La Punteta · 14 de Setembre de 2016. 11:56h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

La autoestima de los catalanes (2)

Puigdemont, con los Miquelets durante la Diada. Foto: Rubèn Moreno

Pujol decía que, para dedicarse a la política, hay que saber historia. "Saber historia, como saber geografía y demografía, es importante para hacer política y para entenderla" afirma en su segundo volumen de memorias (1). Y en el tercer insiste: "Hacer política conlleva tres requisitos: saber historia, saber geografía y saber demografía "(pág. 245) (2).

Pujol no habla por hablar. El excanciller alemán Helmut Kohl (1930) es doctor en historia por la Universidad de Heidelberg. Y otro de mis ídolos, Manuel Valls, también estudió historia. En este caso en la universidad de de París I-Tolbiac. Aunque sospecho que dejó la carrera para dedicarse a la política. Si no puedes prever el futuro al menos aprende del pasado.
 
Para mí que Mas ha leído pocos libros de historia. De hecho su biografía oficial recoge que "tiene especial predilección por la literatura y la poesía francesas" y ya está. Debe de ser herencia de su paso por el Liceo Francés. Al ex presidente le ha faltado background. Perspectiva histórica.

Por eso, si quieres hacer un pulso al Estado como en 1640, en 1714 o en 1934 debes de saber qué fuerza tienes detrás. Ahora que ya no está de moda volveré a citar a Jordi Pujol: "Cuando tienes que iniciar una jugada arriesgada, como una guerra, debes saber cuántos soldados tienes y cuantas escopetas, tanques, aviones, y saber hasta cuando tu gente puede aguantar el golpe” (3). La frase es del 2007 durante un debate con Heribert Barrera.

El primer desafío al Estado fue la Guerra dels Segadors (1640-1652), que acabó como acabó: con la pérdida de la Catalunya Nord. Siempre hemos culpado a España de ello pero olvidamos a menudo que el rey Juan II ya cedió el Rosellón y la Cerdaña a Francia para hacer la guerra a la Generalitat (1462-1472). ¿Como no querían que los franceses la volviesen a reclamar?.

Y menos mal que Felipe IV -en contra del criterio de la Corte- nos perdonó tras doce años de rebelión. Pero entonces tampoco es de extrañar que, menos de un siglo después, el rey Felipe V entrara a saco. En ese época, cuando se hacían las guerras y se ganaban, no había convención de Ginebra ni ostias.

Ahora una doctora en historia por la Universidad de Valladolid, Raquel Camarero, acaba de publicar un libro sobre los hechos que puede estar a la altura o superar el clásico de "La revuelta catalana (1598-1640)" del británico John Elliot (4). Yo apenas lo he empezado -y parece interesante ver la visión de la otra parte- pero hace una aportación fundamental: si Portugal es independiente y nosotros no es por nuestra culpa.

Si había que hacer una guerra en dos frentes, Madrid decidió que era mejor centrarse en Catalunya que en Portugal. Los catalanes, en efecto, no sólo habían proclamado la república -apenas duró una semana-, sino que se habían encomendado al rey de Francia. Y no es lo mismo un estado independiente en un extremo de la península que tener la principal potencia enemiga en Barcelona. Después de todo los dos países eran enemigos acérrimos.

El 1714 fue un suicidio. De entrada hay que aclarar que no fue una guerra de España contra Cataluña a pesar del Tricentenario, sino una guerra sobre el modelo de España: el centralista de Felipe V o el descentralizado del archiduque Carlos. Probablemente la última ocasión que tuvimos de catalanizar España. Miquel Roca lo volvió a intentar con el Partido Reformista en el siglo XX pero con el resultado ya conocido.

Me hace gracia porque el malo de la película es Felipe V, pero el mencionado archiduque Carlos no tuvo ningún inconveniente en dejarnos tirados como una colilla. Es comprensible: entre un imperio y un principado no hay color. También los ingleses, que ya habían puesto en marcha aquella frase que posteriormente haría famosa lord Palmerston: Inglaterra no tiene aliados, tiene intereses en traducción libre.

Cataluña, como se sabe, no tiene oro ni diamantes ni petróleo -en aquella época todavía no se había descubierto- ni coltán, el mineral utilizado para los móviles. El consejero Romeva debería tenerlo en cuenta cuando vaya por esos mundos de Dios.

Me hace gracia porque Vicens Vives, otro que tampoco está de moda, recuerda en su libro "Noticia de Cataluña" que nosotros hubiéramos hecho con los castellanos lo mismo que hicieron ellos con nosotros: construir una ciudadela en Madrid "desde la que una guarnición comandada por un gobernador catalán tendría dominada la capital "(5). Pero perdimos la guerra.

El pasado día 4, calentando la Diada, TV3 hizo una crónica sobre la Fiesta de los Miquelets en Olesa de Montserrat y explicaba que intentaron romper el asedio de Barcelona en 1714. Incluso salía alguno de los figurantes que contaba, con tono patriótico, que "yo represento esto porque me identifico como catalán". Pero al final el mismo periodista que hacía la conexión explicó que no habían podido pasar de la localidad de Pallejà.

Me ahorro otros tropizos históricos como el 6 de octubre. Ahora que nos ha cogido por reescribir la historia -incluso la más reciente, de eso ya hablaremos en el próximo artículo- es imposible cambiar los hechos en este caso: Companys no declaró un estado independiente, sino un estado catalán dentro de "la República Federal Española". Aquello no era ni confederal.

Como se sabe duró 24 horas y el cerebro de la operación, Josep Dencàs, tuvo que huir por las cloacas. En 1935, para intentar lavar su imagen, publicó un libro con su versión de los hechos. No niega, sin embargo, que huyera por donde huyó pero lo justifica así: "no hay motivo plausible que obligue ni que justifique que las cabezas de un movimiento revolucionario no exitoso deban entregarse voluntariamente al enemigo" (6 ).

O la invasión de Prats de Molló por Francesc Macià. Tan idealizada por la historiografía, sobre todo la más romántica. Cabe decir que, cuando la llevó a cabo -66 años-, Macià ya tenía más edad de jugar a la petanca que a batallitas. Pero me temo que dice mucho también sobre la capacidad militar. En fin, dejémoslo correr: el Avi no era del arma de artillería como Napoleón, sino de ingenieros. Especializado en cartografía.

El poblema es que yo pensaba hasta ahora que los desatinos en la historia de Cataluña eran excepcionales. Pero no, resulta que son habituales. Es nuestro destino histórico. Tropezar más de una vez con la misma piedra. Por eso me pregunto si el proceso no será otro batacazo. Reúne todos los ingredientes: exceso de euforia, "todo a punto", menosprecio del rival, sobrevaloración de las propias fuerzas.

 

Xavier Rius es director del digital catalán e-notícies

1 Comentaris

#1 Enric Sobrequés, Barcelona, 17/09/2016 - 18:24

Senyor Rius vostè s'està convertint en un Salvador Sostres i acabarà com ell, escrivint a l'ABC. Quina llàstima!