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La Punteta · 23 d'Octubre de 2020. 07:26h.

RAFAEL ELÍAS

Caldo de murciélago

Hoy me he decidido a hacer el cambio de armario, que es una de esas tareas pendientes que acostumbran a eternizarse. Procrastinación lo llaman ahora, que es palabra de moda, como resiliencia. Hace unos años la palabra fue sinergias (en plural), hoy ya en desuso. Aprovechando la coyuntura, me he animado a poner algo de orden en el viejo altillo -ha costado dar con la llave, como suele ocurrir cuando queremos abrir puertas del pasado-. De puntillas sobre un taburete inestable, y movido por una extraña curiosidad o curiosa extrañeza, he ido iluminando las negras sombras y los oscuros rincones del recuerdo, donde han aparecido arañados juegos de mesa, ahí estaba el Stratego, qué maravilla, y qué útil para los que gustan de ocultar su verdadera cara en el campo de batalla; había también montones de comic-books USA, los primeros trabajos de Frank Miller en Daredevil, y un sinfín de películas, todas en VHS y, en su mayoría, de los años 90.

Esos años fueron tal vez la última gran década del cine, hoy en día arte venido a menos con el auge de las series. Una de mis cintas favoritas la he tenido entre mis manos, yacía boca arriba dentro de su caja, con los brazos cruzados sobre el pecho. El Drácula de Coppola. Love never dies. Y, como antes, me ha vuelto su aroma, una mixtura de cera ardiendo y ceniza mojada. El olor de esa historia.

Tras la sinestesia, he dejado el tema del altillo para otro día y bajado de nuevo a la tierra, que en las alturas el pensamiento sufre de vértigo y le falta oxígeno.

Pero me he quedado con las sensaciones de Drácula, cuyo preámbulo es de sobras conocido: un caballero rumano que se va a la guerra en nombre de Dios para detener la invasión de los musulmanes turcos y, a sangre y fuego, los derrota, pero éstos, gente de muy mal perder, envían un mail a su novia contando que su amado ha muerto. Fake news en toda regla, pero que cuelan, porque la joven se cree la patraña y, desconsolada, se tira al Arges -un río de la zona, no un militar turco-. Suicidio. Mal asunto. Un cura ortodoxo, chapado a la antigua y muy alejado del rollito progre del actual papa Paco, advierte a Drácula que el alma de la chica ha quedado condenada. A lo que Drácula reniega de Dios, al estilo de Iglesias, y se convierte en un no-muerto con coleta, al estilo de Iglesias también.

Pero dejemos al marqués y volvamos con el conde. En el acervo cultural se le suele asociar con la figura de un murciélago, animal amenazante para muchos. No así para los chinos, seres amenazantes para los murciélagos y dados a hacer sopa con ellos, para desgracia de la humanidad, Mafalda y los murciélagos. La receta para hacer un auténtico caldo de murciélago casero y reconfortante difiere algo de la del de pollo. Según el auténtico manual de cocina china de la Gran Revolución Proletaria es la siguiente: agarras un vampiro -vivo- por el pescuezo y lo pelas bien, luego lo sujetas por las alas y lo escaldas tres veces unos segundos en agua hirviendo (asustarlo lo llaman), para quitarle la bravura y que no se endurezca en exceso. Vigila que no te muerda durante esta operación. Echas entonces al quiróptero en su integridad a la cazuela y tapas rápido, que no escape. Pasados 45 minutos, si no sigue vivo, añades verduras al gusto, si sigue vivo no, que se las come -señal que ya ha perdido la bravura-, y otros 45 minutos, bajando la potencia del fuego al 3. Truco: para que no quede grasiento conviene ir espumando de vez en cuando. Y ya está. Puedes utilizarlo como base para consomés, arroces, estofados, etc. Además, congela muy bien. Al margen de sus cualidades organolépticas, es un plato conocido también por sus propiedades medicinales, ya que, al mantenerse la sangre del murciélago en la sopa, es beneficioso para los problemas respiratorios, dicen los chinos, con el más que probable aval de la OMS en breve.

“La civilización y la sifilización han avanzado unidas”, bromea con sus alumnos Anthony Hopkins (el profesor Van Helsing) en Drácula, mientras se deja morder el dedo por uno de estos hematófagos durante una clase, sin parecer importarle demasiado la posible infección. Quizás ésa sea la clave. Respeto, sí. Miedo, no. Responsabilidad, sí. Miedo, no. Buen humor, siempre que se pueda. Porque una sociedad aterrorizada es una sociedad a merced de los gobernantes, que se sienten fuertes y cómodos ante la anulación del albedrío del ciudadano en un entorno hostil e indoblegable.

Y es que ahí, en ese caldo de murciélago, pueden hacerle picadillo.

“Sólo buscaba el cinematógrafo. La maravilla de la civilización.” (Drácula, de Bram Stoker – 1992)

 

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2 Comentaris

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#2 Vorkosigan, Tarragona, 07/11/2020 - 00:43

"Permítame aconsejarle, mi querido y joven amigo...; no, permítame avisarle con toda seriedad que, si abandona estas habitaciones, no debe dormir en ninguna otra parte del castillo.(...), porque aquí descansará a salvo. Pero si no tiene cuidado, entonces..." El Conde Drácula advierte a Jonathan Harker. ¿ Similar a nuestro confinamiento ?

#1 A., Barcelona, 24/10/2020 - 23:04

El Daredevil de Frank Miller es una maravilla del cómic. Y el Born Again una lectura obligadísima.