La Punteta · 23 de Setembre de 2012. 16:00h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

¿Por qué se van los catalanes?

El pasado 21 de Septiembre Felipe González, en Esade, todavía defendía el federalismo "asimétrico”. Y unos días después, una pluma como la de Juan Luis Cebrián, proponía reconocer "la singularidad nacional de Cataluña". Debo estar borracho: ¡incluso nacional!. Ya se que, a veces, el PSOE y El País van cogidos de la mano, pero ahora ya es tarde. Pobre Maragall, se pasó toda la vida defendiendo una España federal y al final le hicieron la cama los de su propio partido.

La verdad es que en España -además de González y Cebrián- los federalistas se pueden contar con los dedos de un mano: uno es el catedrático de derecho constitucional Javier Pérez Royo. Y el otro, Santiago Carrillo, falleció la semana pasada. Carrillo fue el único intelectual español que asistió a un acto en Madrid a favor del Estatut. O sea que no me salen las cuentas.

Incluso Duran -el político menos soberanista de CiU que conozco- expresaba un auténtico memorial de agravios en su última carta semanal, que debería traducir al castellano: si hubieran renovado el Constitucional, si no hubieran politizado la sentencia del Estatut, si hubieran ejecutado los acuerdos de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat, si hubieran pagado los 759 millones del Estatut. Si hubieran hecho todo esto, en efecto, quizás ahora no estaríamos como estamos. Ha sido como descorchar una botella de cava.

Es cierto que, en todo el proceso, los catalanes también hemos hecho cosas mal: el Estatut del 2005 a mi siempre me pareció un error porque habría que haber empezado por la financiación, no por el tejado. Pero la manera cómo lo gestionaron en Madrid todavía empeoró más las cosas.

Tampoco viene de ahora: quizá aquí también tenemos algún aeropuerto inútil -al menos funciona: no como el de Castellón o el de Ciudad Real- pero la conexión de alta velocidad entre Barcelona y Madrid ha tardado veinte años más que la de Madrid-Sevilla. Y para ir a París en AVE tienes que ir antes hasta Figueres, apenas a treinta kilómetros de la frontera francesa.

Mientras que la ministra de Fomento, Ana Pastor, se empeña en hacer el corredor central aunque Aníbal subió por el litoral mediterráneo, no por la Meseta. Y eso que en Valencia y Murcia mandan los suyos. Pastor tiene cualidades suficientes para sustituir a Esperanza Aguirre como líder del ala dura del PP -lo digo con un puntito de admiración hacia la ex presidenta de la Comunidad de Madrid que siempre me ha parecido con más madera de líder que Rajoy- pero que tenga en cuenta que el independentismo ya no es cuestión de ideologías, sino del bolsillo.

Me ahorro también otros agravios en materia de infraestructuras como las diferencias de inversión entre Barajas y el Prat, en Cercanías de Madrid y de Barcelona o el estado de la Nacional II en las comarcas de Girona: lleva doce años a la espera del desdoblamiento. El Empordà, con el incendio, rozó el colapso. Sin olvidar, por supuesto, los peajes.

Cerca de mi casa, por citar otro ejemplo, José Blanco dejó colgado el enlace entre la autovía de Lleida y la autopista de Girona. Para ir a Francia hay que hacer un trozo del recorrido por carreteras secundarias dignas de una novela de Martínez de Pisón. Eso sí, luego se presentó a las elecciones como el ministro que había llevado el AVE a Galicia.

Por eso en el crecimiento del independentismo en Catalunya hay que dar las gracias no sólo a su Majestad el Rey -el peor error de la monarquía: lo del duque puede ser una actitud individual pero esto compromete a toda la institución- sino también a políticos tanto del PP como del PSOE.

Empezando, desde luego, por José María Aznar: con aquella segunda legislatura empezó todo. Pero también con Francisco Camps -¿se acuerdan de la famosa cláusula Camps: si los catalanes esto, nosotros igual?- y a José Antonio Griñán. Lo de Griñán es para hacérselo mirar: hace un presupuesto expansivo -cuando aquí ya estábamos de recortes hasta las cejas- y luego pide un rescate de 1.000 millones. Así cualquiera.

El agravio comparativo siempre ha dado resultados en determinadas comunidades autónomas independientemente del color del partido en el gobierno. Meterse con los catalanes no sólo ha salido gratis sino también rentable electoralmente.

Anticatalanistas conspicuos como José Bono o Juan Carlos Rodríguez Ibarra han sido sustituidos por otros de nueva generación como el presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago -tenía mucha confianza depositada en él: sobrevivió al incendio de los Almacenes Arias-; o el de la Rioja, Pedro Sanz. Si ahora son del PP y antes eran del PSOE es sólo porque el PSOE ha perdido en la mayoría de comunidades autónomas. Pero, en realidad, los catalanes deberíamos darles las gracias a todos ellos. De todo corazón.

Porque pregunten a los hijos de inmigrantes de los años 60 o 70 -sólo hace falta leer alguna carta en La Vanguardia- si tienen algún problema con la lengua o si se persigue el castellano. Si realmente conseguimos la independencia -yo soy de los que acostumbran a ver el vaso medio vacío: es deformación profesional- será porque sus hijos se han hecho independentistas. Sin los más de tres millones de catalanes cuyas familias proceden de otras partes de España no lo conseguiríamos.

¿Saben cuántas familias han pedido escolarizar a sus hijos en castellano? Doce de 50.000. Yo, que soy partidario de la escuela trilingüe, desde luego les facilitaría tal opción para terminar con las polémicas de una vez por todas. ¿Pero cuántas páginas de periódico, cuántas tertulias de radio, cuántos programas de televisión han llenado la hipotética persecución del castellano en Catalunya?.

Evito por respeto profesional -y porque necesitaría otro artículo-, determinadas portadas de El Mundo, del ABC, de La Razón y, por supuesto, de La Gaceta. O programas de Intereconomía como El gato al agua o Dando Caña aunque algunos de ellos estén dirigidos por conspicuos periodistas catalanes.

Y que conste que, para mí, Francisco Marhuenda -un abrazo, Paco- es tan catalán como Pau Casals aunque quizás el músico, desde su tumba, se me enfade. Los catalanes, aunque a veces lo parezca, no tenemos cuernos ni colmillos ni cola de demonio. Tampoco nos comemos a los niños por la calle.

Por todo esto, ahora, el debate está en la calle. El alcalde de Sabadell, Manuel Bustos, uno de los socialistas más listos que conozco, ya ha advertido al PSC que o modifican el rumbo o puede acabar siendo un partido "residual" como el PASOK. Y eso que Bustos no es del llamado sector catalanista del partido, ni siquiera es catalán de pura cepa porque nació en un pueblo de Valencia. Mientras que los de Iniciativa, siempre más propensos a las cuestiones sociales que a las nacionales, también se están apuntando al derecho a decidir.

Al fin y al cabo, la reacción desaforada de PP o Ciudadanos demuestra que la independencia es posible. Camacho preguntándose en El gran debate de Telecinco si la van a echar -ella sabe perfectamente que no- y Rivera proponiendo dividir el país por la mitad. Cuando se apela al miedo es que hay nervios.

Yo creo que hay que contar con todo el mundo, incluso con Jordi Cañas, lo cual en este caso casi es masoquismo. Y si por mi fuera también con Vidal-Quadras -que tiene un cerebro de catedrático de física nuclear, aunque esté en excedencia- al que nombraría Secretario de Estado de Universidades en una Catalunya independiente. Seguro que nos haría subir un montón en la lista de Shanghai. Eso sí, lo dejaría sin competencias lingüísticas por si acaso.

De verdad, sólo hace falta pasearse por el Ensanche -o por barrios más pijos pero también por otros más humildes- para darse cuenta que la gente ya no ha descolgado la bandera desde la Diada y que, en muchos, casos la estelada ha sustituido a la senyera. Ahora es posible ver esteladas hasta en la Diagonal.

Creo, sinceramente, que el mérito es de Artur Mas. El presidente de la Generalitat ha añadido seriedad al independentismo. Hasta ahora -con excepción de Esquerra, Solidaritat o Reagrupament pero no siempre- era casi patrimonio exclusivo de cuatro frikis y eixalabrats (zumbados). En la manifestación del otro día no se quemó ninguna bandera, ningún contenedor -no como cuando los indignados, por cierto- ni siquiera una papelera. Ara no sólo va en serio sino que es serio.

El independentismo de americana y corbata podríamos llamarlo. Al fin y al cabo aquí tuvimos un conseller en cap -del que omitiré piadosamente el nombre, creo que ahora se dedica a los castellers- que presumía de ir siempre sin esta pieza de vestir tan necesaria en política. Y me ahorro, porque me duele, las valoraciones sobre la obra de gobierno de otros consejeros -incluso la de algún vicepresident- o la de ERC en su conjunto.

Lo de Esquerra fue la ocasión perdida. Todavía no entiendo como los republicanos, que son independentistas, pactaron con Montilla, que no lo es. Y lo digo como una crítica hacia ERC, no hacia el expresidente. Para mi Montilla tenía tanta legitimidad para ser presidente de la Generalitat como Macià.

Lo he dicho siempre: Catalunya será independiente el día que CiU, La Vanguardia y la Caixa se hagan independentistas. No sé si por este orden, pero CiU ya ha hecho el paso y La Vanguardia -ahora sí ahora no-, ya regala hasta el DVD de la Diada por un euro. Sólo falta el más importante: la Caixa, es decir: el capital. El Barça y Montserrat se apuntan sin necesidad de pedirlo demasiado aunque el primero tuviera que jugar en el campo de l'Hospitalet. Y a mucha honra. Que tampoco es el caso.

Por eso, lo advertimos en e-notícies tras aquella manifestación multitudinaria: "España: Catalunya se va". Creo, con franqueza, que ahora ya no hay marcha atrás. Hasta los que hemos sido escépticos sobre el independentismo -e incluso hemos abogado por la paciencia y el entendimiento- vemos ahora que es factible. O ahora o nunca. Puede salir bien, mal o incluso muy mal, pero vamos a intentarlo.

El país, Catalunya, se ha puesto en marcha. Y esto no puede pararlo ni siquiera la Constitución, incluido por cierto el famoso artículo 8. La voluntad de la gente expresada pacíficamente, democráticamente, está por encima hasta de la Constitución.

Todavía no sé si Mas llegará hasta el final: si quiere un estado propio o lo más similar a un estado propio porque a veces, como el pasado jueves en Madrid, habla de "estructuras de estado". Pero ya ha dicho también que no es cuestión de poner barreras, ni fronteras ni siquiera disponer de un ejército propio. Más vale invertir en educación, que falta nos hace, que en tanques. Como Costa Rica.

Personalmente siempre me he preguntado por qué España no podía ser como Suiza. Suiza tiene cuatro lenguas oficiales y casi una treintena de cantones -el primero se apuntó en 1215 y el último tras Napoleón- y ahí nadie se rasga las vestiduras. Claro que Suiza tampoco está como España.

Por eso no hay que entender la independencia de Catalunya como una ruptura. Simplemente la voluntad de conseguir un trato de igual a igual. A mi me seguirá encantando Madrid -viví en la calle Santiago Bernabéu dos años cuando el Madrid de la quinta del buitre arrasaba en la Liga-, hacer turismo por España o leer Azorín en su lengua original. Azorín es probablemente el mejor escritor en castellano desde Cervantes. Azorín es como Josep Pla pero en castellano.

¿Cuánto tiempo llevamos de conllevancia que diría Ortega? En el 2014 hará trescientos años. Y la cuestión catalana permanece enquista como un nudo gordiano. ¿Entonces por qué no intentamos una separación amistosa? En tiempos de crisis incluso los divorcios pueden salir baratos.

Hasta algunos defensores a ultranza de la unidad de España, como Federico Jiménez Losantos, ya son partidarios de que nos vayamos. Mientras que otros, como Juan Carlos Girauta -tan o más catalán que yo por cierto- es partidario de que se vote en referéndum, pero que se vote ya. Y si menciono a ambos, desde el respeto, es por la distancia ideológica que nos separa.

En resumen, ¿por qué no lo intentamos como checos y eslovacos?. Los matrimonios no tienen necesariamente que acabar mal. Son muchos años de historia en común.

 

 

Sígueme en twitter (pero sin insultos por favor):

 @xriusenoticies

Yo he venido a hablar de mi libro:

Contra la Barcelona progre

Y parece que es bueno aunque lo haya escrito yo:

http://www.contralabarcelonaprogre.cat/

 

145 Comentaris

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#64 mibarz, Girona, 10/11/2014 - 21:07

Crec que, segons allò que s'hagi de comptar, són millors els dits de l'orella que els de la mà.

#63 Carles, Palencia, 12/09/2014 - 12:16

Esto... pero... ¿Cuándo os vais?

#62 filippos, Barcelona, 06/05/2014 - 23:06

Verán, hace un año que somos independientes y tenemos problemas, más de los que nos habían dicho. Pero hemos ganado algo, ya no odiamos a España, (tanto) aunque aún le echamos la culpa de todo porque nos sigue debiendo mucho dinero. Por cierto,no sé cómo se lo monta, ya no les pagamos y viven bien

#61 Jose Luis de Soto, Léon, 15/12/2013 - 18:08

El tono de tu artículo me parece respetuoso. En cuanto al contenido, creo que no le falta razón, solo que podrían suscribirlo la práctica totalidad de las regiones españolas. Os sugiero un eslogan honesto para que no os andeis con rodeos en la campaña de independencia: ¡SI NOS VAMOS, TOCAMOS A MÁS!

#60 paloma, Madrid, 11/09/2013 - 20:16

Lo bueno, creo yo, es que esto abrirá la necesidad de hablar, con pelos y señales, de todo lo importante, punto débil del proyecto nacionalista. Un dato: pensiones, no las podrían pagar si la ruptura de flujos, efecto frontera y barreras no arancelarias (Cataluña maestra en eso) se imponen.