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La Punteta · 17 de Setembre de 2018. 10:55h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

El puente de Génova

 

Espero que lo del puente de Génova no sea corrupción.

Como el terremoto de México de 1985

En realidad no fue uno, fueron dos: el primero el jueves 19 de Septiembre. El otro, al día siquiente.

En esa época era yo casi un recién llegado al periodismo. Trabajaba en La Vanguardia. Tuve suerte porque empezaba mis vacaciones. Tenía billete para México precisamente ese mismo día. Y el gran Joaquim Ibarz, corresponsal del diario en América Latina, estaba disfrutando de las suyas en España.

Hice lo que pude. En esa época no había internet ni móviles. Había que mandar las crónicas, per télex, desde la delegación de la Agencia Efe. Ibas muy a ciegas.

El Estado, en cierta forma, había desaparecido. Los efectos del terremoto fueron tan devastadores -superó el nivel 8 de la escala de Richter en una zona densamente poblada- que la gente tuvo que hacer casi las operaciones de rescate por su cuenta. Las autoridades no daban al abasto.

Recuerdo especialmente una visita a Tlatelololco, uno de los barrios de la capital. ¿Saben quién dirigía las operaciones? ¡Plácido Domingo! Unos tíos suyos habían quedado atrapados en un edificio.

Se le acercaba alquien y le espetaba:

- “¡Plácido, Plácido, te hemos traído unas mantas!”

Y la estrella de la ópera contestaba: “déjenlas aquí o allí”.

Lo dicho: el Estado estaba ausente

Había un edificio, el Nuevo León, de 13 pisos de altura y 200 metros de longitud en el que vivían unos familiares. Imaginen un Bellvitge pero con edificios horizontales en vez de verticales. Creo que fallecieron todos: unos tíos, una prima, un sobrino recién nacido.

Recuerdo tambén una visita del entonces ministro de Sanidad, Ernest Lluch. Lluch instía, con toda la buena voluntad del mundo, que habían traído un aparatito alemán para detectar a víctimas de derrumbes.

Ya era curioso que el ministro de Sanidad español lo fiara todo a un “aparatito alemán” pero tampoco dio resultado el invento. Era ideal para accidentes en minas, no para terremotos.

Muchos de los edificios públicos -incluso escuelas- se habían derrumbado como sandwiches. Dejando atrapada a la gente entre piso y piso. Imposible rescatarlos. El espesor de hormigón de cada planta era demasiado grueso.

¿Por qué cedían más edificios públicos que privados? Nadie se atrevía a decirlo pero previsiblemente era por la corrupción. El arquitecto o ingeniero que había designado la obra pública supongo que se había ahorrado costes en los materiales.

Espero que el puente Morandi no haya cedido por lo mismo. Los italianos no se lo merecen.

 

 

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2 Comentaris

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#2 Pepe, Alacant, 18/09/2018 - 12:16

En los contratos públicos suele haber una larga cadena de intermediarios, entre quien se adjudica la obra y quien realmente la hace, con un presupuesto muy inferior al contratado. Cabría suponer que el contratante revisara con rigor que la obra se ajustara a lo que ha pagado, pero tampoco ocurre, el porqué es fácil de imaginar.

#1 pepe, andorra, 17/09/2018 - 14:03

Desengáñese, es pura y simple corrupción, la segunda profesión mas antigua de la tierra después de la prostitución....