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La Punteta · 24 de Desembre de 2020. 08:14h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

La segunda decadencia de Catalunya

 

Los historiadores catalanes -al menos los más catalanistas- atribuyen la decadencia medieval catalana a la mala suerte.

Una serie de factores externos que nos impidió consolidarnos como estado-nación -estado independiente- cuando tocaba: en los siglos XVI y XVII.

Se refieren a calamidades naturales como plagas, hambrunas, terremotos y por supuesto la Peste Negra.

También a diversos acontecimientos encadenados: el fallecimiento sin descendencia de Martí l’Humà, el compromiso de Caspe, la entronización de los Trastámara, la unión dinástica de Isabel y Fernando.

No lo dicen -o no lo dicen con este nombre- pero a la españolización de Catalunya en definitiva.

Mejor deberíamos decir castellanización porque España nace con los Reyes Católicos pero sobre todo, en mi opinión, con la peseta. La unión de mercado es fundamental.

A mí nunca me cuadraron las cosas porque siempre he pensado que la Guerra Civil catalana, que enfrentó a la Generalitat con Juan II, tuvo un papel determinante.

Ya ven que lo de enfrentamientos con el Rey viene de lejos.

Al fin y al cabo fue una de las más largas de la historia (1462-1472).

No quiero ni pensar cómo debió quedar el Principado -que entonces tenía apenas 400.000 habitantes- tras un conflicto de diez años.

Basta pensar cómo quedó el sur de Estados Unidos tras la de 1861-1865 o España después de la Guerra Civil (1936-1939).

Dicho esto hay paralelismos con la Catalunya actual. Por eso hablo de segunda decadencia.

Que conste que no soy el único ni mucho menos el primero.

Antes ya lo hicieron David Madí en su libro “Democràcia a sang freda” (2007), el periodista Enric Tintoré (“Som els millors”, 2003) o el economista Miquel Puig (“Modernitzar Catalunya”, 2001).

Mi reconocimiento a todos ellos desde aquí por su valentía.

También más recientemente han alertado de los riesgos diferentes personajes desde diversas tribunas.

Recuerdo, por ejemplo, artículos de Francesc Granell o del editor Daniel Fernández en La Vanguardia.

Y entrevistas de Joan Coscubiela o del economista Jordi Alberich.

Las advertencias han caído en saco roto. Es como predicar en el desierto. Lo digo por experiencia.

Sin embargo, hay dos coincidencias con la Edad Media.

Primero las desgracias: el covid.

Por suerte no tiene la mortalidad de la citada Peste Negra -un 40%- y la medicina ha avanzado mucho. Hasta se han inventado las vacunas.

Nos habíamos olvidado de que la naturaleza puede dar latigazos.

Y a nadie se le escapa que tendrá un impacto brutal en la economía.

Apenas ha empezado. Estamos al principio del túnel, no al final.

Los estados de momento pueden ir trampeando.

Quien más quien menos puede ofrecer ertos, prestaciones sociales e incluso ayudas directas.

A base de generar déficit o de los fondos pendientes de la Unión Europea.

Otra cosa es que lleguen a todos o haya sectores especialmente castigados como el de la hostelería.

En un país turístico como España -sólo en Catalunya da trabajo a 400.000 personas y es más de un 10% del PIB- es muy grave.

Sin embargo, las cosas empeorarán sin duda.

Es verdad que yo, por carácter, soy de los pesimistas. Casi existencialista. Siempre tiendo a ver el vaso medio vacío.

Pero ni el Gobierno central ni el gobierno catalán han tomado ninguna decisión para aligerar la administración o rebajar los respectivos sueldos.

Son intocables, claro.

Sólo Pedro Sánchez tiene 22 ministros de los cuales cuatro son vicepresidentes.

El primer gobierno Aznar tenía quince, dos de ellos vicepresidentes.

Y Rajoy aún redujo los ministerios a trece.

Por supuesto todo el mundo sabe que el gobierno de Pedro Sánchez fue un encaje de bolillos.

Había que hacer encajar las diferentes corrientes del PSOE, los diferentes federaciones, Podemos y si me apuran hasta Izquierda Unida porque Alberto Garzón esta en representación de esta última fuerza política.

A nadie se le escapa, no obstante, que Igualdad (Irene Montero) y Consumo (el citado Alberto Garzón) deberían ser una agencia o una dirección general que es lo que suelen ser.

Aunque obviamente no puede abrir una crisis política con la que está cayendo y menos ahora que Pablo Iglesias marca perfil.

Algunos gobiernos europeos que aparentemente lo estaban haciendo bien -como el de Conte- parece que también pendan de un hilo. Y ya ven Boris Johnson.

Yo creo que la situación en Catalunya es todavía peor.

El proceso nos ha pillado sin presidente y casi sin gobierno.

No es que echemos en falta a Torra, pero hay una evidente falta de liderazgo.

Pere Aragonès, el vicepresidente en funciones de presidente, no tiene el carisma ni la autoridad moral para imponerse.

Ha sido toda la vida un hombre de partido -empezó en las JERC- a la que el proceso ha catapultado a primer plano.

Con la convocatoria electoral en el horizonte, los dos partidos -Esquerra y JxCat- no paran de mirarse de reojo. Incluso hacerse zancadillas. Por no decir apuñalarse por la espalda.

Es cierto que la pandemia pilló a todos los gobiernos desprevenidos pero éstos iban de chulos.

Aquí, decían, no habría “tantos muertos” en cuanto gobernasen ellos. “España es paro y muerte”. “De Madrid al cielo”.

En fin, cosas que ustedes no sepan ya.

El covid nos ha pillado también en el peor momento: en pleno proceso.

¡Que energía derrochada en objetivos inalcanzables!

¡Cuánto tiempo perdido!

Le peor es que no se avista solución en el horizonte.

El proceso en cuestión se ha convertido en un conflicto larvado o enquistado.

Una Catalunya dividida en dos.

A mí me recuerda un poco, salvando todas las distancias, a la Biga contra la Busca, nyerros contra cadells, liberales y carlistas.

Esas pulsiones periódicas en la historia de Catalunya.

Como en otros países, por otra parte. En todos lados cuecen habas.

Pero cuando los indepes se quejan de que no hay unidad ni en su bando es porque confunden la unidad con la uniformidad.

No es que no haya, es que Catalunya es así: hay de todo.

Por eso, una posibilidad es que las próximas elecciones del 14-F provoquen un daltabaix, que decimos en catalán. Un descalabro electoral.

Y que el mapa político que surja no tenga nada que ver con el actual.

Tengo mis dudas porque, por una serie de factores, siempre ganan los mismos.

En las sociedades normales cuando el gobierno lo hace mal gana la oposición.

Así se van turnando conservadores y laboristas, socialdemócratas y demócratacristianos, derecha e izquierda.

Es la sal de la democracia. Aquí, no.

En cierta manera siempre mandan los mismos. Incluso con Maragall. Esquerra presumió entonces de tener las llaves del gobierno. Lo dijo un día Carod en una entrevista radiofónica.

Sospecho, sin embargo, que eso es lo que teme JxCat: que el covid eclipse el proceso.

En Estados Unidos, sin ir más lejos, Trump ha perdido por la pandemia.

La economía iba como un tiro y la tasa de paro estaba por debajo del 4%.

Y, a pesar de todo, ha conseguido 74 millones de votos. ¡En el 2016 fueron 60!.

Tampoco es que la sociedad catalana se parezca a la norteamericana.

Yo creo que Catalunya está adormilada.

Influyen muchos factores: TV3 y otros medios de comunicación, una sociedad civil encorsetada, la falta de ley electoral.

El proceso ha dejado una sociedad sin espíritu crítico.

Tampoco es que esté yo a favor de hacer tabla rasa.

Los vacíos de poder, en la historia, son terribles.

Un vacío de poder se rellena generalmente por otro poder todavía peor.

Pero tengo la sensación de que la clase política actual no sirve y que Catalunya debería hacer un reset.

Lo que no sé es cómo.

Disculpen las molestias y sobre todo la extensión.

Feliz Navidad.

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13 Comentaris

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#12 JOSE MANUEL, BADAJOZ, 28/12/2020 - 18:56

Estimado Sr. Rius, la tabla rasa debería hacerse en España pero, quien tiene que hacerla que son los políticos, no lo harán. España esta inmersa en una dinámica que lo único que importa son los partidos políticos, todas las peleas son por situarse y salir en la foto como decía Don Alfonso. El reso importamos muy poco.

#11 Pan con tomate y jamón ibérico, Semper Hispania, 26/12/2020 - 10:57

¿Las guerras en tiempos de Juan II...? se llama tocar los huevos, que es una irrefrenable y tradicional tendencia del político catalán de todas las épocas.

Ofrecieron el condado de Barcelona a Luis XIII, y siglos antes incluso ¡al rey de Portugal! juraron a Felipe V, luego le traicionaron. Repúblicas de 3 minutos, en fin, un merder.

#10 BCN, BCN, 26/12/2020 - 08:36

La gran pregunta es de dónde debería salir la nueva clase política. No se ve por ningún lado a un líder con ideas para dar un vuelco a la situación.

#10.1 Tabarnés puro, Barcino, 26/12/2020 - 11:26

Ideologías enfermizas dan lugar a resultados nefastos.
Et voilà.

#9 Very, A, 25/12/2020 - 15:40

Cataluña la Detroit del Mediterráneo.
caída de PIB del 12?. El turismo muerto. La automoción en descomposición. Clase política deficiente. Mal rollo social. Nivel de inglés bajo cero. Español convertido en tabú. Inversión extranjera en caída libre, inseguridad juridica, fuga de sedes...

#8 Luigi , Tabarnia, 25/12/2020 - 12:51

Tengo entendido que la Corona de aragon si que huibiera admitido a Margarita de Prate como reina a la muerte del Martin el Humano, pero no el condado de Bcn que sólo admitía varones. La Hª hubiera cambiado mucho. España nace en mi opinión ,no con los Reyes Católicos sino con Felipe V, cuando se uniformizó la administración.