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La Punteta · 14 d'Agost de 2019. 11:28h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Ave Barcino, Delinquentia Mundi te salutant

En la ciudad de Barcelona ha habido 7 homicidios en el último mes y medio y se denuncian un promedio de 26 delitos cada hora (leído en prensa el 13/8/2019).

Se diría que una Internacional de cacos y maleantes ha elegido Barcelona como la ciudad idónea para sus asquerosos y turbios asuntos. El feo tema empeora porque, además, se aprecia insuficiencia en los medios destinados a la seguridad pública. Tanto en la gestionada desde el poder local como en el autonómico que, por ámbito competencial, son los se ocupan de la mayoría de delitos. Del primero, la alcaldesa Colau y sus hasta ahora ayudas de cámara, los felizmente ausentes Pisarello y Asens, han dado muchas pistas de que ahí tienen un pie cojo. O una patita de lobo un poco antisistema con pelo de cordero de un pseudoprogresismo, todo sea dicho una mezcla bastante inútil para asuntos de seguridad.

Con esos mimbres se empezó por alentar, permitir, comprender o disculpar (según el momento y la conveniencia) las ocupaciones de pisos y locales y la venta ambulante ilegal, se pasó a hacer la vista gorda con los narcopisos e, incluso, se montó aquel tinglado del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes desde el propio ayuntamiento de Barcelona. Ahora se comprueba  que los “menas” han venido a Cataluña en masa, han crecido y algunos de ellos son violentos y no saben ni qué respuesta dar al problema. Entiendo que la Guardia Urbana esté desmotivada y perpleja ya que incluso les desmontaron su unidad antidisturbios contra todo criterio profesional. Los mossos tampoco parecen conocer sus mejores tiempos operativos. Hay una evidente fractura interna como consecuencia del llamado prusés, así como sufren una muy contestada gestión del consejero de Interior Buch.

Aquí estamos con el escándalo actual y resumido en los datos de prensa de la introducción. Los delincuentes campan por sus anchas por algunos barrios de Barcelona y no se percibe solución alguna a corto plazo. No es este un problema del Código Penal ni un problema social puntual, otros de los lugares comunes aludidos desde las administraciones para intentar explicar toscamente este aluvión de delitos y delincuentes. Más bien diría que hay una clara ineptitud derivada de la suma de unos presupuestos ideológicos y  unas malas decisiones políticas.  

Acabo de ver en la tele a una señora de mediana edad que decía que para bajar a la calle, a su barrio de siempre en Barcelona, iba con un palo en la mano. No se me ocurre mejor imagen para ilustrar a dónde ha llegado el calentón social por esta causa. Súmese a ello la creación de patrullas ciudadanas en el metro de Barcelona. La alarma social está más que servida y si los ciudadanos se organizan es porque tiene miedo y, sobre todo, porque no confían en que haya una respuesta adecuada. La responsabilidad es de los poderes públicos y no cabe excusarse en la falta  de medios porque bien que los hay para otros asuntos menores. Actualmente no se me ocurre mejor gasto público que este, aparte del de reforzar los medios de la justicia.

Se desarticulan cada vez más bandas organizadas que son casi todas extranjeras y pese a ello se generan otras fácilmente. Delincuentes magrebíes   y latinoamericanos, aparte de los nacionales, son viejos conocidos de la policía.  Pero ahora hay también delincuencia organizada de grupos chinos (trata de mujeres, delitos laborales, falsificación), exsoviéticos (delitos violentos y contra el patrimonio, drogas) rumanos (delitos contra el patrimonio) y centroafricanos (drogas, prostitución), entre otros y como los grupos más habituales de los que operan en Cataluña.  

Otros datos cuentan que la población reclusa extranjera adulta en Cataluña ya supone el 45% del total de personas internadas, mientras que en el conjunto de la población catalana total el porcentaje de extranjeros –incluidos los nacionales de otros países de la UE- es de algo más del 21%, según cifras recientes que he consultado. Pero consideren también esos números son de algo más del 70% de extranjeros y algo menos del 30% nacionales en el caso de los internos de menos de 21 años. Por ahí va una clara tendencia que explica que Cataluña es una tierra propicia para la delincuencia extranjera y que hay un indudable efecto de llamada. 

En Barcelona opera una suerte de internacional del crimen y el escenario es crecientemente preocupante. No descarto que aún pueda ir a peor y desde una visión pacata y cateta, que no de izquierdas aunque presuma de ello, se pueda plantear la creación de una especie de sindicato de desfavorecidos llamado “Delinquentia Mundi” (Delincuentes del mundo), o bien alguna ocurrencia similar en la esfera de la habitual tontería “progre” en estos temas. Si algunos responsables políticos con esa óptica no dejan crecer a su Peter Pan particular, comprobaremos que no solo Garfio es el problema.

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4 Comentaris

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#5 José González , Barcelona , 28/08/2019 - 10:34

Gracias por la lectura y por vuestros comentario, De-MAS-Cràzya, Barretina a rosca y Juliang. Un saludo.

#3 Juliang, Bcn, 18/08/2019 - 22:53

Que un MENA recien llegado, cobre 650€ de los 18 a los 23, lo mismo que un pensionista que ha cotizado mas de 20 años, es de verguenza. Se explica conociendo el origen marroqui del Conseller de Treball. Nos pasan por la cara.

#2 Barretina a rosca, Black hole, 15/08/2019 - 13:17

Coincido con el análisis bastante completo de lo que pasa en Barcelona.

Me parece que esto solo es el principio, y si como ya indican fuentes oficiales en España entran más 200.000 inmigrante sin papeles, en pocos años serán un millón y entonces sí que nos vamos a reír.

Me parece que haber para todos!.

Ya hay hasta secuestros exprés

#1 De-MAS-Cràzya, Barcelona, capital de Lemmings Land, 14/08/2019 - 18:44

Los menas, a diferencia de los menores nacionales, crecen sin una estructura familiar que les dote de valores de referencia. A muy temprana edad son enviados aquí, pasando mil penurias, con un único objetivo: prosperar a toda costa. Vienen con la promesa irreal de que aquí les darán cuanto necesiten y la misión de usar y abusar cuanto se le antoje.