La Punteta · 25 de Novembre de 2021. 17:57h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

El caso Rius

 

Nunca llegué a imaginar que titularía un artículo con mi apellido.

Si lo hago es porque colegas mucho más ilustres que yo -Manuel Trallero, Ramón de España, Ignacio Vidal-Folch- han hablado del caso Rius.

Querría agradecer también a otros -como Víctor-M. Amela, Miquel Giménez o Marcos Lamelas- que también hayan hablado del asunto.

El caso me afectaba a mí personalmente pero como si hubiera afectado a Perico de los Palotes.

Porque con mi pregunta aquel día a la portavoz del gobierno catalán, Patrícia Plaja, sólo quería poner de manifiesto la degradación de los medios de comunicación públicos en Catalunya.

Y si sólo fuera los medios de comunicación casi nos podríamos dar por satisfechos porque son también las instituciones de autogobierno.

Al fin y al cabo tenemos un Parlament presidida por una acusada de cuatro delitos de presunta corrupción.

Hay que decir que los dos supuestos humoristas que hicieron la broma no sólo continuan en sus cargos sino que incluso les han subido el sueldo.

 

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De hecho la tropelía es doble: sugirieron que la reina Letizia les hiciera una felación -como si hubiera sido una kelly de la esquina- y si no una de sus hijas, menor de edad para más inri.

Además traicionaron la confianza de la empresa que les paga -es decir, de todos nosotros porque es pública- colgándolo en la red tras haberla acusado también censura.

Ni la presidenta en funciones de la CCMA, Núria Llorach -lleva tres años con el cargo caducado- ni el director de TV3, Vicent Sanchis, disimularon un poco diciendo que les abrirían al menos algún tipo de expediente informativo. Nada, ni una simple regañina verbal o sanción laboral.

Al contrario, vi con mis propios ojos como los defendían a capa y espada en sede parlamentaria durante la úlitma reunión de la comisión de control de la Corpo.

En fin, hasta aquí los hechos.

Porque el asunto sirve también para mostrar hasta que nivel ha llegado la prensa en Catalunya.

Que conste que nunca ha pedido campañas de adhesión o de solidaridad. Al contrario el periodismo es como un deporte individual. Y se lo dice uno que, de joven, corrió alguna maratón. Cada palo aguante su vela.

Felizmente me borré ya hace muchos años del Colegio. Sabia decisión que veo que también hicieron otros periodistas más importantes que yo como Albert Soler o Salvador Sostres, que también dijeron la suya sobre el caso. Gracias a todos.

Porque la reacción de la entidad -y del Consell de la Informació de Catalunya- fue primero dar lecciones sobre el Código Deontológico.

Luego decir que el veto a un medio de comunicación era una “medida grave” y que “en el futuro” y “de ahora en adelante” se ofrecía de “mediador”.

Es decir, al Rius lo dejamos tirado pero con el siguiente ya haremos algo.

Los periodistas no estamos para hacer de “mediadores” sino para hacer preguntas.

No se crean, durante los días en que estuve un poco en el ojo del huracán caben en los dedos de una mano los colegas que me llamaron para expresarme, en privado, su apoyo.

Y dos fue para intentar llegar a algún tipo de acuerdo con el gobierno catalán. Una componenda, un cambalache, un arreglo.

Me quedé de piedra. Aunque actuaran de buena fe. Me negué en redondo.

¿A qué vamos a ir los periodistas a las ruedas de prensa? ¿A preguntar por el tiempo?

Pero lo que más me dolió del Colegio no fue esto sino que, a la semana siguiente, cuando la portavoz del Govern me dijo “racista” y “machista” ni siquiera alzaron la voz.

Las acusaciones son gravísimas y afectan directamente a mi honorabilidad personal y profesional. Son, en otras palabras, una difamación en toda regla.

Porque no lo dijo Patricia Plaja, lo dijo la portavoz del Govern. Es decir: lo dijo el Gobierno de la Generalitat.

Con el agravante que lo hizo, además, en una rueda de prensa oficial, en la sede insitucional de la Generalitat y sin que la persona aludida estuviera presente en la sala para poder defenderse.

Yo, el 23 de octubre de 1977, fui a recibir a Josep Tarradellas tras su regreso del exilio. Ni siquiera había cumplido los catorce años.

Fui sólo y a escondidas de mi padre. Creo que quedé atascado en la calle Llibreteria porque había muchísima gente.

Pero nunca habría imaginado que, muchos años después, mi gobierno me insultaría de esta manera.

El silencio del Colegio de Periodistas y del citado Consell de la Informació ha sido, pues, clamoroso.

No sólo se me podía dejar sin acreditación profesional -algo que atenta directamente contra la libertad de expresión e información de los lectores- sino que se me puede dejar a la altura del betún con toda impunidad.

Y me ahorro la crónica que sacó poco después El Confidencial: que mi expulsión había sido consensuada con el propio Colegio de Periodistas. Ni siquiera se atrevieron a desmentirlo.

Por eso, ya que estos señores van dando lecciones de deontología y de fair play quizá que hagamos un repaso.

De entrada, no deja de ser curioso que ni el Colegio ni el Consell de la Informació hayan expresado nunca lo más mínima autocrítica sobre el papel de la prensa durante el proceso.

Ni el CAC ni el Sindicato de Periodistas ni el comité de empresa de TV3 ni el comité profesional. Nada, silencio absoluto.

¡Con lo que hemos llegado a tragar durante diez años!

El otro día, durante la entrega de un premio Ondas, el colega Carles Porta -muy amigo de Puigdemont, por cierto- pedía a los periodistas de Madrid que sean “honestos”.

¿Y nosotros? ¿Hemos sido los periodistas catalanes “honestos” con nuestro nuestros lectores, con nuestros oyentes, con nuestros telespectadores?

¿Alguien ha oído a Joan Maria Morros -jefe de informativos de Rac1- quejarse porque una cadena del grupo en el que trabaja decía recientemente que España “es un escroto, los testículos su historia y la polla su nacionalismo” por poner sólo un ejemplo?

Ah, no, esto debe ser “sentido del humor”. Si dijeran lo mismo de Catalunya nos pondríamos hechos una fiera. Yo el primero

Pero si en la junta del Colegio de Periodistas hay incluso colegas que me han insultado en twitter. ¿Cómo van a salir en mi defensa?

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Y, entre los miembros del Consell de la Informació de Catalunya -presidido por Josep Carles Rius, sin relación de parentesco con el autor de esta columna- he hallado no sólo una exdiputada de CiU sino también un expresentador de TV3.

Salvador Alsius fue aquel miembro del CAC que estuvo siete años en el cargo -a razón de 110.000 euros al año- sin hacer una sóla crítica y que, cuando lo dejó, dijo que la cadena pública estaba politizada y que habría que echar a mil personas. No sé si para vender más libros.

Porque los medios, lo he dicho siempre, no se hacen solos. Las noticias las hacen periodistas de carne y hueso.

Y no pido a los periodistas indepes -ni a los otros- que dejen al lado sus ideas. Solo faltaría. Sólo pido que informen con honestidad y con rigor. Que falta que hace.

Si me lo permiten, ya lo dijo Churchill en una frase que voy a abreviar: “una prensa libre es la guardiana incansable de todos los derechos”. Pues eso.

 

 
 
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19 Comentaris

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#11 José Luis Tarrida, Barcelona , 27/11/2021 - 22:01

Si us plau fes una recollida de firmes i ja tens la meva i d’altres que també signaran

#10 Sharp, Tarragona, 27/11/2021 - 11:52

Desde la discrepancia en muchas de sus posicionamiento, le veo a VD convertido a su pesar en un heroe de la lucha contra eol indpendentismo.

#9 Charly, Barcelona., 26/11/2021 - 23:32

Rius, pensé que lo mejor era llevar el tema a los tribunales, pero me he acordado de Navalny, Skripal y su hija Julia, Litvinenko, Lugovói, Kovtun, la Politkovskaya, Yúshenco y compañía, y vale más no menealo, porque no somos suficientemente ajenos a la democracia de Putin y demás.

#8 Very, V, 26/11/2021 - 21:25

Han quedado retratados.

#7 Marti, Palafrugell, 26/11/2021 - 19:45

Todos maman o aspiran a mamar del procés.