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La Punteta · 21 de Maig de 2020. 08:14h.

LUIS CAMPO VIDAL

Escriptor

Mi país soñado. 4ª entrega

EL PLAN

Volvamos al 23 de abril, empezaré por hablar de mis colegas.

A algunos les conocía desde hacía poco tiempo, meses, quizás un año. Nos había unido un denominador común, el seguimiento y la simpatía hacia un periodista que castigaba desde su columna del Diari de Girona, a cualquier personaje político que hiciera el ridículo en el ejercicio de su cargo público y que cobrase un sueldo exagerado sin merecerlo. Por supuesto, los políticos le entregaban cada día en una bandeja de plata varios temas ridículos, abusivos, inverosímiles para que él con su pluma satírica los pusiese a caer del burro. Sus columnas tenían una gran calidad literaria, su estilo era incisivo y certero, y escribía con un talante y una chispa que nos hacía sonreír, reír, o carcajear en cada uno de sus párrafos. ¡Ah! Y no nos olvidemos de la estructura de sus columnas, eran de lo más parecido a una obra de teatro con cada uno de sus actos: planteamiento, nudo y desenlace.

Nos constituimos como un grupo de seguidores suyos y nos bautizamos como CLAS, Club de Lectores de Albert Soler (el periodista mencionado). Habíamos trabajado juntos para editar un libro, una recopilación de sus artículos. Editamos una primera versión en catalán ESTÀVEM CANSATS DE VIURE BÉ y después otra en castellano NOS CANSAMOS DE VIVIR BIEN y organizamos junto con muchos otros amigos y seguidores de Albert Soler hasta quince presentaciones de sus libros por toda Cataluña, a las que asistieron unas mil quinientas personas: Girona, Barcelona, Olot, Banyoles, Granollers, Tarragona, etc… incluso presentó los libros en Valencia y en la embajada catalana en Madrid, el Centre Cultural Blanquerna. Todo iba viento en popa hasta que la llegada del COVID-19 truncó la presentación en Sevilla, cuando ya teníamos los billetes del AVE en el bolsillo y la sala de la Fundación Cajasol estaba lista para recibir al autor. Las intervenciones de Albert Soler y de los que le acompañaban en esas presentaciones, Ramon de España, Víctor Amela, Siscu Baiges, Santi Castellá, Xavier Rius, Alfonso de Vilallonga y muchos otros eran un bálsamo terapéutico para los damnificados del prusés. Eran encuentros repletos de humor, sarcasmo y con un público auténticamente transversal.

 

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Presentación del libro ESTÁVEM CANSATS DE VIURE BÉ en Barcelona.
Víctor Amela, Ramón de España, Alfonso de Vilallonga y Albert Soler

Nos regíamos por la misma jerarquía que un grupo de guerrilleros panchovillistas. En CLAS no existían cargos, cada uno aportaba lo que podía o quería, y no estamos hablando de dinero. No había cuotas, ni presupuestos, tan solo colaboración en forma de los servicios que cada uno de nosotros había decidido aportar. Por lo tanto, no había luchas por el poder, ya que, al no haber organización ni jerarquía, no había cargos ni nada por lo que luchar. Eso nos distinguía del apparátchik  que imperaba en la mayor parte de partidos políticos, asociaciones u organizaciones y nos hacía más fuertes y competitivos, incluso ante cualquier editorial de libros.

Por supuesto que cada uno jugaba un rol, pero a nadie aún se le había ocurrido clasificarlo, defenderlo, ni siquiera identificarlo. Los miembros de CLAS habían tenido o tenían una vida profesional satisfactoria que les compensaba todas las necesidades de vanidad y autoestima que podían necesitar. Así, que una vez que sus deberes estaban bien hechos se entregaban al disfrute de participar en un grupo dinámico sin recibir ni dar órdenes, la jerarquía no había visitado en ningún momento a CLAS.

En cambio, sus componentes eran unos profesionales con alta formación y me atrevería a decir con una elevada dosis de calidad humana. Entre ellos podíamos encontrar ex directores de entidades financieras, ex gestores de la Fira de Barcelona, profesionales de reconocido prestigio comercial, consultores de empresas e Instituciones internacionales, directivos de Fundaciones Culturales, gestores municipales o directores de comunicación y de publicaciones de altos vuelos, además de profesores universitarios consagrados y sociólogos de reconocido prestigio. Todos ellos disponían de tiempo y de ilusión. Así que aquel cóctel tenía el éxito asegurado.

Otros de mis colegas eran amigos históricos con los que había compartido mis años de juventud en entidades culturales de Cornellá de Llobregat, en el movimiento obrero y vecinal del Baix Llobregat cuando a aquella comarca se la conocía como EL CINTURÓN ROJO. Nos inspiraban intelectuales como Jordi Solé Tura o Alfonso Carlos Comín co-fundador de Cristianos por el Socialismo con Joan García-Nieto sacerdote, sociólogo, quien también fundó CCOO del Bajo Llobregat.

Completaban el grupo de colegas amistades del ámbito profesional con las que había vivido aventuras en el campo de las telecomunicaciones, de la informática o de la televisión. Realizamos proyectos fascinantes en diferentes países de Europa, Estados Unidos y Latino América. Compartir momentos difíciles en el campo de los negocios te muestra el talante real de las personas que los protagonizan. Como decía un inspector técnico del Comité Olímpico Internacional (COI) al que conocí en Jaca, “el mundo está dividido en dos tipos de personas: Los simplifiers y los complicators”. Yo siempre intenté mantener entre mi círculo de amigos a los simplifiers.

Con muchos de ellos comentábamos diariamente la situación que vivíamos y, en aquella nueva aventura, nos unía la desconfianza en nuestros políticos y gestores públicos. Las continuas meteduras de pata, los errores de comunicación y los fallos de principiante que estábamos observando desde que empezó a atacarnos el Coronavirus. Nos desesperaban.

Nunca antes habríamos pensado ni en asociarnos, ni en hacer un jaque al sistema, nunca fuimos anti sistemas, más bien todo lo contrario, pero ahora los vaivenes del barco nos mareaban y cuando subimos desde los camarotes de tercera clase a la cubierta para ver qué estaba pasando, constatamos que el capitán y los oficiales de navegación o estaban borrachos, o durmiendo en sus camarotes de lujo con la orden de no ser despertados por ningún motivo. Igual que hizo Hitler en el día más largo de la invasión, cuando los aliados desembarcaban en Normandía. El timón de nuestro barco, de nuestro país, estaba dando bandazos.

Nos sentimos moralmente autorizados y con licencia para subir al puente de mando y tratar modestamente de enderezar el rumbo de la nave.

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1 Comentaris

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#1 Juan Jose García, Cunit, 21/05/2020 - 16:02

Pues ya estais tardando mucho.El adversario sociopolítico,no tiene media hostia.
El Govern,que salga de las próximas elecciones,no podrá gobernar.Sólo decidir quien nombra más cargos y tiene la nóminas más altas.Lo demáas se decide en Bruselas,que ésta cerca de Waterloo.Nadie lo va a notar.