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La Punteta · 22 de Febrer de 2013. 08:00h.

JORDI BAEZA BELTRÁN

@AzoteLiberal

Corrupción legal

Casi un mes sin escribir. Y es que la actualidad me aburría. La corrupción me aburre, siempre se dice lo mismo. Todos sabemos lo que pasa: aparatos de partido opacos y beneficiados por este sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas de circunscripciones demasiado grandes. Todos sabemos que la Justicia es muy lenta y muchos sospechamos que lo es precisamente porque los partidos estarían entre los principales perjudicados si no fuese así. ¿Quién dota a la Justicia de pocos recursos para su actividad? Los partidos, el único poder político real en este país. Todos sabemos que la separación de poderes es teórica, la realidad es que no está consagrada, sólo citada en la Constitución. Todos sabemos también que quien se beneficia de esta situación no va a hacer nada por cambiarla. Los grandes partitócratas no dejan de anunciar transparencia, cumbres, medidas, intenciones y reformas legales de ellos y para ellos. Nadie controla al controlador. Nuestro problema es de diseño y eso lo sabemos todos ya. Así que para qué iba a escribir sobre todo esto... Y los que no tenemos secta partidaria no podemos participar en el perpetuo "y tú más" al que asistimos.

Comparto la indignación mayoritaria con nuestros políticos. Y no les creo cuando nos hablan de ese idílico concejal de pueblo esforzado y honesto para justificarnos el conjunto del sistema partitocrático. Ese concejal existe pero es usado por los dirigentes en las cúpulas para intentar sostener este modelo desgastado. Claro que no todos son iguales, pero todos los grandes partitócratas comparten el interés de no reformar el sistema electoral y de mantener el poder de los aparatos de partido. Hace mucho que me pregunto: ¿para qué indignarnos con cada caso de corrupción? No sirve para nada. Muchos ahora se quejan pero luego irán a votar a los grandes partidos de siempre. Hay que indignarse una sola vez: con el diseño del sistema. Éste que no sólo protege la corrupción ilegal sino que fomenta la corrupción legal. Y no es un oxímoron. Esto último me ha animado a escribir este artículo.

Dice el diccionario que corromper es echar a perder, depravar, dañar, pudrir, trastocar, viciar, etc... Y eso es lo que me permite afirmar que existe una corrupción legal. ¿Darle una subvención a la fundación del partido no es corrupción? Legal, sí. ¿Y concederle un crédito ICO a un empresario amigo del partido? ¿No es corrupción legal incumplir por mucho unos presupuestos públicos? Dicen siempre que es la ley más importante del año pero nadie sanciona por incumplirla. ¿No es corrupción hacernos rescatar a todos las Cajas de Ahorros gestionadas por los mismos partitócratas? ¿Es corrupción legal crear un organismo para colocar jubilados del partido que no tienen utilidad conocida? ¿Y presentar una cifra de déficit y que luego cuando se revise diste mucho de la real? ¿Hinchar las plantillas públicas de personal innecesario no es corrupción? ¿La existencia de medios públicos no es corrupción? ¿Y las administraciones públicas que tardan años en pagar a sus proveedores no son corruptas por eso? ¿Cobrarle el IVA a las empresas por facturas que no han cobrado no es corrupción de Estado? ¿Subvencionar la cultura o los medios para que no sean muy críticos tampoco es corrupción? ¿Y qué decir de la corrupción constitucional? Sí, lo he dicho bien. Porque es la propia Constitución la que anula cualquier función real del Tribunal de Cuentas haciéndolo depender del Parlamento.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que parece que la corrupción que viola la ley sea la que más nos perjudica; y lo hace. Pero también lo hace -y quizá mucho más- aquella corrupción que está permitida por la misma ley. Tenemos un poder público hiperfacultado para meterse en nuestras vidas. Lo sorprendente sería que con todas las capacidades legales que tiene no fuese corrupto en múltiples sentidos. Por ser tan poderoso genera privilegios, amiguismos de todo tipo y redes clientelares indisolubles. Y todo esto es peor cuando tiene un mal diseño institucional y de contrapoderes.

Necesitamos un diseño institucional que consagre la desconfianza entre los distintos poderes del Estado. No un diseño en el que todo recaiga realmente en la misma figura: el Presidente del Gobierno que es siempre el jefe del partido que controla el Parlamento y éste último a su vez domina los teóricos órganos de control e interfiere en la administración de Justicia. Para reformar todo esto hace falta un ciudadano desconfiado del poder político y tacaño como contribuyente.

Soy pesimista. ¿Pide la mayoría social menos poder político? ¿Es desconfiada? No lo parece. La queja parece pasar por una fe de fondo en que la solución a todo esto pasa por un político que conceda todos los deseos frustrados. Ahora a muchos deseos se les llama derechos. Todas las protestas organizadas son por lo que el político no da, no por lo que quita o por lo que rompe. Porque señores: rompe muchas cosas. El estado es el mayor destructor de riqueza que hay sobre la faz de la Tierra y eso también es corrupción.

@AzoteLiberal en Twitter

ARTÍCULO RELACIONADO: La abstención como herramienta de cambio político http://blogs.e-noticies.com/azoteliberal/la_abstencion_como_herramienta_de_cambio_politico.html

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