La Punteta · 18 de Gener de 2016. 12:22h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

Presidente Calimero

El mapamundi de El Periódico con las representaciones en el extranjero

Mira por donde el principal acto de desobediencia que ha hecho hasta ahora el Gobierno de la Desconexión ha sido nombrar a Raül Romeva consejero de Asuntos Exteriores. Porque, con la ley en la mano, las comunidades autónomas no tienen competencias en materia de política exterior.

En teoría es una competencia exclusiva del Estado. Me temo que el artículo 97 de la Constitución todavía establece que "el Gobierno -en este caso el español- dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado".
 
Lo que pasa es que, con la excusa de captar inversiones, la Generalitat ha ido haciendo desde la época de Pujol. Aún recuerdo que los colegas de El Periódico publicaron en el 2013 un mapa con todas las representaciones en el exterior y salían un montón (1).

Estaban las delegaciones del Govern, de la Agencia Catalana de Cooperación, de Acción 10, del Instituto Catalán de las Empresas Culturales, de la Agencia Catalana de Turismo. Sin olvidar la Casa de la Generaliatat en Perpiñán por aquello de los Países Catalanes. En Baleares y Valencia no nos quieren.

En el mapamundi estaban señalados los nuevos consulados de mar con puntos de diferentes colores: rojos, verdes, negros, amarillos. Desde Siydney (Australia) a Bogotá (Colombia) pasando por Johannesburgo (Sudáfrica) o Montreal (Canadá). Como la información era hace dos años deduzco que aún debe haber más desde entonces.

Porque con el proceso hemos creado 'embajadas' oficiosas en la Unión Europea; Alemania; Francia; Reino Unido; Estados Unidos; Austria e Italia. Incluso deben tener nuevas atribuciones porque el presidente Puigdemont, en su primera entrevista en TV3, también dijo que servían para atraer “investigación”. Los científicos estadounidenses deben estar haciendo cola, en estos momentos, ante nuestra oficina en Manhattan.

Los catalanes somos la hostia. Parece mentira que un pueblo con ese potencial todavía no sea independiente. Yo, por si acaso, me he pedido la embajada en París. Si no la de Praga, que era la ciudad de Kafka. Pero no creo que me la den. Para la dirección de Catalunya Ràdio me parece que también he hecho tarde.

Pero en Palau ya saben que esto de la consejería de Asuntos Exteriores, en los tiempos que corren, es un riesgo. Cuando en diciembre de 2012, Mas nombró Francesc Homs consejero de Presidencia estuvo a punto de hacerlo también de Exteriores. Quico Sallés, entonces todavía en Nació Digital, se acordará porque es quien reveló la noticia. Al final se echaron atrás por si acaso. Ahora han seguido adelante.

Y, por supuesto, en Madrid también lo saben aunque aquí creemos que son tontos. Debe de ser la famosa astucia del proceso. Por eso la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sánez de Santamaría, que es abogada del Estado, se ha apresurado a decir después de la reunión del Consejo de Ministros que se mirarán con lupa la creación de este departamento.

Porque tanto hablar de desconexión y, de momento, la creación de la citada consejería ha sido el único reto al Estado. El resto -la fórmula empleada en la toma de posesión o tapar la imagen del rey- son gestos. La política también son gestos, pero acabas tropezando con la realidad.

En cambio, es curioso como todo el mundo se queja porque el Rey no recibe a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell. Pero ¿acaso no queremos desconectar? ¿No queremos ser una República catalana?. Entonces, ¿de qué nos quejamos?.

Y el Govern aún recorre de vez en cuando al Tribunal Constitucional por lo que pueda pasar. Incluso el Parlament reconoce, por la vía de publicarlo en el Boletín Oficial, la sentencia del TC contra la declaración de desobediencia del pasado 9 de noviembre.

Por eso, lo que me hizo más gracia de la entrevista-masaje de Mònica Terribas a Carles Puigdemont -al presidente Montilla no le pedía perdón por las preguntas- es que el nuevo presidente de la Generalitat reconozca que no lo ha llamado nadie para felicitarle. Suerte que, como aseguraba, el Gobierno español está "cada vez más debilitado". Si se descuida.

“¿No lo ha llamado Pedro Sánchez?", Preguntaba la entrevistadora estrella  de TV3. "Todavía no, sé que me llamará" contestó el presidente un poco compungido. Terribas fue diciendo nombres: Mariano Rajoy, Albert Rivera, Pablo Iglesias. Y nada de nada.

Tampoco el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón. Y eso que sólo ha sacado dos diputados en las generales. Es que ni el lehenkari Urkullu. "Ya no le pregunto por Angela Merkel porque ya entiendo que tampoco", intentó arreglarlo Terribas. Fue peor. Un mal chiste.

"No pasa nada, soy una persona comprensiva y dialogante", se esforzó en afirmar Puigdemont. Incluso lamentaba no haber recibido ninguna llamada como "norma básica de cortesía". Pero si tres días antes, tras renunciar a la alcaldía de Girona, le dijo a Rajoy que "es un proyecto que se acaba".

Por eso sospecho que, para utilizar una expresión suave, el presidente del Gobierno lo ha enviado a freír espárragos. El día que los farmacéuticos hagan cola ante la consejería de Salud porque no cobran a ver qué hace. Probablemente será la próxima jugada. Lo ve incluso Terribas. Entonces, al nuevo consejero del gremio, Toni Comín, se le helará la sonrisa.

El presidente de la Generalitat me recuerda aquel protagonista de dibujos animados de mi infancia, Calimero, un patito feo que se quejaba de que nadie lo quería. Sabía que, hasta ahora, pintábamos poco en Europa. Ahora también hemos descubierto de repente que también pintamos poco en España. Suerte que Raül Romeva lo arreglará.

(1) Neus Tomàs: “La Generalitat activa el pla per ‘vendre’ la consulta a Europa”, 1 de juny del 2013

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