La Punteta · 30 de Juny de 2022. 08:13h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

Historia del suicidio catalán

 

No hay pueblo que haya puesto más empeño en el suicidio que el catalán.

Quizá deberíamos retroceder hasta la Guerra Civil catalana que enfrentó durante diez años (1462-1472) a la Generalitat con el rey, en este caso Juan II.

El conflicto, como se sabe, acabó en tablas pero el monarca empeñó los condados del Rosellón y la Cerdaña -lo que ahora llaman la Catalunya Nord- para poder financiar su ejército.

Los franceses tardaron en devolverlos -hasta el Tratado de Barcelona de 1493- pero les quedó el gusanillo. Como el niño que prueba un dulce a la puerta del colegio.

Además, siempre han sido patidarios de las fronteras naturales: los Pirineros, el Rin, el mar.

Curiosamente los historiadores catalanes han pasado de puntillas sobre esta contienda.

De hecho sólo hay una obra de referencia: la de los Sobrequés -padre e hijo- y data del … ¡1973! (1).

Pero, en mi modesta opinión, es fundamental para explicar la decadencia medieval.

Imaginen cómo debió quedar el Principado tras una guerra cuando su población apenas alcanzaba unas 400.000 personas, según todos los cálculos.

En esa época no había tampoco la Convención de Ginebra ni otras zarandajas sobre el respeto de prisioneros.

En palabras de Quim Nadal, cuando ejercía de historiador: “el país sortia de la guerra desfet i arruïnat” (2).

Depués está la de 1640.

Pau Claris proclamando la República catalana.

Duró apenas una semana.

El tiempo necesario para ponerse bajo la protección del rey de Francia, Luis XIII.

Como entonces no había ni teléfono ni internet y las carreteras estaban como estaban el monarca tardó año y medio en contestar afirmativamente.

Total para descubrir que estar bajo la monarquía francesa era peor que estar bajo la monarquía española.

Tras doce años, hicimos el negocio de las cabras: Catalunya perdió el 10% de su territorio. Los condados mencionados más arriba.

Entre otras cosas, los catalanes ayudamos a conquistar Perpinán para los franceses. Se la quedaron definitivamente.

El rey Felipe IV, por cierto, nos perdonó. Incluso contra el criterio de la Corte y, por supuesto, del conde-duque de Olivares.

Detalles sobre el que pasan también de puntillas la inmensa mayoría de historiadores catalanes.

En fin, luego está la guerra de 1714.

Otra vez apostamos por el bando perdedor.

Como en el caso anterior un dato importante: los catalanes juramos fidelidad a Felip V -sí: Felipe V- en las Cortes de Barcelona de 1701-1702.

El cambio de bando se produce con el Pacto de Génova (1705) en el que unos representantes de la pequeña nobleza de Osona alcanzan un acuerdo con un diplomático inglés, Mitford Crowe, que había sido comerciante de aguardiente en Barcelona. Parece que, en esa época, podían compatibilizarse ambas actividades.

Destacar, en este caso, que no fueron las instituciones catalanes -la Generalitat, las Cortes, el Consell de Cent- las que iniciaron la aproximación sino los vigatans.

Tampoco entiendo el cambio de bando. Parece que Felipe V nos ofreció dos barcos al año para negociar con América y el archiduque Carlos -Carlos III en caso de reinar-, tres.

Fue, en todo caso, también una guerra civil a pesar de que la Generalitat -en aquel célebre simposio- nos lo vendiera como una guerra de España contra Catalunya.

Algunas poblaciones permanecieron fieles a Felipe V como "Cervera, Berga, Centelles, Ripoll o Manlleu" por mucho que la mala fama se la hubiera llevado la primera (3).

A continuación está el 6 de octubre. Ya lo dijo Gaziel, entonces director de La Vanguardia, era "una declaración de guerra”.

Luego añadió: "La historia de Cataluña es esto, cada vez que el destino nos coloca en una de esas encrucijadas decisivas en que los pueblos han de escoger, entre varios caminos, el de su salvación y su encumbramiento, nosotros, los catalanes, nos metemos fatalmente, voluntariamente, estúpidamente, en un callejón sin salida”

Y no les molestó con el 1-O porque son hechos recientes todavía frescos en la memoria.

Sólo resaltar la coincidencia: dos de los principales protagonistas huyen.

Dencàs huye por las cloacas.

Puigdemont, escondido en el maletero de un coche.

Y los tempos: una dura doce horas. La otra apenas ocho segundos.

O sea que incluso en eso hemos empeorado.

Es cierto que otros pueblos se han suicidado a lo largo de la historia.

Como los cartagineses. Nunca sabremos qué habría pasado si Aníbal hubiera atacado Roma tras la batalla de Cannas.

El ejemplo más trágico -para ellos y para el resto- es el de los alemanes durante los años 30.

O han sido barridos por la historia: los mayas, los aztecas.

Pero ninguno como los catalanes ha demostrado tanta perseverancia.

Lo atribuyo a la perseverancia de las élites y al error de cálculo que cometen sistemáticamente.

Siempre hemos ido justos de fuerzas a lo largo de la historia.

Y errando en el cálculo.

Son, no sé: ¿mil, dos mil, tres mil personas, quizá cuatro mil personas? que nos han llevado al despeñadero.

Entre president, consejeros, partidos (ERC, Junts, la CUP), diputados y altos cargos.

Pero no olviden tampoco la responsabilidad de medios de comunicación -con TV3 al frente-, periodistas, palanganeros, intelectuales orgánicos y presuntos historiadores.

 

 

(1) La guerra civil catalana del segle XV. Edicions 62. Barcelona 1973

(2) Dos segles d'obscuritat. Dopesa. Col·lecció Conèixer Catalunya, Barcelona 1979, pàgina 10

(3) Jordi Canal: Historia mínima de Cataluña. El Colegio de México-Turner. Madrid 2015, página 107

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26 Comentaris

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#15 Galba, Barcelona, 02/07/2022 - 20:46

"Cada cop que els catalans hem volgut fer una guerra o una revolta, aquesta ha acabat en el més absolut dels ridicols" (Tot s'ha perdut - Agusti Calvet, Gaziel*)
*Català de socarrel, fill de Sant Feliu de Guixols (per si algu es pensa que es (era) de Vox.

#14 Yossi , Milano, 01/07/2022 - 11:55

Cataluña nace como condados feudales, y la mentalidad feudal se ha mantenido siempre en las clases dirigentes.

#13 Andy, Barcelona, 01/07/2022 - 09:20

Xavier, hasta el analfabeto más disfuncional de las Hurdes o de la Sierra de Cazorla sabe que no te puedes fiar de los políticos. Nuestros llacistes (muchos con idiomas y estudios) aun siguen confiando en Ítaca y el gelat de postre. Después de años de embustes, siguen teniendo fe. No hay nada qué hacer. Supremacistas y patéticos.

#12 Marcial Heredia, en tierra de cuñaos, 30/06/2022 - 20:23

Qué mal escogen. Y eso que algunos han usado servicios podríamos decir especiales, como Pujol, al que una bruja catalana, la bruja Adelina, le pasaba un huevo fresco por la espalda, o el Mocho con sus correrías con brujitas de los cárpatos. Pero están gafados, macho. Siempre hay un Rey que les desbarata la conjura a esas élites de chichinabo.

#11 Josep, Barcelona, 30/06/2022 - 18:56

Otro libro recomendable sobre la guerra contra Juan II, es "El príncipe de Viana y su tiempo", de la doctora Vera-Cruz Miranda