La Punteta · 1 d'Agost de 2022. 09:51h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

La pesadilla independentista

La soflama, teatral y cínica, de Laura Borràs despidiéndose de una presidencia que siempre le vino ancha, acusando a socios y a “enemigos” de atentar contra sus derechos fundamentales, los mismos derechos que ella y el partido que preside han violentado repetidamente en otros diputados, y una penosa coalición en el Govern de la Generalitat que hace agua y que solo se mantiene para conservar los cargos de la nomenclatura autonómica más numerosa y mejor pagada de España, son coletazos del independentismo en Cataluña.

(Joan Canadell (JxCat), epifenómeno del independentismo, pretende tapar el interés crematístico afirmando: “si nos vamos (del Govern), nos alejamos de la independencia”, como si ya estuvieran cerca de ella).
En tiempos de memoria volátil, de vez en cuando conviene rememorar lo que nos han hecho vivir sin necesidad.

En ninguna otra región de Europa -Cataluña es una región importante de Europa con determinadas singularidades, pero nada más- se han dado despropósitos parecidos a lo ocurrido en Cataluña. Ningún Estado de la UE se ha visto en situación tan comprometida en el interior por una minoría regional levantisca y tan denigrado en el exterior por la insidiosa campaña de esa minoría.

En noviembre de 2015, el Parlamento autonómico de Cataluña arrogándose un poder constituyente, siendo solo un poder constituido al amparo de la Constitución, declaró, con el voto único de los independentistas, nada menos que ilegítimo el Tribunal Constitucional, algo absolutamente insólito en Europa.

Después de dos años de otros abusos, ese parlamento, el 6 y 7 de septiembre de 2017, aprobó, con el voto independentista, conculcando el reglamento propio y derechos fundamentales de los diputados no independentistas, las bochornosas leyes de referéndum y de transitoriedad jurídica y fundacional de la república catalana, verdaderos bodrios jurídicos. (Faena de la que ya no hablan, y Borràs menos que nadie).

El 1 de octubre de 2017, el Govern, desoyendo los requerimientos de los tribunales, dio cobertura institucional y organizativa a la celebración de una parodia de referéndum, con un censo universal, gente votando a porrillo y recuento de votos en la calle, que la fuerza pública del Estado trató legítimamente de impedir, pero de manera más bien chapucera.

Después de un precedente ridículo de declaración-suspensión de la independencia de Cataluña el 10 de octubre de 2017 por el entonces presidente Carles Puigdemont, el 27 de octubre el Parlamento de Cataluña formalizó una declaración de independencia en toda regla en la que se solicitaba el reconocimiento internacional. No hubo respuesta favorable alguna.

El Estado tuvo que recurrir al artículo 155 de la Constitución -transcripción casi literal del artículo 37 de la Ley Fundamental de Alemania, que allí nunca ha tenido que aplicarse- para enderezar la situación en Cataluña.

Las consecuencias negativas de los actos levantiscos del independentismo han sido muchas y evidentes: una sociedad dividida, miles de empresas sacando sus sedes sociales de Cataluña, miles de millones de euros retirados de los depósitos bancarios, oportunidades perdidas -la sede en Barcelona de la Agencia Europea de Medicamentos, por ejemplo-, energías de unos y otros derrochadas, un juicio y una condena a algunos responsables que los independentistas tomaron como excusa para incendiar las calles y teñir Cataluña de amarillo, un vilipendio constante de los voceros del independentismo hacia las instituciones españolas e incluso hacia las de Cataluña, cuando se apartan circunstancialmente de la hoja de ruta independentista, y un largo etc.

A lo que hay que añadir daños morales tales como la devaluación de las instituciones, la adulteración del lenguaje político, la fabricación de mitos, la creación de odio hacia España, la corrosiva mala fe o los trallazos al pensamiento racional.

El independentismo es un movimiento reaccionario, quiere rehacer la historia, reconstruir un pasado mítico que solo existe en la mente de sus dirigentes y en las emociones de sus seguidores.

Un movimiento todavía pujante que se diluirá, como se diluyeron otros movimientos de aquí y de allá -me viene a la memoria el poujadismo en la Francia de los años cincuenta del siglo pasado, también de clases medias, reaccionario y pujante, ya desaparecido-, y recordaremos ese período de nuestra historia colectiva como una pesadilla.

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7 Comentaris

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#6 jordi Garcia-Petit Pàmies, BARCELONA, 08/08/2022 - 09:14

En efecto hay que ser prudentes. El procés, aunque decaído se puede reanimar y los coletazos todavía harán daño.

#5 Barretina a rosca, Black hole, 07/08/2022 - 14:26

Gracias Sr. Garcia-Petit por su artículos y sobre todo por la frecuencia con la que escribe por e-noticies.

No soy tan optimista sobre los "coletazos del independentismo".

#4 Vigatano, Vic, 04/08/2022 - 12:52

Amén

#3 pepe, Andorra, 03/08/2022 - 14:12

Lo q no comprendo es como este señor tiene esta vision del separatismo y sin embargo se traga con patatas los cuentos del IPCC sobre el supuesto problema climatico a consecuencia de la presencia del ser humano en la Tierra. Es curioso, muy curioso. Aunque es cierto eso de q el sueño de la razon produce monstruos.....

#2 pepe, Andorra, 02/08/2022 - 11:42

el separatismo sera todo lo q usted quiera, pero todos le lamen el orto aunque despues escriban articulos maravillosos describiendo la realidad, pero caballero, estoy hasta el moño de personas q describan la realidad, lo q yo quiero no es q la describan, es q la cambien de una puñetera vez. Q democracia no es solo una urna y un sobre.