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La Punteta · 1 d'Abril de 2019. 07:52h.

JOAN FERRAN

Joan Ferran

El CAC, TV3 y el recochineo

Ironías y paradojas de la vida pública y de sus instituciones: El mismo día en que las entidades sociales del denominado Tercer Sector mostraban su indignación contra el Govern, por no recibir las asignaciones necesarias para atender sus necesidades más acuciantes -las tarifas que paga la Generalitat llevan 10 años congeladas- el CAC se gastaba un pastón organizando unas jornadas, sobre las fake news, en el Parlament… Y al igual que hoy les hablo del CAC podría hablarles de mil cosas más, cosas que van desde el dispendio en pancartas con lacitos  hasta el sustento de observadores extranjeros, desde viajecitos y anuncios hasta subvenciones para amigos seudo historiadores. Pero el análisis pormenorizado de todo ello lo dejaremos para otra ocasión. Eso sí amigos, hoy me gustaría llamar su atención acerca del tinglado de autobombo que ha organizado el CAC bajo el título “Cómo combatir la desinformación en línea y las mencionadas fake news”.

No tengo nada que objetar sobre la necesidad de debatir el tema, al contrario. Pero cuando los anfitriones son quienes son, uno siente vergüenza ajena. Dan el pistoletazo de salida de las jornadas personajes tan “ponderados” y “ecuánimes” como Josep Costa, vicepresidente del Parlament y Roger Loppacher, presidente del CAC. Ambos individuos de ‘verbo contenido’ y fama notoria en el ejercicio ‘imparcial’ de sus responsabilidades institucionales. Pero no se lo pierdan, tras la aportación de los expertos invitados, el clásico coffee break y la participación de algunos profesionales que barnizan de pluralidad el programa, las conclusiones y el cierre del mismo son protagonizados de nuevo por el inefable Loppacher y un viceconseller de Presidencia llamado Pau Villoria… Como podrán comprobar ‘imparcialidad’ a tope, apertura, conclusiones y cierre del evento en manos “inocentes” bajo la bendición de la responsable del Colegio de Periodistas.

No vayan a pensar ustedes que al que suscribe estas líneas le incomoda que se cumpla el protocolo parlamentario y se debata sobre las fake news o la desinformación. Nada de eso, al contrario, a un servidor lo que le inquieta, más allá del dispendio económico, es contemplar como políticos tóxicos juegan a obviar la biga en el ojo de TV3  mientras disertan acerca de la maldad de las noticias falsas. Al presidente del CAC le va el postureo con los temas de moda. Nada que objetar al respecto, pero el organismo que preside tiene pendiente publicitar trabajos e informes polémicos sobre el pluralismo en los medios de comunicación referidos a los días 6 y 7 de septiembre de 2017. Tiene pendiente, también, exponer abiertamente las conclusiones acerca de las quejas alrededor de las entrevistas de los líderes de la oposición, como también el análisis de un documental emitido sobre el 1-O… Informes todos ellos susceptibles de poner en evidencia la falta de pluralidad de la radio y televisión pública catalana. Roger Loppacher ha jugado a ralentizar todo aquello que pone en entredicho el papel del Govern en su relación con los medios de comunicación de su competencia. Todo el mundo sabe que la manipulación informativa no radica sólo en lo que se difunde  sino también sobre lo que se omite o minimiza intencionadamente.

Con la que está cayendo, con la información sesgada y parcial que difunden los medios de la Generalitat sobre los juicios o la política catalana… Que Loppacher y compañía alardeen de combatir las fake news y lo hagan montando caras performances en el Parlament suena a recochineo, chacota y burla.

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4 Comentaris

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#4 Núria , Vic, 07/04/2019 - 12:03

El senyor de la crosta dixit. ????

#3 M. Pilar, Barcelona, 01/04/2019 - 17:19

Y que no haya manera de acabar con esta basura, sanguijuelas que se han adherido a la piel de todos los ciudadanos!

#2 botifler1914, Sinitaca, 01/04/2019 - 13:09

Suena a reparto de las últimas migas del festín separatista.
Como aquellas orgias de los nazis con los rusos a las puertas de Berlin.

#1 Pepe, Alacant, 01/04/2019 - 12:12

El CAC no se creó para ser ecuánime, sino para controlar políticamente las licencias de emisión, los contenidos de los medios privados, y atribuirse funciones que en principio son de los tribunales. Que es abrumadoramente parcial a favor de la causa separatista, es una evidencia incuestionable.