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La Punteta · 27 d'Abril de 2020. 20:43h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

El marco mental catalán

 

La teoría de los marcos mentales se debe a un lingüista norteamericano, George Lakoff. Progre, por supuesto.

Su libro “No pienses en un elefante” estuvo de moda hace unos años.

Hasta Zapatero lo fichó de asesor del PSOE. Aunque el hombre, en cuanto vio el percal, creo que salió por patas.

La idea es que los marcos mentales determinan cómo vemos la realidad.

“Los marcos son estructuras mentales que moldean nuestra visión del mundo”, afirmó.

Un poco -si me permiten la comparación- como los marcos de los cuadros, que también influyen en nuestra percepción de la obra artística.

A mí no me convenció del todo. Yo creo que en política no son importantes las palabras sino las ideas.

Pero su objetivo era desalojar a Bush y lo consiguieron: ganó Obama, que era el buen rollo personificado. ¡Hasta le dieron el Premio Nobel de la Paz nada más llegar! Total, por nada.

En Catalunya el marco mental es una herencia de Pujol.

De todas la obra de gobierno del expresidente -la propia Generalitat TV3, la escuela catalana, los Mossos- ésta es sin duda la más importante.

Básicamente es que los catalanistas son los buenos de la película.

Bueno, ahora los indepes.

Todo el resto son malos: socialistas, ciudadanos, comunes, populares e incluso indepes críticos o escépticos. Juraría que hasta abstencionistas por no comulgar a pies juntillas con el proceso.

Con el agravante de que … ¡no son mayoría! Sin embargo por los vericuetos de la ley electoral -o de la falta de ley electoral- manda siempre la minoría hegemónica.

Por supuesto, en este marco mental también influyen otros factores: el lenguaje, la batalla del relato, los medios de comunicación.

Lo que un día definió Gabriel Rufián, en un ataque de lucidez, como “independentismo mágico”. La burbuja mediática que han creado.

Desde luego no se hace en un día: se necesita mucho tiempo, mucho dinero y periodistas dispuestos a no hacer de periodistas.

Yo fui consciente de este marco mental en el turno de preguntas al Govern durante el pleno del viernes sobre los Presupuestos.

Si nos hubiéramos abstraido de las siglas habríamos llegado a la conclusión de que decían cosas más juiciosas los representantes de la oposición que los del Govern.

Aunque admito que es más fácil criticar que gobernar.

Jorge Soler, de Ciudadanos -médico de profesión- dijo una verdad como un templo: “estos Presupuestos que ustedes presentan no sirven”.

Raúl Moreno, del PSC, afirmó sobre las residencias que “no puede ser que una persona que tiene síntomas que esté en casa tenga más posibilidades de ser atendida en un hospital que uno que tenga síntomas en las residencias”.

Una sola frase encierra todo el drama de las residencias. Casi homicidio.

Mientras que Noemí de la Calle, también de Ciudadanos, preguntó al consejero de Trabajo y Asuntos Sociales.

La respuesta de Chakir El Homrani fue tan floja que hasta tuvo que decirle: “Conseller, palabras vacías. Es que no ha concretado nada”.

Ya puestos podríamos llegar a Alejandro Fernández, en la sesión de control al president.

La pregunta era muy concreta: “si comparte –como la señora Budó– que en una Cataluña independiente hubiera habido menos fallecidos”.

Torra aprovechó la respuesta para lanzar una indirecta a Torrent sobre … ¡los plenos telemáticos!

¡Era una sesión de control al president, no al presidente del Parlament!

El líder del PP catalán replicó que “han sustituido el indecente España nos roba por el inmoral España nos mata"

“¿Acaso alguien en Madrid les ha impuesto el caos en las residencias de ancianos que han provocado ustedes mismos? ¿O enviar una circular pidiendo un tratamiento de menor intensidad para los mayores de 80 años? Nadie”, añadió.

¿Y saben qué contestó Torra?

“Mire, de lecciones, ni una.

El “ni una” lo repitió hasta cinco veces. Debía estar pensando la respuesta.

“De verdad, ni una -insistió- porque yo me he dedicado desde que empezó la pandemia a salvar vidas, a estar al lado de la gente, de la salud de la gente”.

No sé si lo decía por aquella vez que confesó, en Rac1, que había estado todo un día “buscando batas”.

Quizá habría que añadir la pregunta del portavoz de JxCat, Eduard Pujol, también al Govern -respondió Miquel Buch- sobre la “recentralización” de las emergencias.

Son aquellas preguntas para dar coba al ejecutivo o para que el consejero de turno pueda explayarse.

Pero es que el dirigente de JxCat dijo una cosa muy fuerte: “en pocos meses el gobierno de Catalunya ha tenido que enfrentarse al incendio de la Ribera d’Ebre, al temporal Glòria y a la petroquímica de Tarragona y se ha gestionado bien”. Las negritas son mías.

A mí me vino a la cabeza que, durante la crisis de la pandemia, el presidente Torra ha agradecido al Ejército varias veces por la intervención de la UME en el mencionado incendio.

Que con los efectos del temporal se quejaron varios alcaldes del Maresme, algunos del mismo color político que los dos partidos gobernantes.

Y que con el accidente en la Petroquímica hubo tres muertos. Uno en su propio comedor a tres kilómetros de distancia.

Sin olvidar de que no sonaron ni las sirenas.

Aunque, por cierto, tampoco se ha sabido nada más del accidente.

Claro que Eduard Pujol era el mismo que decía -además de que le perseguía un tipo en patinete- aquello de primero la independencia y luego las listas de espera.

Pero lo más importante es que, cuando él sacaba pecho, el número de fallecidos en residencias ascendía a 2.621, según las funerarias.

Hoy lunes -cuando cuelgo este artículo- ya son 2.814. A ello hay que añadir 9.100 positivos y los 17.000 sospechosos.

Las residencias son, conviene recordarlo, competencia de la Generalitat.

Pero, por supuesto, a este marco mental han contribuido también como decía los medios de comunicación. Públicos y muchos de privados.

El sábado -al día siguiente del pleno- vi un despiece en La Vanguardia que decía así: “C,s abandonó el cartel y trasladó a Catalunya la nueva estrategia de Arrimadas”.

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Ciertamente yo también estaba cansado de los numeritos de Ciudadanos en los que, a la mínima, sacaban un cartelito o una foto.

¿Pero y los otros?

¿Es normal tener un Parlament con lazos amarillos?

¿O el día que corearon gritos de “¡Libertad, libertad!” para los CDR detenidos?

Otorgaremos a los citados CDR toda la presunción de inocencia que haga falta.

Y ojalá sea un montaje policial como dicen.

Prefiero esto que no pensar que independendistas han decidido traspasar la línea roja de la violencia.

¡Alentados además por diputados de JxCat y de ERC!

Aunque no he visto a ninguno de los detenidos, ahora en libertad, proclamar su inocencia o amenazar con querellarse contra el juez por prevaricación.

Sin olvidar tampoco el día que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea falló a favor de la inmunida de Oriol Junqueras.

Un fallo que, a la postre, sirvió de poco porque ya había sentencia firme del Supremo.

Pero convirtieron el hemiciclo en un patio de escuela o la grada de un estadio de segunda regional.

El propio Eduard Pujol -exdirector de Rac1, hoy lo recordaban en La Vanguardia- entró hecho un hooligan.

La guinda del pastel era otra información. En este caso del diario Ara.

“El desconfinamiento por provincias enfrenta Catalunya y el Estado”, titulaban a toda página.

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¡Nooooo!. Enfrenta a la Generalitat con el Estado.

No es toda Catalunya. La prueba es que el domingo los catalanes no hicieron caso -para bien o para mal- de las franjas horarias que recomendaba el propio Govern.

Y que conste que yo creo que hay un conflicto político entre la Generalitat y el Estado. Los independentistas mandan en la plaza Sant Jaume y por tanto, nos guste o no, nos representan a todos.

Otra cosa es que la ley electoral les beneficie a perpetuidad. Pero ése es otro tema.

Por eso, hasta que no rompamos el marco mental en el que ellos son los buenos y el resto los malos no hay nada que hacer.

¿Y esto cómo se hace?

Hace unos meses el excolega de La Vanguardia, Carles Castro, publicó un libro muy interesante: “Cómo derrotar al independentismo en las urnas”.

Su tesis -no en vano es experto en sociología electoral- es que hay una franja de 300.000 a 400.000 votantes que pueden hacer inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro.

Que lo que convendría sería una oferta electoral del catalanismo moderado para seducirlos.

Yo, modestamente, discrepo. Creo que una de las consecuencias del proceso es que ha arrasado también con el catalanismo.

Porque durante demasiado tiempo nadaron a favor de la corriente o miraron hacia a otro lado: Unió -ahora Units- rompió tres meses antes de ir a elecciones. Antoni Fernández Teixidó (Lliures) y Germà Gordó (Convergents) fueron consejeros de Artur Mas.

Tampoco oí a Marta Pascal ninguna crítica cuando era la número dos de Mas en el PDECAT. 

Ni a Carles Campuzano durante los casi treinta años -se dice pronto- que fue diputado, la mayoría en el Congreso.

¿Entonces?

La única opción es decir la verdad.

Para los masocas que tienen la inmensa paciencia de seguirme -aquí o en youtube- me repetiré porque ya lo he dicho en alguna otra ocasión pero voy a poner tres ejemplos históricos.

El primero es el de Winston Churchill, que les dijo a los británicos que sólo podía ofrecerles “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.

Es cierto que el discurso fue pronunciado el 13 de mayo, tres días después del inicio de la ofensiva alemana en el Oeste. Cuando ya campaban a sus anchas en Francia y se veía que las tropas aliadas se encaminaban hacia el desastre.

El general alemán Heinz Guderian, uno de los artífices de aquella victoria, recuerda en sus memorias que el día anterior habían conquistado ya la “histórica fortaleza de Sedan” (1).

El tercero, para continuar con la II Guerra Mundial, es el del camarada Stalin.

Cuando los nazis invadieron la URSS aquel domingo 22 de junio de 1941 pillaron a los soviéticos desprevenidos. Incluso a pesar de todos los indicios y advertencias.

El propio Stalin estuvo desaparecido más de diez días. Es uno de los múltiples misterios sobre su vida: si pilló una cogorza, estaba depre o había sufrido un colapso nervioso. Los nazis, ciertamente, parecían imparables.

Pero cuando reapareció les dijo a sus conciudadanos la verdad. ¡Incluso a pesar de que los rusos no estaban acostumbrados!

Vivían ciertamento bajo una dictadura. Un verdadero régimen de terror impuesto por el NKVD, el antecedente del KGB.

No obstante, Stalin habló por la radio el 3 de julio y les explicó la verdad.

Bueno, primero les dijo “camaradas, ciudadanos, hermanos y hermanas” cosa esta última a la que tampoco debían estar acosumbrados.

Luego les describió la situación del frente con pelos y señales: “Las tropas de Hitler han tenido éxito capturando Lituania, una considerable parte de Letonia, la parte occidental de Bielorrusia y el oeste de Ucrania” (2).

También admitió que habían sido bombardeadas varias ciudades importantes: Murmansk, Smolensko, Kiev, Odesa y Sebastopol, entre otras.

A continuación les dio esperanzas. Les aseguró que los nazis no eran “invencibles”, que Napoleón ya había fracasado -¡llegó a entrar en Moscú!- y que ellos también derrotarían a Hitler.

El tercer ejemplo es el del periodista Ben Bradlee.

Ben Bradlee (1921-2014) era el director del The Washington Post cuando el Watergate.

Bob Woodward y Carl Bernestein no hubieran podido seguir adelante si no hubieran tenido el apoyo del director y de la editora, Katherine Graham, que paraba los golpes de la Casa Blanca.

Sé lo que me digo. Cuando yo trabajé en El Mundo -investigando lo que luego sería el caso Treball- lo eché en falta.

Y no me refiero a Pedro J., que estaba a más de 600 kilómetros de distancia sino al que mandaba entonces en la redacción de Barcelona. Ahora lo veo, a veces, detrás o delante de Manuel Valls.

Pues bien, Bradlee narra en sus memorias cómo en pocos años paso del cielo al infierno: De ser el director del diario que derribó Richard Nixon -aunque Nixon más bien se derribó él solito- al que publicó una falsedad.

Unos años después, en los 80, publicaron un reportaje escalofriante de un niño heroinómano de … ¡ocho años de edad!

El reportaje en cuestión -difundido profusamente por otros medios de Estados Unidos- ganó el Pulitzer el 13 de abril del 1981.

Apenas dos días antes, la autora -una prometedora redactora llamada Janet Cooke- confesó que era falso. No existía el niño que se pinchaba en un suburbio de Washington.

Los primeros indicios saltaron cuando los datos del currículum de la galardonada -sus primeras prácticas y sus estudios universitarios- no coincidían con los reales. Y por las suspicacias de un colega, que empezó a sospechar.

¿Pero cómo pudo la redactora en cuestión superar todos los mecanismos de control? De hecho en el periódico ni siquiera cotejaron el currículum.

Entre la adversidad, Bradlee llegó a una conclusión: “la verdad es la mejor defensa y la toda la verdad es la mejor defensa de todas” (3).

O sea que lo contaron todo y pidieron perdón a los lectores. También, logicamente, abrieron una investigación interna y tomaron decisiones. Hubo varios ceses.

En estos días de confinamiento he encontrado un cuarto ejemplo en las memorias de Joseph Fouché (1759-1820), el temido ministro de la Policía de Napoleón.

Aunque, en este caso, creo que llegó a la conclusión tras dejar el cargo.

Lo dice en la primera página del libro: “El único medio de convertir estas memorias en útiles para mi reputación y para la historia es que se basen en la verdad pura y simple” (4). En traducción libre del francés.

Por eso, el independentismo debería decir la verdad. No sólo con el coronavirus sino con el proceso: lo hemos intentado pero con el 47% de los votos no era posible.

Aunque dudo que lo hagan. Se juegan demasiado. Y además sabían que no saldría bien: nos han estado engañando desde el principio.

Por eso hay que desalojarlos del poder.

A mí, a estas alturas, ya me da igual quien lo haga.

Como si es el PCUS -el Partido Comunista de la extinta Unión Soviética- aunque en este caso no entra dentro de mis preferencias, la Asociación de Amigos de la Petanca o el Partit dels Boletaires.

Lo han hecho demasiado mal -fatal en algunos casos- y durante demasiado tiempo.

Hay que abrir las ventanas de la Generalitat y vaciar los cajones como tras los 23 años de Pujol, cuando empezó a aflorar todo.

Será difícil, los medios de comunicación tampoco ayudan, pero da igual: la verdad siempre gana.

 

 

NOTAS

(1) Heinz Guderian: "Panzer Leader", Penguin Books, London 1996, página 101

(2) Richard Overey: "The New York Times complete World War II. The coverage of the entire conflict". New York 2013, página 183

 (3) Ben Bradlee: "A good life". Simon & Schuster, New York 1995, página 438

(4) "Mémoires de Joseph Fouché. Duc d'Otrante. Ministre de la Polica Génerale". Les amis de l'histoire. Ejemplar 6670, página 11

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27 Comentaris

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#22 ME APRIETA LA BARRETINA, TABARNIA, 01/05/2020 - 10:48

2) gran mayoría, resulta que no todos los catalanes son nacionalistas y algunos, muy pocos, nacionalistas tampoco son enteramente así.

Acaba Ud. diciendo que "La verdad siempre gana". No lo creo en absoluto. La verdad casi siempre pierde y eso suponiendo que sepamos cuál es La Verdad en un caso concreto (lo que ya es mucho suponer)

#21 ME APRIETA LA BARRETINA, TABARNIA, 01/05/2020 - 10:38

1) No es apropiado hablar de marco mental "catalán" sino "nacionalista catalán". Albert Soler, Vidal Quadras, Miquel Giménez, Porta Perales, Teresa Freixes y tantos otros (también anónimos) ¿No son catalanes?

Aceptarlo supone identificar catalán con mentiroso, cínico, acrítico, ovejuno, totalitario, etc. y aunque los nacionalistas lo so

#20 KernelPanic, Argentona de muy al sur, 30/04/2020 - 00:35

Sr. Rius, ha hecho una tremenda exposición, perfectamente resumida de la situación política catalana. Pero el gilipollas arraigado jamás dirá la verdad, porque no puede verla (Assholes: A theory). Si no cambia la "llei d'Hondt" la "Gene", siempre sera la "Gille" y todo será igual y de eso: todos somos responsables.

#19 Lepero, Barcelona/Tabarnia, 29/04/2020 - 13:04

Rius, hay que hacer caso a Gracián. Vaya paliza, la de hoy, estoy rendido.

#18 Juan Jose García, Cunit, 28/04/2020 - 19:56

Los marcos,mentales o de los otros,soportan muy mal los terremotos.Normalmente,se rompen.