sin papeles a las costas turcas con sesenta muertos, 28 de los cuales eran niños. Una verdadera tragedia que te golpeaba el corazón y que, desgraciadamente, se ha repetido a menudo desde entonces. Pero una voz en off decía también que "el 80% de las entradas clandestinas en la UE se hacen por Grecia".

Tras la crisis económica y el terrorismo islámico, la crisis de los refugiados se ha convertido en uno de los principales retos de la Unión Europea. Se tiene que hacer frente con solidaridad, pero tampoco con ingenuidad. Por eso sospecho también que, de todos los dolores de cabeza, el proceso catalán está en el último lugar de la lista.


(1) "Refugiados, todos; inmigrantes, no todos", 27 de febrero de 2016

 

Xavier Rius es director del digital catalán e-notícies

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