La Punteta · 16 de Maig de 2022. 09:10h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

Llega el jefe del Estado y se esconden

Pere Aragonès y Ada Colau, las máximas autoridades de Cataluña y de Barcelona, cuando el jefe del Estado viene a Cataluña por la feria Alimentaria, el Mobile World Congress, la fábrica SEAT de Martorell, el Cercle d’Economia u otro evento importante, se esconden. Llega y no están.  “Si no estoy, no lo veo, luego no ha venido, Cataluña no tiene rey”, aunque poco después salgan en la foto con él y se sienten a su mesa. Son como niños.

No se pueden permitir ese comportamiento pueril, ridículo. No solo se representan a sí mismos y a los que los votan, representan a todos los catalanes y a todos los barceloneses. Por eso y por otras muchas razones nos merecemos otra representación.

El rey es el jefe del Estado según la Constitución y bajo el amparo de nuestra libérrima constitución eso se puede discutir y cambiar, pero siguiendo los cauces legales. La seguridad jurídica es una conquista democrática irrenunciable, que ellos ignoran y los demócratas debemos defender a todo trance y por encima de todo.   

¿Qué le reprochan al rey, además del reproche ideológico de ser rey? Dirán que el mensaje del 3 de octubre de 2017, en el que denunciaba el incumplimiento reiterado, consciente, deliberado de la Constitución y el Estatuto de Autonomía, incumplimiento que demostraba “una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado”, que precisamente ellos representaban en Cataluña, cuya representación siguen sin ejercer, pero sin renunciar a los privilegios que comporta.

El jefe del Estado no podía lanzar otro mensaje ante la situación que habían provocado con su actitud levantisca, sus leyes de “desconexión” del 6 y 7 de septiembre y la votación del 1 de octubre, agravada después con la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre.

Era una quiebra en toda regla del orden constitucional en Cataluña, que hubo que restablecer mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Se ofendieron y se (auto)victimizaron con el mensaje, que no iba dirigido solo a ellos, sino a todos los catalanes y al conjunto de los españoles. Pero ellos solo piensan en ellos, solo ven su ombligo, el resto del mundo - pretenden que el lejano los mira- no existe. Será por eso por lo que cuando viene el jefe del Estado no se sienten obligados a representar a “todo el mundo” cercano.

¿Se han preguntado alguna vez lo que habría dicho el jefe del Estado de Francia, Alemania o Italia en parecidas circunstancias, si se dieran en sus países? Ningún jefe de Estado de Europa habría reaccionado de manera distinta, “comprendiendo” a los desleales y levantiscos, por ejemplo.

Con su comportamiento pueril -y si no es pueril es estúpido- prolongan hasta la náusea un enfrentamiento gratuito con el Estado que deberían haber abandonado ya.  Hacen perder el tiempo y las energías que se requieren para afrontar los graves problemas que nos aquejan como sociedad y como humanidad.

“Lo cortés no quita lo valiente”. Pueden defender sus ideas independentistas o republicanas perfectamente, la Constitución que desprecian los ampara, sin recurrir a tanto postureo, a tanto lenguaje displicente, a tantas malas formas, traducido todo ello en una mala práctica política y  un mal gobierno, que sufrimos todos.

En su admirada Escocia -y envidiada  porque celebró un referéndum de independencia que el “no” ganó por un 55,3% y que ahora quieren repetir (así son los independentistas, tantos referéndums como haga falta hasta que salga “su” resultado)- cuando la reina Isabel II, jefa del Estado,  va a Escocia, Nicola Sturgeon, la ministra principal de Escocia, y Frank Ross, Lord Provost de Edimburgo, la capital,  representante oficial de la corona inglesa en Escocia, miembros ambos del Partido Nacional Escocés que propugna la independencia, despachan con la reina sin el menor problema.

La imagen que dan los de aquí no es de heroicos resistentes de una épica aventura, sino de autoridades frívolas, entretenidas con puerilidades que desaniman a inversores, industriales, visitantes…

Habrá que hacer la lista de las oportunidades de Cataluña perdidas por su frivolidad, la última la giga factoría de baterías de Wolkswagen, que finalmente se instalará en Sagunto. ¿Recordáis aquel plante en Martorell al rey, al presidente del Gobierno y al presidente de Wolkswagen AG acompañado de la plana mayor de SEAT? Los alemanes se sintieron muy molestos.

La larga lista de pérdidas no está cerrada porque presumiblemente Aragonès y Colau continuarán con esas puerilidades.

 

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