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La Punteta · 30 de Setembre de 2018. 12:38h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

Macià Alavedra y yo

 

A mí, ya me perdonarán, Macià Alavedra me caía bien. Incluso a pesar de los claroscuros. Como el caso Pretoria.

La última vez que intenté verlo fue durante una visita furtiva el pasado mes de julio a Llafranc. Sabía que andaba mal de salud.

Pero había un partido del Mundial -de la Selección española, por cierto- y hay cosas sagadas. Lo dejamos para más adelante.

Tenía, como todo el que se ha dedicado a la política durante años, ojo clínico para las personas. Un día, en el Parlament, me dijo:

- A tu ja t’he clissat. Comences ensabonant i al final cop de destral.

Acompañó la afirmación con un gesto de la mano golpeando un tronco.

Probablemente es cierto. Con frecuencia empiezo un artículo elogiando un personaje y dejo la metralla para el último párrafo.

Otro día me lo encontré subiendo por Paseo de Gracia, justo delante de El Corte Inglés.

Yo iba con mi ciclomotor. En el paso de peatones paró un cochazo al lado. Con chófer. La ventanilla bajada. Alavedra estaba en el asiento de atrás.

- Collons, Alavedra, veig que encara hi ha classes -le dije con sorpresa-
- I que durin! -me espetó.

También en este caso tenía razón. La voluntad de ascenso social es el motor de la sociedad.

En una ocasión me invitó a comer a Ca l’Isidre, de los pocos restaurantes que se precian de no querer estrella Michelin alguna.

Acepté: no era una almuerzo entre un viejo político y un periodista sino entre dos amigos. O al menos dos conocidos.

Cuando fue detenido por el caso Pretoria le devolví el favor. Recluido en el cuartel de la Guardia Civil en Sant Andreu de la Barca durante las horas previas a su traslado a la Audiencia Nacional, encargué en el mejor restaurante de Martorell un almuerzo. Todavía debo tener la factura por casa. Me costó más de 200 euros. Estamos hablando del 2009.

En el pack incluí no sólo a Alavedra sino también a los otros detenidos: Lluís Prenafeta y Bartomeu Muñoz.

A éste último lo conocía menos pero no lo iba a dejar tirado. Un día publicamos en e-notícies una información que decía así: “El alcalde de Santa Coloma vive en el Turó Park”.

Poco después me lo encontré en el congreso del PSC celebrado en el Palacio de Congresos de Catalunya, en Barcelona

Me presenté a bocajarro:

- Soy el cabrón que ha publicado que vives en el Turó Park

Se echó a reir. No me lo reprochó. Quedamos, como es habitual en estos casos, para tomar un café. No llegamos a tomarlo nunca. Luego ya vino Pretoria. No lo he vuelto a ver.

Por cierto, ninguno de los tres comensales me agradeció nunca la opípara comida en momentos tan aciagos.

A Prenafeta se lo recordé el día de la presentación de su libro "El malson" -sobre su paso por la cárcel- en una librería barcelonesa. Se lo había tomado mal: pensó que era una burla más que un detalle.

Tant se val, volviendo a Alavedra, era de los pocos que en Convergencia tuteaba a Pujol.

En el secretariado permanente de los 80 -el máximo órgano del partido- había gente de peso, no sólo físico: Miquel Roca, Ramon Trias Fargas, Macià Alavedra, Josep Maria Cullell.

Roca dejó la política porque Pujol era un tapón. Trias Fargas falleció de un infarto en pleno míting, Cullell dio nombre al caso Cullell. A Alavedra lo salpicó su relación con el juez Estevill.

Enric Vila, cuando todavía no había entrado en la fase de hiperventilación, le hizo un libro de memorias (Entre la vida i la política, 2006).

Lo leí en marzo del año siguiente. Me gustó incluso a pesar de que no lo hubiera escrito el propio Alavedra. Esa pereza innata de los políticos a dejar su testimonio para la posteridad. Lo tengo anotado y subrayado.

Tiene algunas perlas dignas de un bon vivant: “La vida es un putada con momentos maravillosos” (pág. 31)

O esta otra ahora que van desenterrando la historia. Traduzco del catalán: “Pese a que soy una víctima directa de la subvlevación militar, tengo muy claro que aquello fue un desastre para todo y que la responsabilidad es de todos. Comenzando por los militares que se levantaron, por supuesto, pero sin olvidar a los gobernantes, que no fueron capaces de mantener el orden público, que es lo primero que ha de hacer un gobierno (pág. 56)

Dos más: “la Transición es el éxito más sonado de España desde el descubrimiento de América” (pág. 69). O “no sacralizaré la Constitución como hacen los que antes la atadacaban pero para mí fue una gran ogra (ídem).

Ahora está de moda echar mierda a ese período. Pero los que lo hacen no lo vivieron. Y creen que Franco es el que sale en ‘Polònia’: un abuelete encantador.

En fin, de Macià -me perdonará el tuteo desde el cielo- me quedó con una anécdota. Me la contó en persona pero está reflejada también en el libro: página 107.

Cuando evitó la ruptura de Convergencia. El enfrentamiento entre pujolistas y roquistas había llegado al máximo y en un consejo nacional de 1993 el partido estuvo a punto de estallar en mil pedazos.

Alavedra hizo una intervención conciliadora, pidió tiempo y se calmaron los ánimos.

Pero quizá la más divertida no me la contó él sino que la explicó el que fuera jefe de prensa de Pujol, Ramon Pedrós, durante diez años.

Al salir se despachó con un par de libros. En el primero (“La volta al món amb Jordi Pujol”, 2002) explica que en su primer día de trabajo en Palau coincidió en el Pati dels Tarongers -vuelvo a traducir- con “un consejero que en esos momentos era un peso pesado y hombre fuerte del Govern.”

“Al verme con unos teletipos de Efe y de Europa Press en la mano se frotó la cabeza senatorial y plateada y, con su socarronería habitual, me dejó caer, a modo de saludo:

- ¿Qué dicen, hoy, estos hijos de puta de la prensa?”.

Por la descripción -“peso pesado”, “hombre fuerte”, “cabeza plateada”- sólo podía ser Alavedra. Que en paz descanse.

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7 Comentaris

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#5 European Citizen, Vancouver, 01/10/2018 - 11:09

Admirat Xavier: El drama dels catalans és que Alavedra no era l'últim pujolista. L'obra d'un règim polític nacionalista tan dur durant quatre dècades (amb el permís de l'estat espanyol) perdurarà encara molt de temps desgraciadament.

#4 Jordi BR, L'H, 30/09/2018 - 23:25

Senyor Rius, vagi per davant que descansi en pau Macià Alavedra, però em crida molt l'atenció que la metralla que fa servir a tort i adret per tota la clase política nacionalista i independentista, desapareix per la vella guardia de CiU, i en la majoria de casos de gent condemnada per corrupció

#4.1 pepe, andorra, 01/10/2018 - 17:08

Los condenados por corrupcion no son mas q angeles caidos del regimen, pq si algo me queda claro ante lo q veo es q todo es corrupcion y q cae el q no reparte y se lo queda todo para el. Alavedra es recordado por mi por ser el q amplio el peaje de la autopista de Mataro cuando debía pasar a dominio estatal y después fue consejero de ACESA....

#3 Chris, Lleida, 30/09/2018 - 18:12

No crec que li hagi agradat veure Catalunya tal com està quedant darrerament,i vull creure que en algun moment haguès considerat donar marxa enrere, i publicar determinats secrets que aquest senyor possiblement s'ha acabat emportant a la tomba. Malgrat tot, que descansi en pau.

#2 Carlos Gomez, bestia amb forma humana, 30/09/2018 - 13:43

I els bodrios que pintava la seva dona, la Doris Malfeito, que la mafia convergent col.locava com impost revolucionari a preu de Van Gogh´s ?

Aquest personatge es un dels grans artifexs del lloat oasi de Pujol que es va pasar tota la seva puta vida fent pais a mans plenes fin que el van enxampar.

Llastima que va ser massa tard.

#2.1 Pinyol, Corsega 333, 01/10/2018 - 17:29

La banyuda de la Doris voldràs dir

#1 Marta2, Cornella, 30/09/2018 - 13:15

Xavier, aquest home va veure molt i va callar molt. Vols dir que no sobren aquests personatges a la vida política ?.

PD. : Hi ha qui diu que en Capone era un home simpátic. Jo no ho sé, peró no el voldria ni de veí.