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Tengo por casa un contador mecánico, de esos que utilizan las azafatas de vuelo al pasar revista. Tiene un pulsador, que al accionarlo suma un número. Click. Dispone de varios dígitos, el mío es de tres, aunque creo que también los hay de cuatro. Ambos se quedan cortos para ciertos sumatorios, como, por ejemplo, llevar la cuenta de los presidentes de la Generalidad de Cataluña. Tampoco vale para mostrar la inconmensurable superficie geográfica de los Països Catalans (recordemos que mi contador es un objeto real y tangible). Voy pillándole el tranquillo al cacharro, tiene algo relajante, se engancha en el dedo y queda oculto en la palma. En realidad, no sé para qué coño lo compré, pero es cómodo y ergonómico.

Hoy, para compensar el exceso de relajo con algo de estrés, escucho Catalunya Ràdio, emiten un programa especial, y es que el Tribunal Supremo ha destituido a Torra por lo de la pancarta, mejor dicho, por desobediencia a descolgarla en período electoral, y dicen que esta misma tarde se remitirá la carta que corta el mandato del MHP, aunque hay ciudadanos que juran que para ellos siempre será MHP, por mucho que lo destituyan, MHP forever. Torra, correspondiendo a estos followers, y en un glorioso acto de valentía, ha dicho que piensa mantener su agenda habitual, que consiste básicamente en soltar burradas por el Twitter.

Total, que otro presi a la saca. Así no hay contador que valga. De hecho, ésa es la táctica independentista: tener muchos presidentes durante un período muy corto de tiempo, y así vacilar a la peña con la cantidad, que viene a ser algo así como el número de likes en el Insta. Hay que reconocer que esto les sale muy bien. El truco para asegurarse un mandato breve -y así ir sumando- se ha ido manteniendo como secreto bajo llave entre los sucesivos gobernantes secesionistas, pero, por fin, ha sido desvelado. Se trata de un mensaje cifrado que el presidente entrante recibe del saliente durante un misterioso cónclave de traspaso de poderes, donde, a oscuras y bajo las atentas miradas de un retrato familiar de los Pujol, se hace entrega de un sobre lacrado, continente de las siguientes instrucciones, de hondo calado:

“LÍALA TODO LO QUE PUEDAS, APRETEU, HÒSTIA”

Misterio resuelto pues. Se trata de provocar al Estado y meter miedo. La historia acredita que el abanico de opciones para seguir esta premisa ha sido vasto: desobediencia a las leyes, contaminación de los medios de comunicación públicos, corrupción, victimismo, adoctrinamiento, división, supremacismo, racismo, golpes de Estado y xenofobia, por citar unos ejemplos.

Y yo que me acuerdo ahora de Heribert Barrera, que en paz descansen los afroamericanos, al cual el Ayuntamiento de Barcelona le retiró una medalla por racista y eso enfureció a Torra, que le mostró su apoyo desde la barrera de las redes, cosa muy normal por otra parte, teniendo en cuenta las semejanzas entre las formas de “pensar” de ambos. También me acuerdo de Junqueras, empeñado en demostrar que los catalanes tenemos más similitudes genéticas con los franceses que con el resto de españoles. Y de las bestias españolas con forma humana, y de su bache en la cadena del ADN. Y de alguna otra perla de Barrera que me niego a transcribir por respeto a los colectivos más desfavorecidos.

Está hablando ahora Torra por la TV, entiendo que ha dejado el Twitter un rato, y vuelve con la cantinela de la liberación de los Països Catalans, y parece que este hombre ha perdido definitivamente la chaveta, al son de una marcha de Wagner, en un lugar imaginario donde se garantiza la preservación de la pureza de los fluidos naturales, al estilo del Dr. Strangelove.

Y miro mi mano, había olvidado que sigue ahí el contador mecánico, que por cierto es como esos que utilizan las azafatas de vuelo al pasar revista. Tiene un pulsador, y al accionarlo suma un número.

Voy a probar, a ver.

Click.

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