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La Punteta · 14 de Desembre de 2015. 08:15h.

NACHO MARTIN BLANCO

Los independentistas y el castellano

Uno de los fenómenos más grotescos del proceso independentista es la sobrevenida determinación de los partidos que lo lideran de ensanchar su base electoral intentando ganarse la adhesión de los catalanes castellanohablantes, después de tres décadas mirándolos de lado por inservibles como tales (electoralmente, se entiende). Son los mismos partidos que se niegan sistemáticamente a introducir el castellano como lengua docente de la escolaridad pública junto con el catalán; los mismos que consideran un ataque a Cataluña el hecho de tener que impartir un 25% de las horas lectivas en castellano; los mismos que convocan escraches contra las familias que se atreven a pedir que el castellano sea también lengua vehicular de la enseñanza; los mismos que, en suma, consideran el castellano una lengua extranjera en Cataluña, una lengua impropia de los catalanes. ¿A quién pretenden engañar?

“La lengua propia de Cataluña es el catalán”, reza el Estatut, luego el resto son impropias, lo mismo el castellano que el urdu. Da igual que el castellano sea la lengua materna de la mayoría de los catalanes, porque la lengua materna ya no importa, esa pantalla ya la hemos pasado, por utilizar ese lenguaje infantiloide tan en boga. Resulta que la única lengua propia -un concepto que no existe en ningún otro ordenamiento jurídico- de Cataluña es el catalán. Los nacionalistas personifican la nación y la lengua y tienden a despersonalizar al individuo, al ciudadano. A diferencia de la Constitución de 1978, que supera el nacionalismo lingüístico castellanista del franquismo al hablar de las “demás lenguas españolas” en referencia al catalán, el gallego y el euskera, el Estatut no considera recíprocamente el castellano una lengua catalana, precisamente porque ese artículo del Estatut se fundamenta en el dogma del nacionalismo lingüístico en que, por otra parte, se basa la invención del derecho a decidir. “Lengua propia” y “derecho a decidir”, dos conceptos correlativos inventados por los nacionalistas para ajustar la realidad a sus propósitos. No es casualidad que los nacionalistas desechen ahora el concepto de lengua materna, que tanto utilizaron durante la dictadura y la transición, y lo sustituyan por el concepto de lengua propia, mucho más adecuado a su proyecto regresivo de construcción identitaria. Insisten en identificar lengua, nación y Estado. Para ellos, los catalanes somos una nación porque tenemos una única lengua propia, y precisamente porque somos una nación tenemos derecho a constituir un Estado independiente. De la lengua propia al derecho a decidir y tiro porque me toca.

Ni que decir tiene que nada de eso ha cambiado ni va a cambiar para los partidos nacionalistas. Lo que sí hacen últimamente es utilizar a ratos el castellano en sus mítines y vídeos electorales, e incluso ERC ha colocado como cabeza de lista para las próximas elecciones generales a Gabriel Rufián, cuya principal cualidad es que en público se expresa casi siempre en castellano. Dicen ahora cosas tan peregrinas como que el independentismo es un movimiento transversal que no excluye a nadie, que se puede ser independentista sin ser nacionalista y sin renunciar a sentirse español, que en su Cataluña independiente el castellano “será respetado”, como si fuera posible respetar el castellano sin respetar los derechos de sus hablantes, incluyendo por supuesto a muchos catalanohablantes que también consideran suya la lengua castellana. Rufián suele justificar la inmersión lingüística obligatoria en catalán en el hecho de que el castellano tiene quinientos millones de hablantes en todo el planeta, como si eso compensara su exclusión como lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña. Cosas de la personificación de la lengua. A mí, como ciudadano de Cataluña, el número de hablantes que tenga el castellano en el mundo me trae sin cuidado cuando mis hijos no van a poder recibir la enseñanza en su lengua materna. Me importa sobre todo la dimensión catalana de la lengua castellana, por encima de su proyección internacional.          

Durante el franquismo y la transición los nacionalistas tachaban, con razón, de “crimen” y “tortura” el hecho de que los niños catalanohablantes no pudieran educarse en su lengua materna. Ramon Trias Fargas, histórico dirigente de CDC, recordaba en 1978 que la educación en lengua materna forma parte de los derechos humanos y decía: “Lo que nosotros proponemos es precisamente la enseñanza en la lengua materna, bien sea catalán o castellano, y la enseñanza del catalán y del castellano obligatoria para todos los que viven en Cataluña”. Por desgracia, las palabras de Trias Fargas se las llevó pronto el viento asolador de la construcción nacional, y desde entonces cualquier objeción al dogma del nacionalismo lingüístico ha sido y sigue siendo inmediatamente tildada de anticatalana por los guardianes de las esencias, los mismos que ahora utilizan el castellano como banderín de enganche para completar un proyecto basado principalmente en la exclusión del castellano de la catalanidad.

Se consideran legitimados para utilizarlo porque lo hacen asumiendo el mantra nacionalista de que se trata de una lengua impropia de Cataluña, de un accidente, de una lengua forastera impuesta por la fuerza de las armas y contra la voluntad de los catalanes. Todo se explica mentando a Felipe V, a Franco y al ministro Wert. Solo partiendo de esas premisas, para los nacionalistas es legítimo utilizar el castellano en el debate político catalán, siempre tan alejado del que se da en la calle, afortunadamente mucho más respetuoso con la pluralidad constitutiva de la sociedad catalana. Todavía recuerdo la imagen de los diputados de CiU y ERC abandonando el Parlament indignados ante la osadía de un diputado del PP de utilizar el castellano en la Cámara catalana. Corría el año 1996. Un diputado de CiU, Joan Aymerich, incluso se rasgaba las vestiduras porque aquel día había un grupo de escolares en el hemiciclo. ¡Pobres criaturas, forzadas a escuchar a un diputado perorando en castellano! A eso le llaman respetar el castellano.   

Es decir, se puede utilizar el castellano para hacer política en Cataluña siempre que se asuma -como hacen Rufián y compañía- el lenguaje apocalíptico de los nacionalistas, siempre que se admita que los catalanes somos un pueblo oprimido, colonizado, que llevamos trescientos años tratando de liberarnos de nuestros opresores. De lo contrario, utilizar el castellano en el debate político de Cataluña te convierte ipso facto en anticatalán. Si además de utilizar el castellano junto con el catalán apuestas por una enseñanza bilingüe o trilingüe, entonces te conviertes en un fascista que lo único que pretende es reventar la cohesión social y acabar con la lengua catalana. Así funcionan las líneas rojas del nacionalismo.

Cada día me parece más evidente que a los independentistas el catalán les importa muy poco. Prueba de ello es que, de la misma manera que celebran que alguien emplee el castellano para hacer política en Cataluña siempre que lo haga para denigrar a España, pasan absolutamente por alto hechos como que la presidenta del grupo parlamentario de Ciutadans, Inés Arrimadas, hable un catalán impecable después de solo seis años viviendo en Cataluña. El movimiento se demuestra andando. Así y todo, seguirán diciendo que Ciutadans es un partido anticatalán. ¿No será que los anticatalanes son ellos, los independentistas?                    
    

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8 Comentaris

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#5 Wil, Valencia, 17/12/2015 - 16:21

Muy buen articulo! Que alegria da poder leer articulos no nacionalistas ni partidistas en este periodico online. Y que alegria que haya mucha gente que piensa como tú en vuestra tierra. Animo y a seguir con estos magnificos articulos. Un saludo

#4 José García-D, Cornellá, 16/12/2015 - 23:08

Bien dicho Nacho, los castellanohablantes tenemos que comportarnos como colonos, que para algo nos trajeron aquí, a someter a estos catalufos que se resisten a la lengua y cultura auténtica.
En mi familia llevamos aquí más de 50 años y no nos sale de los huevos decir ni bon dia, que se jodan.

#4.1 Javier, Girona, 17/12/2015 - 16:04

¿Porqué discriminas a los catalanes por cuestion de lengua, porqué crees que unos tienen mas derechos que otros? ¿No será por lo que ha enseñado el nacionalismo en sus de 30 años de poder en catalunya? Por fortuna las discriminaciones y comidas de coco del nacionalismo ya se acabaron, "nunca mais

#4.2 a, girona, 17/12/2015 - 17:43

#4

aquest paio és un inde infiltrat creant mala maror

#3 Santiago, Madrid, 16/12/2015 - 13:58

La "inmersión linguística" incumpliendo las sentencias de los tribunales es una demostración evidente del FASCISMO de los independentistas catalanes.
Tengo una sobrina destinada temporalmente en Barcelona, ha tenido que sacar a sus hijos del colegio y los ha tenido que meter en un colegio en ingles

#2 David, Barcelona, 14/12/2015 - 16:24

Impecable article.
Al nacionalisme se li cau la màscara a ell tot solet. Quants segles necessita el castellà per ser propi a Catalunya?
Moltes mentides romàntiques del XIX les tractes com a drets històrics, però poc importa que els Comtes de Barcelona parlessin en castellà fa més de 400 anys.

#2.1 El azote de los necios, Barcelona, España, 15/12/2015 - 14:08

Sí, si, pero los nacionalistas catalanes estáis discriminando de forma descarada a la mayoría de los catalanes por ser castellano parlantes...y eso no me lo rebate ni dios. Menos victimismo histórico para justificar la basura identitaria que soltáis.....os habéis convertido en lo que denunciabais.

#1 Rasca, castelldefels, 14/12/2015 - 08:19

Separatismo para castellanoparlantes es la nueva estafa en Cataluña.?