La Punteta · 9 de Desembre de 2022. 16:48h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

La inconstitucionalidad radical del independentismo

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, no ha asistido a los actos conmemorativos del 44 aniversario de la Constitución de 1978. Y el Govern ha celebrado reunión ordinaria el 6 de diciembre para mostrar que pasan del día festivo y de la celebración. Su justificación ha sido “la Constitución no nos representa”.

Lo dicen quienes solo representan directamente a 605.581 catalanes, el 21,3% del censo electoral, los que votaron en las elecciones del 14-F de 2021 a ERC, el partido del presidente y mayoritariamente del Govern.

En su actuación institucional respecto a la Constitución -que en Cataluña la apoyó el 90,5% de los participantes en el referéndum del 6 de diciembre de 1978-, el presidente de la Generalitat debe representar a todos los catalanes, que no lo haga es señal de desprecio hacia los catalanes no independentistas, y que ello no provoque una repulsa generalizada es síntoma de adormecimiento de la conciencia democrática en Cataluña.

El procés como preparación y organización de la secesión de Cataluña se basa -en la medida que sigue vivo- en la subversión del orden constitucional, puesto que la Constitución no contempla la posibilidad de la secesión de una parte del territorio de España. Ninguna constitución europea, ninguna, contempla la secesión. Los independentistas llaman a esa imposibilidad “la jaula de la constitución”.

Salir de la “jaula” los obliga inevitablemente, según ellos, a romper el orden constitucional. Sería una suerte de eximente política: “lo hacemos porque no tenemos más remedio”, dando así por supuesta una (inexistente) legitimidad de la independencia.

Los independentistas han intentado romper el orden constitucional en distintas ocasiones y de diversas maneras. (De vez en cuando conviene recordar algunas barbaridades del procés)

El 9 de noviembre de 2015, el Parlament aprobó con los solos votos de los diputados independentistas la resolución 1/XI de “inicio del proceso de creación de un estado catalán independiente en forma de república”, de “apertura de un proceso constituyente”, de “desconexión democrática del Estado español” y de (no supeditación) “a las decisiones de las instituciones del Estado español, en particular del Tribunal Constitucional”, que el Parlament “considera falto de legitimidad y de competencia”.

La resolución fue declarada inconstitucional y nula por sentencia del Tribunal Constitucional del 2 de diciembre de 2015.

El Tribunal fundamenta la inconstitucionalidad en la pretensión del Parlament de irrogarse una legitimidad democrática en absoluta contradicción con la Constitución y el Estatuto de Autonomía. El Parlament no es un poder constituyente, sino constituido en virtud de la Constitución, cuya primacía como norma suprema es incondicional.

Negar esa primacía es radicalmente consubstancial al independentismo.

Hubo más intentos, entre otros, las leyes de referéndum y de transitoriedad jurídica y fundacional de la república de 6 y 7 de septiembre de 2017 y, finalmente, la declaración de independencia del 27 de octubre.

Aquella errónea e inconstitucional concepción de una soberanía del “pueblo de Cataluña” continúa impregnando muchas de las afirmaciones de las autoridades de la Generalitat. Como botón de muestra el discurso de Laura Borràs de toma de posesión de la presidencia del Parlament el 12 de marzo de 2021.

Hemos perdido conciencia de la aberración jurídica y política del procés, lo cual ha sido un logro de la hegemonía cultural del independentismo. Ninguna otra minoría en Europa, ninguna, se ha atrevido a tanto. No es una prueba de coraje político, sino un abuso descarado y torticero de la democracia constitucional, que tanto denigran y que tanto los protege.

Su “golpismo” -institucional dado que se han servido del poder institucional que detentan para llevar a cabo el procés-, si no fuera por el mantenimiento del orden constitucional asegurado por los poderes del Estado, habría dejado a Cataluña inerme a los pies de los independentistas: sin Constitución, sin Estatuto, sin Estado, con las calles suyas. Su propósito era llenar el vacío con la legalidad ful que iban creando para la secesión.

No lo consiguieron, pero aún aspiran a ello. Nos lo recuerdan sin tapujos la ANC, Junts, la CUP, los CDR quemando en la calle ejemplares de la Constitución, sin que el Govern de ERC haya renunciado a lo mismo, persiguiéndolo a su manera.

Mejor no bajar la guardia.

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3 Comentaris

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#2 Maria, Barcelona, 11/12/2022 - 12:23

Per sort per els catalans de tota la vida que mai ens hem cregut l'engany de la Independència el que acaba de passar a alemanya amb el grup neonazi Reichbürger ens dóna la tranquilitat de que a Europa els nacionalismes quedaran en via morta.

#2.1 Ganxet, Reus, 11/12/2022 - 23:08

A Europa potser els nacionalismes han quedat en via morta, però a Espanya el nacionalisme castellà cada cop és més viu i més potent.

#1 Andrea, Barcelona, 09/12/2022 - 19:40

¡Incontestable! Es una fotografía exacta de lo que ha pasado, de lo que está pasando y de lo que puede pasar. Absolutamente de acuerdo: No hemos de bajar la guardia. Ya lo dijo el President Tarradellas y Joan Raventós, d'ERC no te puedes fiar "perqué sinó et donen pel sac"