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La Punteta · 6 de Desembre de 2018. 21:20h.

JOAN FERRAN

Joan Ferran

El ruido de los hiperventilados

Espero que ustedes me disculpen. Voy a contarles una batallita de viejo roquero y a narrarles unas reflexiones que formuló Pasqual Maragall en cierta ocasión. Creo que hoy vienen a cuento dado ese hábito, que se está imponiendo en nuestro país, consistente en reventar actos políticos ajenos, increpar al diferente y tildar de fascista al adversario sin que importe un rábano su credo o posición.

Allá por los años noventa del pasado siglo, en la barriada de Sant Andreu y en una placita con encanto, los socialistas barceloneses celebraban una de sus tradicionales cenas multitudinarias en clave electoral. Mesas de madera, sillas de tijera y manteles de papel estaban preparados para que los asistentes disfrutaran de una cena frugal, mientras los oradores glosaban las virtudes y los logros de la acción del gobierno municipal. Todo discurría según lo previsto pero, súbitamente, desde el fondo de la plaza, un ruidoso grupo de insumisos -en aquella época llamados los Mili Kaka- irrumpieron en la misma generando un gran alboroto. El tema se saldó con encontronazos varios y sillas voladoras que, afortunadamente, no llegaron a herir a nadie. Vuelta a la calma, comentando lo sucedido con Pasqual Maragall, algún pelotilla insinuó que aquellos mozalbetes contrarios al servicio militar estaban financiados por turbios intereses políticos. Maragall lo negó y nos convidó a reflexionar. El alcalde argumentaba que la ruidosa presencia de aquellos muchachos, en el fondo. Era un reconocimiento de que allí, en aquella plaza, había poder. Poder de decisión y capacidad para modificar las políticas. Según él, las reivindicaciones tumultuosas no suelen personarse en los actos de los que no tienen nada que rascar. El ruido va a casa del que manda, del que se teme que pueda mandar o del que sirve de excusa para justificar u ocultar errores propios.

Estos últimos días hemos asistido a varios conatos de boicot político. Inés Arrimadas y Manuel Valls tuvieron que sortear la música desafinada con la que les recibieron en el Liceo. En Girona, los manifestantes constitucionalistas precisaron protección policial para ejercer su libertad de expresión. Y, para completar el panorama, nos hemos enterado que los hiperventilados de la ANC y los CDR pretenden colapsar Barcelona el próximo 21D. Pues bien, visto lo visto, los comentarios de Maragall -el de veras, no el Tete- cobran actualidad. Pedro Sánchez y su gobierno mandan y pueden modificar el curso de algunos acontecimientos con sus decisiones políticas. ¿Es por esa posibilidad de modificar las cosas, la razón por la que los hiperventilados van a salir a la calle? ¿Por ventura no serán esos alborotadores los partidarios de que cuanto peor mejor? ¿Acaso no denotan temor sus puyas y descalificaciones hacia otras fuerzas políticas? Los hiperventilados derriban barreras de protección, atacan a los Mossos e intentan impedir eventos democráticos. A renglón seguido se lamentan de la intervención policial ante las cámaras, como no, de TV3. Patético. El ruido de los hiperventilados también consiste en catalogar como fascista todo lo que se mueve y no es de su agrado. Su léxico es tan reducido que el término fascista sustituye cualquier otro adjetivo. Ya no hay conservadores, reaccionarios, socialistas, carlistas, liberales, monárquicos, comunistas, ni librepensadores… Todo lo que no coincida con su credo secesionista es fascista. ¡Ahí es ná!

Los hiperventilados seguirán incordiando al mundo mundial. Mientras tanto, babean con las mezquinas palabras que Quim Torra ha pronunciado en Eslovenia.

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3 Comentaris

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#3 XMB, Barcelona, 07/12/2018 - 17:59

Muy cierto.

#2 botifler1914, Watermelon, 07/12/2018 - 09:33

Y cuándo el gobierno alienta a los hiperventilados quién nos va a defender de ellos y dejarnos ir a trabajar el día 21?

#1 M. Pilar, Barcelona, 07/12/2018 - 09:28

¡Cuánta sabiduría!