La Punteta · 9 de Maig de 2022. 09:18h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

España, ¿sociedad del ocio?

En lo más crudo de la pandemia, cuando hubo que confinar a la población restringiendo las actividades no esenciales, uno de los lamentos más oídos fue el del mundo del ocio.

En los telediarios -y en cabeza los de TVE- después de informar de la situación epidemiológica y sanitaria, no se hablaba de las fábricas, que continuaron produciendo -SEAT solo paró parcialmente- ni de otros servicios distintos a los sanitarios, que continuaron funcionando, sino una y otra vez del cierre de discotecas, bares, restaurantes, canchas, campos de futbol, etc. y de la suspensión de toda clase de espectáculos.

Empresarios, directivos, trabajadores, clientes, espectadores fueron asiduamente entrevistados, pudiendo exponer sus quejas contra la dureza de las medidas. Empresarios y patronos aprovechaban para añadir al lamento la petición de ayudas públicas. Los del ocio nocturno los que más.

En las residencias de la tercera edad, la audiencia cautiva de los residentes veía en las pantallas el espectáculo de los espectáculos cerrados. Probablemente sin entender nada. Su única certeza era que se sentían abandonados, se contagiaban y corrían el alto riesgo de fallecer en una inhumana soledad.

La señal más fuerte de la vuelta a la normalidad que los telediarios nos han dado ha sido la apertura de bares, restaurantes, cines, teatros, conciertos de música en vivo… y el llenazo de calles comerciales, estadios, pistas de esquí, playas...etc.

 Diaz Ayuso incluso ganó unas elecciones porque en Madrid se pudo ir de cañas mucho antes que en otros lugares, los gobernados por políticos socialistas o timoratos, según ella.

Bien está que un país se reconozca en sus alegrías y entretenimientos, pero la vida colectiva es bastante más que eso, es el trabajo, no solo el de los trabajadores del ocio, el de las fábricas y el del campo, por ejemplo, es el estudio, es el arte, es la excelencia, es la desigualdad, es también el sufrimiento, no solo el causado por la pandemia.

La duda sigue siendo la misma: ¿reflejan las pantallas la realidad o la deforman?

Por razones que no vienen al caso, veo con frecuencia los informativos de la alemana ARD y de France 2. Ni punto de comparación. El espacio dedicado al ocio es mínimo o inexistente.

¿Somos una sociedad del ocio, ociosa a la fuerza o por voluntad, algo frívola incluso, o se nos deforma, presentándonos como tal? Me inclino con matices por la segunda interpretación.

Digámoslo sin más tapujos, con todas las excepciones que se quiera -y las hay- tenemos un cuerpo de periodistas que en la selección de la información se deja llevar por lo fácil, lo sentimentaloide, lo superfluo, lo kitsch, por el espectáculo, en suma, más interesados por el ocio que por el trabajo. No son solo el mensajero, actúan como cómplices necesarios de la sociedad del ocio.

Y no hay diferencias significativas de un territorio a otro de la ancha España. No se percibe singularidad alguna en Cataluña, que justifique tanto enredo como tenemos, ya me entendéis.

¿Qué hacer? No lo sé. Habrá que preguntar a los buenos profesionales del periodismo cómo se puede reflejar toda la realidad social, y no solo una parte de ella.

La sociedad del ocio segrega cultura del ocio, que se convierte en ideología dominante, dañando o reduciendo la riqueza de registros de la sociedad real.  

Aunque la interpretación de Byung-Chul Han, el genial filósofo surcoreano afincado en Alemania es otra. Sostiene la tesis de que el espectáculo era lo real y el ocio era el sometimiento consentido al espectáculo.

Era, dice Han, porque entonces estábamos en la biopolítica y ahora estamos en la psicopolítica, en el régimen de la infocracia, el sometimiento consentido a través de la dominante smartphonia.

De ser así, en España viviríamos aun en el ayer, en el atraso de la sociedad del ocio.

 

Publicitat
Publicitat

1 Comentaris

Publicitat
#1 Andrea, Barcelona, 09/05/2022 - 17:17

Sí, parece que seamos un país que nos pasamos el día de fiesta. Desde Sem Sta en que llegó el fin de las mascarillas y se abrieron fronteras, por así decirlo, cada día en las noticias televisadas, se habla de turismo, del porcentaje de ocupación, de diferentes fiestas locales, por cierto, prácticamente todas, relacionadas con hechos religiosos.