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La Punteta · 5 de Juny de 2019. 08:14h.

RAFAEL ELÍAS

Enrique Granados

Rompe la mañana y va junto al sol, por mi ventana, una melodía al piano. La conozco, es de Granados. Una goyesca. Algún vecino que echa mano de Radio Clásica, pienso.


Y, al gorgoteo del primer café, me doy a recordar al artista. Enrique Granados, leridano ilustre, rebautizado por el ultranacionalismo como “Enric”, era persona viajada y de mente abierta. Mal asunto para los golpistas. Hoy el compositor sería tildado de “botifler”, y eso en el mejor de los casos. Solución: “normalizar” su nombre y no ahondar demasiado. Y, ya puestos, hacer lo mismo con otro músico leridano: Ricardo Viñes. “Ricard” ahora, y a veces “Vinyes”, que aquí eso de la Ñ algunos lo llevan fatal. Con el apellido Granados aún no se atreven. Magraners, por mucho que sea un barrio de Lérida, suena raro. Ojo, que tras el Cervantes-Sirvent, éstos se atreven con todo. Se verá.


Gustaba Enrique de viajar a Los Madriles y perderse en la algarabía de las praderas de San Isidro, donde se bebía aguardiente y Goya se había inspirado para sus tapices, de los cuales bebió también nuestro ilustre leridano para firmar sus más conocidas obras. Del aguardiente pasamos al aguafuerte, y de ahí al capricho goyesco donde el sueño de la razón (nacionalista) produce monstruos. Como muestra, nuestro experto en ADN favorito.


Bueno, volviendo al compositor, el tema no hay por dónde cogerlo desde una perspectiva indepe. Para más inri, era descendiente de guardia civil. Lo que faltaba. Por aquel entonces la industria del automóvil aún estaba arrancando, así que no se puede acreditar que los Josus Terneras de la época amenizaran a su familia con el amable cántico “esta noche, mira bajo el coche”. Si acaso, “este verano, mira bajo el piano”, que así son o eran los versos de esos hombres de paz, rimas sencillas y directas a la nuca. “Un home de pau, el senyor Vedella”. Ni paz ni hostias. Granados se casó con Gal (Amparo). Echen a correr.


Voy terminando el café y noto que ha vencido mayo, el mes leridano por excelencia -Fiesta Mayor y Aplec del Caragol, la mejor fiesta del mundo-, y viene esto al caso porque ambas son celebraciones cuyo epicentro se ubica en el Parque de los Campos Elíseos, donde, casualidades de la vida, Granados y Viñes brindaron un concierto único para la Historia de nuestra ciudad, hace ya muchos años. Porque el parque leridano fue inaugurado en 1864. Con lo cual este año es el 155 aniversario. No se prevé ninguna celebración al respecto por parte del gobierno municipal entrante, pero, ya que estamos en harina, no estaría de más que el nuevo alcalde exija a la Generalidad la inmediata restitución a Lérida del archivo completo de nuestro genial compositor, expoliado e injustamente ubicado en Barcelona, a muchos kilómetros de distancia. Concretamente, 155 km, que ya saben que es la distancia entre la Terra Ferma y la ciudad condal.


Que nos devuelvan el archivo, ya de noche o de madrugada, o cuando rompa la mañana, y vayan junto al sol, por las ventanas, melodías al piano, probablemente sintonizadas en la radio por algún vecino despistado.

“A mi me parece que el arte no tiene nada que ver con la política”. (Enrique Granados)

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