La Punteta · 7 de Juny de 2021. 11:53h.

VICTORIA MARTIN

Victoria Martin

España, Turquía y Catalunya (Quatrilogía turca I)

No ha sido infrecuente en la escatología nacional-catalanista de la última década referirse a Turquía como símil de su visión sociológica, política e institucional de la España actual. Tengo una amiga académica que reside en el extranjero que al principio del “procés” hacía campaña fuera a favor de la independencia con ese argumento. Les aseguro que tiene una capacidad intelectual contrastada y, sin embargo, sigue convencida de ello. La analogía se ha hecho en los dos curiosos sentidos en español que ha tomado este término de origen griego. Por un lado, hace referencia al conjunto de ideas relativas a lo que sucede después de la muerte, las “realidades de ultratumba”. España como realidad democrática habría fenecido, asemejándose el finado a la actual Turquía quasi autoritaria presidida por Erdogán. Parafraseando a C. Arias Navarro, y su comunicado del fallecimiento de Fr. Franco, “Catalanes”, repiten solemnes los líderes independentistas y sus terminales de comunicación Cubavisión3 y CatRadio Rebelde “la democracia española del 78 ha muerto”. Por otro, lo escatológico en español y catalán designa también el uso de imágenes, palabras o temas relativos a los excrementos. Habría buscado esta segunda analogía echar paletadas de estiércol sobre todos los españoles como sociedad anudada por el Derecho. No nos detendremos en esta tentativa xenófoba de insulto.

La primera comparación ha sido siempre manifiestamente falsa y, por fortuna, no se ha cumplido el dicho español que la inspiraba, esto es, “difama que algo queda”. Diez años después del inicio del procés, la prestigiosa Freedom House sigue calificando a España como una democracia de libertad plena con una puntuación de 90 sobre 100, la misma que Francia, mientras que, por desgracia para sus ciudadanos, Turquía recibe 32 puntos y es categorizada como un Estado “no libre”. El otro índice universal de referencia para estos asuntos, el Democracy Index de la prestigiosa “Economist Intelligence Unity” mantiene también a la España 2020 entre las “Democracias plenas”. El Club Gourmet de la democracia. Turquía sigue aquí desmejorada. El índice ordena a los Estados en cuatro cestos. De más a menos democracia se categorizan como “Democracia plena”, donde se ubica un puñado de veinte estados Spain in; “Democracia deficitaria”; “Régimen híbrido”, cesto en el que recala Turquía; y “Regímenes autoritarios”. Aproximadamente un 85% de los 167 Estados evaluados quedan en las tres últimas categorías.

Para que nos hagamos una idea del rigor con el que se cuece la clasificación, Francia, Italia, Portugal, Japón o Estados Unidos, no sólo están por debajo de España sino que se ubican en el cesto de las “Democracias deficitarias” fuera del podio que nos reservan a las mejores. Turquía y España, en este aspecto, tienen el parecido de un huevo con una castaña. La analogía independentista es otro engaño más de tantos. La democracia nacida y desarrollada al abrigo de la Constitución Española de 1978 no sólo no ha muerto sino que goza de una salud de roble merecedora objetivamente, año tras año, de la Medalla de oro en la Olimpiada y el Mundial de las democracias. A penas hay que pasarle un paño para que brille más, como el sol. Por ello se debe recelar de los que la dan por finiquitada. ¿Quién quiere liquidar un status quo jurídico-político que nos ha ubicado en la cumbre de las democracias del planeta en apenas cuarenta años, superando a Estados como Francia, EEUU o Japón? Sólo gente sospechosa de ser contraria a las libertades individuales y a la separación de poderes. ¡Larga vida, así, a la democracia española del 78! Se debe defender con uñas y dientes frente a sus asediadores. Sólo quieren que caigamos del pedestal.

La parte catalana que maneja el ariete anticonstitucional es, además, autora de la monstruosa Llei 20/2017, del 8 de setembre, de transitorietat jurídica i fundacional de la República. Allí, para asegurar la ausencia de separación de poderes, se “ensoñó” crear una República en la que, de conformidad con su art. 66.4 “el president o presidenta del Tribunal Suprem és nomenat pel president o presidenta de la Generalitat” a propuesta de un órgano también gubernamental. Eso sí es un régimen alineado con las políticas de Erdogán el Turco. El lenguaje inclusivo era para afectar el sentido democrático en lo formal y pasar de tapadillo la añagaza despótica. Si a esto se suma que son los mismos que han conseguido que Cataluña se ubique en el furgón de cola del European Quality of Government Index 2021 es fácil averiguar de qué pie cojean. El informe, elaborado por The Quality of Government Institute de la Universidad de Goteborg (Suecia), es el estudio más importante sobre la calidad democrática de los gobiernos subestatales en términos sociales, económicos y políticos siguiendo estándares internacionales para su definición. Mide tres aspectos: la imparcialidad de los gobiernos regionales; su corrupción institucional, esto es, el abuso de los cargos públicos para la obtención de ganancias privadas; y la calidad de sus servicios públicos propios. El carácter regional del informe se explica porque “cuando se trata de conocer la calidad del gobierno bajo el que se vive, en qué región vives es tan importante como en qué Estado vives”.

El informe se realiza mediante entrevistas a personas que viven en cada región, con la tipología de muestreo que describe el propio informe en el Apéndice. Se responden preguntas bien pergeñadas como “¿Cómo valoras la calidad de la policía en tu región?”; o “¿Todos los ciudadanos son tratados con igualdad en la educación pública?”; o bien “¿La corrupción en su área se usa para obtener accesos a privilegios o riqueza de forma injusta?”. Muestra científicamente, así, la percepción ciudadana en lo que se investiga. Cataluña, Andalucía y Canarias son las tres únicas regiones de España que suspenden claramente en el índice, aunque Cataluña obtiene una puntuación notablemente inferior a las otras dos: -0.7 frente a -0.5 de Andalucía y de Canarias. Se las representa en un mapa Europeo en rojo vivo (p. 14) que comparten con varias regiones italianas y muchas de la Europa del este. Como es fácil deducir, la categoría gubernamental de los länders alemanes, o las regiones de Dinamarca o Suecia, otros de los símiles recurrentes del nacional-catalanismo para referirse a su Cataluña quimérica, se visualizan en un azul intenso o muy intenso, lo que traslada el significado de ser los espacios con mejor gobernanza y menos corrupción. Así que también se puede afirmar que en estas cuestiones Cataluña se parece a Dinamarca, Suecia o Alemania, como otro huevo a otra castaña. Así lo dicen los investigadores de la universidad sueca. Merece la pena destacar, por contra, que hay varias Comunidades Autónomas españolas, como el País Vasco, Asturias, Navarra, o la Rioja, reflejadas con un azul consistente -País Vasco con más intensidad-; y otras como Castilla la Mancha,Extremadura, Cantabria, Valencia o las Baleares con un azul clarito. Todas ellas muestran cuáles son realmente las regiones de España que se configuran como la auténtica “Dinamarca del Sur” en lo que mide este índice. Estoy segura que tras leer este artículo la ANC, Omnium Cultural y la miríada de entidades patrióticas saltarán a cortar la Meridiana, se estirarán los cabellos en público, se darán golpes en el pecho y lanzarán lamentaciones como plañideras egipcias con el fin de forzar la creación de una “Taula contra la corrupció i el desgavell institucional català”. Veo a Elisenda Paluzie, Pilar Rahola o la investigada Laura Borrás como praeficas (guías) de la comitiva.

Se debe celebrar, en todo caso, el nulo impacto de las insidiosas campañas secesionistas en el exterior para intentar dañar la reputación española como democracia plena; y lamentar, a la par, la burrada de millones de euros del presupuesto de la Generalitat que se han tirado a los cerdos para ello. Hará bien el Tribunal de Cuentas en intentar por todos los medios su recuperación para que vuelvan al sitio de donde no debieron salir, el saqueado Presupuesto de la Generalitat, y contribuyan así a levantar las olvidadas políticas sociales en Cataluña que es para lo que se habían sacado de nuestros bolsillos como sufridas/os contribuyentes. Sumarizando el match internacional: España sobresaliente en libertades y calidad democrática institucional generales; Cataluña suspenso en buena gobernanza y corrupción pública. ¿Qué formas de gobierno están más cerca de las que tristemente padecen los ciudadanos turcos? Sólo falta que lo expliquen las cubanísimas TV3 y Catalunya Ràdio. En lo de los medios de comunicación públicos, Turquía está por encima de Cuba en libertad de expresión. No caerá la breva.

 

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