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La Punteta · 29 de Juliol de 2021. 13:06h.

VICTORIA MARTIN

Victoria Martin

Manifiesto rebelde

 Quiera o no reconocerlo la mitad nacional-catalanista, los cambios políticos y sociales de estos últimos diez años cuajados de elecciones, son irreversibles. El efecto más notable es que han logrado dotar a la otra mitad catalana despreciada de una morfología política común suficiente, siquiera  de mínimos. Emerge del empate técnico electoral sostenido entre ambos cuerpos sociales que dibujan todas las elecciones celebradas desde el 2011 -incluso las anteriores-. Este dato más el erial empresarial en que han convertido los “processaires” nuestra región y el sobrevenido páramo postcovid, les hubiera debido obligar a cambiar las estrategias políticas a corto, medio y largo plazo. Pero no ha sido así.

Quien encabeza ahora la Generalitat tenía a su alcance dos grandes opciones, con múltiples variantes en su interior. Continuar cavando el túnel o salir de la trinchera. Como siempre sucede desde el 2010 con la deriva nacional-catalanista, la peor se ha vuelto a articular y el rechinante Govern de la Generalitat ha decidido perseverar en la opción de alienación de la mitad de su sustrato socio-cultural y político. Como reciente botón de muestra, la Consellera de Aculturación, Natàlia Garriga, ha decidido excluir el español del “Pacte nacional per la Llengua” que acaba de presentar, continuando así sus totalitarios designios de reprogramación cultural. A la cultura colona  ni pan ni agua, siguen diciendo y haciendo, puesto que los hechos seguirán a las palabras ya que en esto nunca hablan por boca de ganso.

En fin, el postpujolismo no parece que sepa diferenciar todavía lo posible de lo deseable; menos aún lo deseable de lo razonable. Sigue con su política cultural nada  ensoñada, a Dios rogando y dando con el mazo  del presupuesto de cultura y educación, dispuestos a alcanzar el mundo antiespañol que anhelan. Incapaces de acoger más apetencias que las propias, se abandonan a ellas en el fumadero de opio decimonónico en que han convertido la Generalitat, el Parlament, TV3 y Catalunya Ràdio.  “Quien no esté ensoñado, que se ensueñe y al lloro es la versión indígena que se lanza desde la Generalitat de la mítica soflama del Alcalde de Madrid E. Tierno Galván.

Así, en Cataluña es evidente que ni hoy ni mañana será posible avanzar hacia un horizonte de prosperidad y paz con la mitad de su cuerpo ciudadano sepultado institucional y culturalmente. Simplemente porque no dejaremos que sea así, por muchos acuerdos o planes de gobierno a los que lleguen entre ellos, o por muchas concesiones que extraigan al debilitado Gobierno central. Esa es nuestra rebelión permanente.

Como del putativo Doctor P. Sánchez sólo cabe esperar en el futuro inmediato cesión y pasividad en la defensa de la Constitución y de las instituciones del Estado para saciar sus ganas de presidir sin plan de gobierno -como las tuvo irrefrenables de ser doctor sin méritos- hay que concienciarse de que tenemos que meterles todos los juicios en las ruedas que sean posibles. P. Sánchez tendrá que crear una Comisión permanente de indultos para Cataluña, y apechugar con sus consecuencias políticas.

¿A quién en su sano juicio se le va a ocurrir seguir las recomendaciones del adversario de no someter a control judicial los actos gubernamentales o parlamentarios nacional-catalanistas contrarios a la voluntad general que expresan las leyes y la Constitución? Es como si en un partido de fútbol el entrenador de uno de los equipos se dirigiera al entrenador y jugadores rivales y les indicara gesticulando desarbolado -al estilo histriónico de Pep Guardiola- la táctica de fútbol que debieran seguir. Por absurdo que parezca, eso se está haciendo otra vez ahora en Madrid pero aquí sabemos dónde conduce. Aboca a una mayor degradación comunitaria e individual, aunque esto parezca imposible teniendo en cuenta la que se ha alcanzado.

Ejercer más violencia institucional desde la Generalitat, el Parlament y Cubavisión3, para proseguir su marcha hacia objetivos políticos repudiados de plano por la parte que habita fuera de la fortaleza, aumenta la división, cristaliza la parálisis institucional y hará crecer el malestar social en el que vivimos. Vendrá la ruina, y no la traerán los dioses sino las conductas disnómicas de los políticos nacional-catalanistas. Disnomia, según explica Hesíodo en su Teogonía, es la hija de Eris, la Discordia, y representaba la ausencia de orden normativo-institucional. Es la hermana de Limos (el Hambre); Algos (el Dolor), de las Hisminas (las Disputas), los Neikea (los Odios), las Pseudologos (las Mentiras), las Anfilogías (Ambigüedades), y de Ate (la Ruina); todas ellas compañeras inseparables de Adikia (la Injusticia) y de Hibris (la Violencia). Tiene incluso otras hermanas peores, las Macas (las Batallas), las Fonos (las Matanzas), y las Androctasias (las Masacres). Sin olvidar a Horcos (el Juramento), “el que más problemas causa a los hombres de la tierra cada vez que alguno perjura voluntariamente”. Su daemon opuesto es Eunomia o el buen orden cívico asegurado por el cumplimiento de las leyes.

Que lo escuchen desde las aristocráticas almenas nacional-catalanistas. Somos ciudadanos, no indios bajo encomienda medieval. No albergamos duda alguna de que el pujolismo y sus herencias son un modus vivendi de unos pocos en detrimento de todos,  aunque lo blanquee la farisea TV3. Y a los Cíclopes nacional-catalanistas, como a los de Homero, no sólo les falta un ojo, también son ciclanes, esto es, seres carentes de un testículo. Más pronto que tarde deberán Vuecencias renunciar a su castrado proyecto  político-cultural en favor de otro reconciliador que permita recuperar un sentido cívico compartido por toda la ciudadanía.

Dicho de otro modo: el nacional-catalanismo supremacista, hispanófobo y de filiación excluyente no será nunca más un vector de modernización, riqueza y crecimiento de Cataluña, si alguna vez lo fue. Está agotado para siempre. No ha traído ni cívica ni culturalmente nada bueno y sabemos de sobra que ha intoxicado todos los instrumentos públicos de acción para asegurarse el predominio y rentas famigliares vitalicias.

Nosotros, la mitad marginada y perseguida, no vamos a renunciar a nada más para facilitar un futuro nuevo pacto social catalán, que es de lo que adolece Cataluña. Nada se puede ofrecer políticamente si hasta ahora se ha vivido expoliado de cualquier dignidad cultural y ciudadana. Y ese pacto necesario no se obtendrá nunca en la Moncloa. Allí encontraréis alguna prebenda o privilegio más que recorte nuestros derechos, como la impunidad condicionada. Pero no un pacto social constitutivo de Cataluña. Eso se trabaja en y con la Cataluña con ‘ñ’ y ‘ny’, y para ello primero nos debéis el reconocimiento de la igualdad como politai que seguís negando.

Sois vosotros los que, para negarnos el pan, acudís a Madrid a mendigar migajas. Es imposible, con esa táctica, no recordar vuestros orígenes en el tardofranquismo decadente tan bien retratado en la Escopeta Nacional de Berlanga. Su personaje principal, Jaume Canivell, representaba a un fabricante catalán de porteros electrónicos que viajaba a Madrid para asistir a una cacería que él mismo había organizado. Su objetivo era relacionarse con la alta sociedad española para sacar réditos comerciales. Es como si no hubiera pasado el tiempo.

El pacto social que se necesita con urgencia para Cataluña no es la componenda que os traéis en la maleta de cartón tras pasar por Madrid acompañados del amante -¡Ay Iceta!-, sino un acuerdo general celebrado aquí entre iguales. Quod omnes tangit, debet ab omnibus approbari, es una máxima de justicia universal que viene del Derecho romano: lo que afecta a todos debe ser aprobado por todos.

Vistos con distancia todos los daños culturales y morales a los que se nos estaba sometiendo desde finales de los 80 -eran casi irreversibles por pasividad tanto aquí como en el resto de España- hay que agradecer que el  nacional-catalanismo haya provocado a tontos y a locas la escisión. Nos ha permitido dotarnos de una identidad colectiva suficiente; existimos como individuos organizados suficientemente en Crónica Global, en el CLAC, en SCC, en Universitaris per la Convivència, en S’ha acabat, en el hiper heterogéneo espacio político compartido no-nacionalista de Comuns-PSC-Ciutadans-PP-Vox, pese a las idas y venidas de su dubitativo lado y extremo izquierdo, la espantada de su centro, la carencia de autoconfianza de su derecha, y las futiles y peligrosas ocurrencias de su extremo derecho, para impedir a futuro la asimilación cultural forzosa que sigue persiguiendo el nacional-catalanismo monomaníaco y la consecuencia política que sabe que arrastra necesariamente su consumación.

Mientras no cambie vuestro concepto de “un sol poble” hispanófobo y, por tanto, excluyente de la identidad cultural de más de la mitad de catalanes, sólo nos queda trabajar en favor de un modelo cultural y político pluralista adverso. Eso conduce a una escisión social con rivalidad continua en la línea de división. Dos pueblos culturales y a defender desde nuestro lado la ciudadanía común plenamente igualitaria que nos negáis, recurso judicial en mano. Medir a cada elección, en cada rincón, la igualdad de fuerzas, y agotarnos hasta la inanición como ciervos enzarzados en sus cornamentas.

Cierto, lo mejor sería sumar fuerzas iguales en un proyecto pluralista compartido y llevado a cabo conjuntamente a través de las instituciones autonómicas. Pero eso os supone la renuncia al núcleo de vuestra ideología exclusivista y es evidente que no estáis todavía preparados para ello; os hace ganar elecciones a costa de la posibilidad de disponer de un diseño compartido para nuestra vida en común. Mientras tanto, dos pueblos culturales es siempre un mal menor; una alternativa más rica que “un sol poble” monolingüe y folclorista. Y nos asegura la supervivencia socio-cultural frente a vuestros procesos sistemáticos de aculturación. Vosotros conducís a Cataluña a la profundización de su turquización social. Nosotros simplemente defendemos la España constitucional, autonómica, rica culturalmente y plural ideológicamente que tanto costó alcanzar en nuestro lento progreso histórico hacia las libertades individuales tuteladas por el Derecho. Y os haremos cumplir con vuestros juramentos y promesas de lealtad a la Constitución del 78.

Como la justicia divina es incierta, no aguardaremos al castigo de la mano de Horkos por la vulneración de vuestras propias palabras, sino que pediremos al instante que seáis castigados por la justicia humana. Lo explicaba Sófocles en Hippodamia:

“Un juramento con sagrado temor atenaza el alma,

Y así la aparta de la doble maldad,

De molestar a los Amigos y de ofender al Cielo”

Nuestra rebelión permanente, aunque humanamente tediosa, es moralmente fácil de transitar: someteros a vuestros juramentos. Así, un día dejaréis la maldad de incordiarnos como amigos y de ofender a las leyes que nos unen como iguales. Nada más justo cabe esperar en una democracia plena, libre y responsable como la española.

 

Pacta sunt servanda.

(Este es el Epílogo a la Cuatrilogía Turca)

 

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