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La Punteta · 30 de Juliol de 2020. 08:12h.

RAFAEL ELÍAS

De curanderos y chamanes

En inglés es la WHO. WHO, como The Who. WHO, o sea, “quién” o “quiénes”. O mejor, “quién coño sois”, traducción un tanto literaria, pero que aquí encaja perfecto.

La WHO, digo, que no la banda británica, sino otra banda: la World Health Organization. En español, la OMS, la Organización Mundial de la Salud. Un organismo de ésos que uno sabe que existen, porque se lo han dicho, y porque cada equis años lanza un aviso, una advertencia, con el único fin de acojonar a los ciudadanos del mundo y recordarles la fragilidad de su existencia.

Se trata de un club de élite con profundas similitudes a los curanderos iluminados de toda la vida. Con el paso del tiempo sus proclamas han ido adquiriendo una pátina rancia de verdad absoluta, da igual que a priori no acierten ni una, el mensaje debe ser lo suficientemente ambiguo para que a toro pasado siempre tengan razón. El método de acceso a esa sociedad de elegidos tiene en valor dos aspectos. El principal es ser médico, y muy capacitado, sobre todo para cambiar de opinión de un día para otro sin ruborizarse; ora es cara, ora cruz; hoy es blanco, mañana afroamericano. Una vez acreditada la elasticidad neuronal, queda lo más difícil: tener contactos. Todo este proceso en su conjunto constituye un preclaro ejemplo de lo que son los híbridos enchufables, hoy día tan en boga.

Dicen de ellos mismos que velan por la salud a nivel mundial, aunque, personalmente, es ver al secretario general de la OMS por la tele y entrarme todos los males. Casi me fío más de Carlos Jesús o del otro Micael, que creo que eran la misma persona, pero al menos se intuían más próximos que ese retrato en negativo de Tom Selleck.

Y es que uno se acuerda de las cosas. Fue hace cinco años que la OMS hundió las acciones de la industria del fuet con su alerta sobre la carne procesada. Algunos, duros de oído, interpretaron que el aviso iba por el inminente riesgo de la Forcadell de ser enchironada, la “Carme procesada”, vamos. Y aquí sí habrían acertado. Pero no. Resulta que los galenos se amuermaban sin su habitual tónica de Ginebra, y añoraban las noches de contactos en el bar del hotel (algo así como el après-ski), así que sacaron la máquina de picar chicha para meter algo de miedo, que entonces no había SARS-CoV-2 y la población pide control. La cosa está en que se pasaron. La industria cárnica y todas las organizaciones empresariales y civiles, incluida la FAES (Federació dels Amics Empordanesos de la Secallona), se levantaron de la silla y pusieron el grito en el cielo. Fue tal el embutido que la OMS se apresuró a anunciar que lo perjudicial era el “consumo excesivo” de carnes procesadas. Y de langosta, no te jode.

Donald Trump, que si algo tiene es experiencia en haber tratado con mafiosos, ha calado a estos tipos, y de qué manera. Ha venido a decir, veladamente, que las juergas se las paguen los chinos por los servicios prestados. En España deberíamos tomar ejemplo, que no estamos para financiar fiestones ajenos. Podríamos rescatar aquella pancarta que se hizo famosa en las manifestaciones de los años 40:

 

SI ELLOS TIENEN ONU,

NOSOTROS TENEMOS DOS

 

Cierto es que no es la ONU en su totalidad. La OMS es sólo un brazo de esa Organización que a fecha de hoy alberga detestables regímenes totalitarios.

Tal vez esta pancarta va mejor:

SI ELLOS TIENEN OMS,

NOSOTROS TENEMOS AL HOMS

Quico, se entiende. Ya sé que aquí no pinta nada y que lo suyo es meter a Simón, pero entonces se pierde la rima consonántica. Además, no sé si el chamán anda aún surfeando.

Porque, tal y como ha declarado hoy mismo Margaret Harris, portavoz de la OMS: “la pandemia es una gran ola”.

Y a ver quién le discute eso.

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