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La Punteta · 29 d'Octubre de 2018. 08:58h.

JOSÉ GONZÁLEZ

De tibios y de troyanos virtuales

Me siento frente a la ventana y miro hacia las nubes. A ver si así pillo una musa perdida al vuelo y le robo una buena idea para esta columna. Por suerte, creo que no me hará falta hoy. Acabo de ver en el cielo la nube virtual de la república digital  que ayer anunció el conseller Puigneró.  No he bebido antes, lo juro. A lo sumo podría admitir un carajillo de “Anís del Mono” esta mañana pero es que hacía mucho frío. Y también juraría que Heidi iba subida encima de la nubecita. Voy a ver si mañana se confirma, por las fuentes habituales, que su abuelo, Pedro, Clara, la señorita Rotenmeyer y, ya puestos, las cabritas de la canción de los créditos finales se han manifestado ya a favor de la república virtual de la nube. Será un buen inicio para ese ente etéreo tan volátil. Por otra parte, no sé si para este artículo es un buen augurio comenzar con Heidi y su cancioncita. Ojo, la del final porque la de cabecera era de gran nivel.

Como esta o parecidas son las fantasías de la república en la nube (de Valencia, diría yo). Son propias  de una suerte de troyanos virtuales –segundo protagonista del titular- que actúan como virus entre alguna población desprotegida, aquejada de “credulitis” aguda o “interesitis” crónica. Sale ayer todo un señor conseller que gana 110.000 euros brutos al año y sostiene que “quieren construir una nación digital en forma de república”.  Algo así como un ente en la nube y con moneda virtual (plantéese lo del Monopoly que todos los tenemos en casa). Y cuenta también que, de esa alta manera, la ciudadanía estará “empoderada”. Yo no sé ustedes pero yo, con esta última palabrita entrecomillada, ya tengo ganas de saltar desde la nube al suelo.

Releo de nuevo la noticia en varios medios para preparar este artículo y suspiro, aliviado, al comprobar los datos. La declaración de intenciones sobre la nube se pronunció ayer en la Universitat Catalana d’Estiu de Prada. Como quiera que no es ni Universidad ni es verano, no hay por qué preocuparse. Seguro que fue una broma para entretener a los que ayer fueron a la conferencia. Otro chiste bueno que se pronunció fue (el saben) aquel que de España funciona en “formato analógico”, mientras que Cataluña será “invencible” en un entorno digital. Ya lo veo: troyanos de una NASA catalana frente a una España de ciudadanos que montan en burro (que me perdonen en Mijas, es solo una imagen) y no saben encender un ordenador. Qué nivel, Maribel.

En otra parte de este complejo microclima creado por el republicanismo de las fecundas ubres (para ellos cuanto menos), están los tibios con b. No los tirios como cabía presumir por la conocida expresión de “tirios y troyanos”. Ya saben ustedes que ello es sinónimo de liarse una mundial. No teman, aquí no se lía nada. Los tibios son una suerte de báculo de los troyanos.  En el silencio cómplice de ellos se apoyan para vender su producto como si fuera algo serio o, cuanto menos, para legitimar mínimamente cualquier extravagancia como la de la nube. Sólo con llamar a ello propuesta  -en lugar de ocurrencia o algo parecido- ya se puede presumir la pertenencia a la liga de los tibios.  

Para concluir esta columna, me he permitido hacer una pequeña lista de ocurrencias, todas ellas de características virales troyanas y que se han ido colando con más o menos fortuna. Ahí van, sin orden alguno -porque no lo merecen-  una serie de bulos, por otro lado ya probados como tales la mayoría: en Cataluña hay una clara mayoría social independentista, un 80% de los catalanes quiere un referéndum de autodeterminación, España nos roba, Cataluña seguirá en la UE y en la OTAN tras la llegada de la república, las empresas vendrán en masa a una Cataluña independiente,  las sedes de los bancos no se irán nunca de Barcelona, las pensiones de la república serán más altas que en España, la comunidad internacional reconocerá al nuevo estado catalán, España es un estado autoritario heredero del franquismo, etc. La lista sería interminable y piensen que otro capítulo aparte lo ocuparían las mentiras históricas. Toda esta relación de este párrafo puede ser identificada con las conocidas como “fake news”. Sin embargo, permítanme que yo prefiera tildarlas de patrañas o de paparruchas que suena tan analógico como claro. No todo va a ser digital y tal.

Voy concluyendo y no puedo dejar de hacer mi mención de mérito a los otros, a los que no son ni tibios ni troyanos.  Ellos, los que no sacrifican la verdad a sus intereses ni a sus miedos, son mis verdaderos protagonistas aunque, a menudo, ni aparezcan por estas líneas. Va por ellos que no tienen una existencia fácil por estos lares catalanes.

 

José González

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1 Comentaris

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#1 Helena , Barcelona, 02/11/2018 - 14:08

Felicidades por la columna! Yo y muchisimos otros catalanes somos los que estamos en esa otra Catalunya real y no de pandereta y sentimos verguenza ajena de todo este adoctrinamiento-mentira. Te has olvidado de comentar que la republica virtual para sus "fieles" cuesta 10 euros por persona... que bien se vive en Waterloo de gratis!!! Que fuerte!!