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La Punteta · 16 de Desembre de 2020. 08:21h.

RAFAEL ELÍAS

Marcha fúnebre

16 de diciembre de 1770. Nacido Ludovico, van Beethoven; el viejo Ludwig Van, que decía Alex en La naranja mecánica, lo de viejo más por cariño que por longevo, que 250 años no es nada. El melómano corre la cortina, se sienta a la ventana y piensa en la efeméride y, al son del segundo movimiento de la Tercera Sinfonía, va cavilando acerca de la brevedad del tiempo, una corchea -si llega a eso-, pero qué corchea, Beethoven, malhumorada como tu rostro, gloriosa expresión de marcha fúnebre, en éste tu año, en el que fúnebres las personas con el COVID van, Beethoven.

Llega el leitmotiv de ese segundo movimiento y al melómano, como siempre, se le eriza todo el vello de la existencia. Cierra los ojos y retrocede a su infancia, a aquella tarde de exploración doméstica cuando en secreto abría un cajón donde dormían cintas de casete, decenas de ellas, y dos había cuyas carátulas le llamaron la atención, porque las dos mostraban la misma silueta de un enigmático hombre de pelo largo, una figura al misterio del contraluz, envuelta en un silencio solemne y crepuscular. Asustado, el niño -aún no melómano- cerraba el cajón, dejándolo todo como estaba, con cuidado de no dejar rastro de su hazaña y ciertamente emocionado con el descubrimiento, aunque no sabía bien por qué.

Al melómano se le dibuja una sonrisa al recordar aquel viejo cajón que devendría portal interdimensional a su nuevo mundo, un reino ajeno a las leyes del espacio-tiempo. El primero de los casetes era el de la Quinta Sinfonía. De las más conocidas, con esas cuatro notas que parecen el destino llamando a la puerta a golpe de nudillo: toc-toc-toc-toc. “Es la fatalidad, que viene a buscarte.” En la elegida mejor película del siglo XXI, Mulholland Drive, de Lynch, éste, muy hábilmente, utiliza ese patrón rítmico para despertar de su bonito sueño a Naomi Watts, con llamada a la puerta incluida. La segunda cinta era la Pastoral. Luego llegaron el Triple concierto, los de piano, el de violín -qué joya-, las sinfonías impares, la Gran Fuga -ríanse ustedes de la de Puigdemont-, la Cuarta y ... la Heroica.

A veces, el melómano tiene miedo de saturarse de tanto Beethoven, es por ello que abre sus oídos a otros grandes, como Bach o Mozart, y éstos se le antojan música celestial, como si fuese el mismo Dios escribiendo sus partituras, pero como el melómano es sólo un hombre y no Dios, siempre acaba regresando a Ludwig Van, cuya música tiene mucho de humano y poco de divino.

Piensa el melómano en lo mucho que se está hablando este año del viejo: que si la música es hoy como la conocemos es gracias a él; que fue rupturista y valiente, preocupado por la Humanidad y sin embargo cómplice de las fuerzas de la Naturaleza, un ser amargado como todo aquél que discurre demasiado, encerrado y a la vez libre, perseverante, perfeccionista y entregado a un ideal; se está hablando mucho también de las asombrosas similitudes entre su vida y obra con la de Goya (lo de la Quinta del Sordo aquí tiene su gracia), y es todo ello sin duda cierto, pero sobre todo, piensa el melómano que Beethoven fue un luchador incansable en busca de respuestas, un explorador que quiso correr la cortina (abrir el cajón), un ser que se destrozó los puños tratando de romper la cuarta pared.

Al terminar la marcha fúnebre, el melómano tiene la sensación de haber sido testigo de una epifanía que escapa a su entendimiento.

Es 2020, y el mundo se oculta tras una pesada cortina.

Yo... también.

“Me apoderaré del destino agarrándolo por el cuello. No me dominará.” (Ludwig van Beethoven)

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2 Comentaris

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#2 pepe, andorra, 30/12/2020 - 01:23

pues quien eligio esa pelicula, se equivoco ampliamente, es una película mas q correcta e incluso muy buena, pero no es la mejor......De todas formas, para gustos, se pintan los colores......

#1 Onofre de Dip, Barcelona , 16/12/2020 - 12:55

Jay Luvaas, un historiador militar norteamericano, dijo una vez que Haydn era a Federico el Grande lo que Beethoven a Napoleón. Y la verdad es que los paralelismos me parecen muy adecuados.