Publicitat
La Punteta · 30 d'Agost de 2017. 17:58h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

El peligro de los imanes

Los imanes no favorecen la integración, más bien la dificultan. De entrada hay que tener en cuenta que un imán no es un cura. Un cura tiene que pasar seis años en el seminario. En cambio, un imán es elegido por su propia comunidad. En general, la persona que más sabe del Corán. Con frecuencia de memoria.

En segundo lugar, hay que entender que un imán no es sólo una autoridad religiosa, sino también política, moral, social. Dice lo que está bien y lo que está mal. Quién es un buen musulmán y quién no. Además, su influencia es muy superior a la que tiene un capellán en la comunidad católica.

Entre otras razones porque las iglesias están cada vez más vacías y las mezquitas cada vez más llenas. Sólo hay que ver cuánta gente va a misa los domingos y cuánta gente sale de la mezquita los viernes al mediodía. Basta con contarlos. En el caso del templo católico son a menudo cuatro gatos. La mayoría ancianos.

Pero, por su propia naturaleza, un imán tampoco se integra. Dirige la oración cinco veces al día y, como no tiene otro trabajo, sólo se relaciona con musulmanes. Aún recuerdo el día que Artur Mas inauguró la sede de la Fundación Nous Catalans en Santa Coloma de Gramenet en el 2012. Saludó a uno.

Después hablé con él. No hablaba catalán ni castellano. Mientras que Nourredine Ziani, aquel que expulsaron, el hablaba "un poquito". Llevaba diez años en Catalunya. Cuando lo echaron, el director de Inmigración de la Generalitat, Xavier Bosch, dijo que la Policía española la había "secuestrado". Aquí somos de una inocencia.

Dejo de lado otras consideraciones como que es muy difícil integrarse en una sociedad, como la occidental, que en líneas generales se considera pecadora e impura. Nosotros -a diferencia de ellos- fumamos, bebemos y fornicamos (esta última actividad unos más que otros). La gente se integra en sociedades que inspiran un sentimiento de admiración. Y sobre todo: la gente se integra si se quiere integrar.

¿Qué ha hecho la Generalitat con todo este fenómeno? Nada, básicamente pagar. Cultivar las relaciones con imanes y entidades islámicas, incluso con subvenciones, porque pensaban que era una manera de penetrar en esta comunidad. En teoría de tenerlos controlados. Supongo que también estaba la voluntad de atraerlos.

De hecho, el CDC y el PSC trasladaron a la inmigración musulmana la carrera que habían hecho, en los años 80, para penetrar en la inmigración del resto del Estado. Ángel Colom puso manos a la obra para competir, en este campo, con Josep Maria Sala. En el fondo todos buscaban rentabilidad electoral. Que no digan ahora que lo hacían por el país. ¿Ya no recordamos tampoco que el ANC iba prometiendo papeles para todos? ¿Cuántas veces he dicho que era un error? Peor que un error: una irresponsabilidad.

Y eso que había indicios de que no todo eran rosas. ¿Recuerdan aquel imán de Terrassa que recomendaba pegar a las señoras? ¿O aquel otro de Cunit que se enfrentó a la mediadora social? ¿Y aquel de Lleida -incluso salafista- al que le dábamos el Pirmi, una especie de renta mínima?

Por supuesto tampoco se puede criminalizar a todos los imanes. Seguro que hay bellísimas personas. Incluso puede que hablan catalán o castellano. Y que han acabado asumiendo que una cosa es la religión y la otra la política. Pero la mayoría, ya me perdonarán, no facilitan la integración.

Como la apertura de mezquitas. Aunque de eso ya hablaremos en un próximo artículo. Ahora tendremos que hacer a toda prisa el debate sobre la inmigración que hubiéramos debido hacer hace años. Cuando comenzó. Hablar sin rodeos, pero también sin ambages. Ahora ya no te pueden decir xenófobo o islamófobo. Después de lo ocurrido ya no. Y sobre todo después de lo que descubrimos día a día.

Hay chicas que, cuando llega el imán, dejan de llevar vaqueros. O vuelven a ponerse el velo. Su control sobre la comunidad musulmana es mucho más férreo. Un día me contaba el entonces diputado de Unió en el Parlament catalán Xavier Dilmé, espero que me permita la indiscreción, que en un pueblo del Baix Empordà hacía bajar las mujeres de la acera cuando pasaba él.

Y el otro día me explicaban que en Falset, en el Priorat, tuvieron a uno que no escolarizaba a sus hijas. Cuando le dijeron que tenía que hacerlo se trasladó a Marçà, el pueblo de al lado. Y cuando le dijeron que también las tenía que escolarizar envió toda la familia en Marruecos.

Por ello, qué ha hecho la Generalitat en este caso: nada. Como en otros fenómenos vinculados a la inmigración, sobre todo la musulmana, mirar hacia otro lado. Ahora el daño ya está hecho. Podemos pagarlo carísimo. En realidad, lo hemos empezado ya a pagar.

Publicitat
Publicitat

0 Comentaris

Publicitat