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La Punteta · 8 de Març de 2020. 09:58h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

El ocaso del PDECAT

 

El caso del PDECAT se estudiará en el futuro.

Pero todavía no sé si en las facultades de políticas o en las de psiquiatría.

O incluso en Esade: cómo hundir tu imagen de marca.

Peor: cómo hundir tu propio negocio.

Porque Convergencia era la máquina perfecta. Ocupaba el centro del espacio político.

Para intentar entenderlo hay que remontarse a principios de este siglo.

Mas había obtenido 62 diputados en las elecciones al Parlament del 28 de noviembre del 2010.

Trias había alcanzado la alcaldía de Barcelona tras una larga espera -dos mandatos- en las municipales del 22 de mayo del 2011.

Y Duran 17 diputados en el Congreso en las generales del 20 de noviembre de 2011.

CiU mandaba en la Generalitat, en el Ayuntamiento de Barcelona y en las cuatro diputaciones. Sólos o con Esquerra.

Semejante acumulación de poder no se había visto nunca.

¿Cuándo la cosa empezó a torcerse?

Bueno, sin duda cuando Artur Mas convocó elecciones un par de años después aconsejado por José Antich y Francesc Homs.

Como se sabe perdió doce diputados de golpe. Ya nada sería igual.

¡A quién se le ocurre convocar elecciones anticipadas en plena crisis económica, Artur! Ningún gobierno europeo había sobrevivido al trance.

Hecho que confirma que Mas o es gafe o no tiene cintura política. Le falta algo fundamental: instinto.

Los convergentes ni siquiera aprendieron de la crisis del PSC, el gran rival desde los años 80.

A los socialistas, en efecto, les pasó una cosa similar.

Tocaron el cielo con el primer tripartito (2003). Por fin gobernaban a ambos lados de la plaza Sant Jaume. Aunque con Esquerra e Iniciativa.

En las eleciones del 9 de marzo del 2008 sacaron 25 diputados en el Congreso con Carme Chacón de cabeza de lista por Barcelona y Zapatero de jefe de filas en Madrid.

¡Lo nunca visto!

Desde entonces empezaron a bajar en cascada:

52 diputados en el 2003.

42 en el 2006.

28 en el 2010.

20 en el 2012.

16 en el 2015.

Pequeña remontada en el 2017: 17.

Parece que el PSC ha tocado fondo.

No estoy tan seguro.

Miquel Iceta pasó desapercibido en la última sesión de control.

Preguntó sobre la violencia machista con motivo del Día Internacional de la Mujer. Buena excusa.

Pero ni sobre Perpiñán ni sobre las polémicas declaraciones de Clara Ponsatí.

No vayan a enfadarse en Madrid. O los de la Mesa de Diálogo.

Metió más caña Sergi Sabrià (ERC) que el propio Iceta.

¡Miquel, que estás en la oposición! Ciudadanos te ha dejado el camino libre. ¡Aprovecha!

Pero lo dicho: la autodestrucción de la antigua Convergencia es digno de estudio.

Solo hace falta ver los sucesivos cambios de nombre: CiU, CDC, Democràcia i Lliberat -elecciones generales del 20 de diciembre 2015- Junts pel sí, Junts per Catalunya, PDECAT.

Ahora se disputan el espacio postconvergente JxCat, la Crida y el PDECAT.

Es como cuando, en mi infancia, teníamos que decidir entre la Fanta naranja, el Trinaranjus y la Mirinda.

Además se disputan la hegemonía independentista con Esquerra, que tiene las de ganar.

Sin olvidar escisiones y grupúsculos varios: Lliga Democràtica (Astrid Barrio), Lliures (Ferández Teixidó), Units per Avançar (Ramon Espadaler), Convegents (Germà Gordó), El País de Demà (Antoni Garrell).

El espacio catalanista ha saltado por los aires.

Todo ello sin olvidar el baile de siglas.

Han mareado hasta a los suyos.

Tras el caso Palau, la dirección ofreció a la militancia -a través de Jordi Cuminal- dos nombres durante el congreso del 2016: Més Catalunya y Catalans Convergents.

¡Fueron rechazados! Y con la pasta que les había costado.

Luego votaron entre Junts per Catalunya, Partit Demòcrata Català y Partit Nacional Català.

Tanto Mas como Puigdemont se inclinaron por este último.

El viejo nombre soñado a imagen del PNV.

Lo que podría confirmar que Mas es gafe. No da una a derechas.

Porque al final ganó el del Partit Demòcrata Català (PDC) por 200 votos.

Pero se lo tumbó después el Ministerio del Interior: ya había Demòcrates de Catalunya. Y Pasqual Maragall había inscrito en su día el de Partit Català d'Europa (PCD).

Finalmente la cosa quedó en Partit Demòcrata Europeu Català. Con franqueza: lo de PDECAT tiene reminiscencias intestinales.

Aunque lo peor no es el mareo de siglas.

Lo pero es que han dejado huérfanos a su electorado.

Las tietas, los botiguers, las clases medias de Catalunya.

Yo fui consciente definitivamente el día de la Declaración de la Llotja. Hasta estaba el presidente del partido, David Bonvehí, haciendo méritos en una esquina.

¿Qué hacen estos con Bildu?, pensé. 57164-screensnapz049.jpg

 

O el día que vi a Eduard Pujol, un convergente de toda la vida, manifestándose en Bilbao por los presos etarras junto a Arnaldo Otegi y Albert Botran, de la CUP.

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Por el camino han quedado víctimas colaterales: Marta Pascal, Santi Vila, Carles Campuzano, Jordi Xuclà, Maria Senserrich.

Tant se val, ellos son tan o más responsables que Mas, Puigdemont y Torra.

Cometieron un pecado equivalente: el del silencio. Callaron.

Y, en los consejos nacionales de Convergencia -aquellos que se celebraban en Bellaterra durante la época de las vacas gordas- aplaudían al líder a rabiar.

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Solo han sobrevivido algunos de la vieja generación.

Aquellos que han agarrado al proceso para sobrevivir políticamente: Albert Batlle, Ferran Bel, Josep Lluís Cleries.

Otros permanecen agazapados inquietos por los que les depara el futuro o simplemente han tragado: Marc Solsona, Marc Castells, Mercè Conesa, Neus Munté.

No se preocupen unos y otros: el proceso arrasará con todo. También con los que prendieron la mecha o los que miraron hacia otro lado porque tenían cargo.

Dentro de uos años estarán vendiendo churros. Como en Perpiñán. Quizá incluso antes. 66692-churros.jpg

Tendrán que desempolvar sus estudios de formación profesional -incluso inacabados-, sus licenciaturas, sus antiguos contactos profesionales y buscarse la vida en el sector privado tras viente años o más de actividad política. El reciclaje no será fácil. Tampoco es lo mismo empezar de nuevo a los 30 que a los 50.

Y si no que pregunten a Jordi Jané, que intenta levantar un bufete de abogados en Tarragona bajo el paraguas de Miquel Roca.

El proceso quemará a toda una generación. Como el Estatut ya quemó a otra.

¿Pero cuando fue el big ban? ¿La gran explosión? ¿El hara-kiri?

Seguramente aquel 9 de Enero del 2016 en el que Mas ungió a Puigdemont como sucesor.

Hasta entonces un diputado discreto cuyo único mérito era haber conquistado Girona al segundo intento.

Todavía recuerdo com lo recibieron en la antigua sede de CDC en la calle Córcega. Ahora en fase de derribo. Como el partido.

Ahí estaban todos aguardando a que viniera de Palau: Turull, Rull, Francesc Sánchez, Jordi Vilajoana, Irene Rigau, Àngel Colom, Pere Macias, Germà Gordó, Pere Vila, Jordi Martí, Ferran Falcó, Xavier Trias, Ramon Tremosa, Montserrat Candini, el citado Jordi Jané.

Algunos ni despuntaban: Marta Pascal y Damià Calvet estaban aún en segunda fila. Otros ni siquiera estaban: Elsa Artadi, Jordi Puigneró, Laurà Borras. Todavía no habían eclosionado.

Hasta había aquel presidente de la Diputación de Lleida, Joan Reñé, que luego tuvo que dimitir acusado de corrupción.

Los militantes le hicieron un paseíllo fuera entre esteladas. Puigdemont todavía iba de iconoclasta. Sin corbata. Bufanda al cuello.

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La CUP no había dado su brazo a torcer y Mas acabó cediendo.

Debieron pensar: ¡Estamos salvados! Los chiriguitos, los cargos, las nóminas, las asesorías.

Fue el principio del fin.

 

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5 Comentaris

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#6 pepe, andorra, 10/03/2020 - 13:42

por mi, como si se la machacan, a estas alturas, el asunto este me aburre sobremanera, q se decidan ya de una vez o q dejen de dar la chapa, pero q hagan algo, pq esto cada vez parece mas una distraccion con el unico fin de seguir saqueando el presupuesto mientras los pecheros, paganinis, miran a otro lado en lugar de luchar por sus derechos.

#5 Pdecadorlll de la Pdradera, Chiquitistán, 09/03/2020 - 19:43

En el PDcat hi va la PDnitència!

#4 Carles Fortuny, Palau de la Degeneralitat, 08/03/2020 - 23:56

"Lo peor es que han dejado huérfanos a su electorado" Lo peor no es eso Sr. Rius. Lo peor es que se han cargado la Comunidad Autónoma catalana a todos los niveles, incluida la convivencia. Ahora, el 8º pasajero que creció en sus entrañas, Führermont, los devora uno a uno.

#2 Menjamela Grandi, Anapurna, 08/03/2020 - 12:45

Lo cierto es que las CC.AA. se han revelado como el mejor instrumento para mantener las rancias castas caciquiles locales: PNV en el País Vasco, PP en Galicia, Psoe en Andalucía, ...
Aquí en Cataluña asistimos a la eterna lucha entre la Biga y la Busca, tan cazurros y caciques los unos como los otros.

#1 Onofre de Dip, Barcelona, 08/03/2020 - 11:26

La retirada de Pujol dejó un vacío colosal que nadie, ni el Tripartito ni Mas, supo llenar. Este es el origen remoto del Procés: la extinción de un modelo de mantenimiento y gestión del poder (incluidas las relaciones con Madrid) que no se supo reemplazar con nada, excepto con la locura política.
Un ejemplo de braudeliana Longue durée.