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La Punteta · 21 de Juny de 2018. 07:42h.

PEP DE NEL

Miénteme al oído. La república de la mentira

El farol del “procés”, un ejemplo de posverdad y de disonancia cognitiva

La exconsejera Clara Ponsatí reconoció el sábado 9 de junio desde Escocia –donde se encuentra fugada de la Justicia– que el procés, y en concreto la consulta del pasado 1 de octubre, fue una farsa impulsada por los propios dirigentes independentistas. Admitió que el anterior ejecutivo de Puigdemont, del cual ella formaba parte, «jugaba al póquer» con el Gobierno español y que «íbamos de farol», haciendo referencia a la estrategia usada en aquel juego de azar consistente en mentir a los demás jugadores para acobardarlos o impresionarlos.

Los no independentistas ya avisamos en su día de tal engaño, que no había mayoría social suficiente para la secesión, ni estructuras de estado, ni medios de financiación propios o externos, ni reconocimiento internacional necesario, ni encaje en la actual Unión Europea de los estados, ni marco constitucional interno posible, ni garantías mínimas de ningún tipo... Que no era viable, vamos. Pero fuimos marcados con el estigma nacionalista de la anticatalanidad: traidores a la patria, botiflers...

Pero ahora, con las cartas boca arriba, los dos millones de independentistas que en su día se creyeron la milonga de un proyecto real de república catalana continúan aún inmersos en su alucinación colectiva. Nadie protesta por haber sido engañado. Estas almas cándidas y amarillas, algunas tragan y aceptan en silencio el engaño; otras, se engañan a sí mismas, como Iu Forn, quien —haciendo alarde de un rebuscado juego de mentalismo— publicó un artículo en el que, sin entrar en el fondo del asunto, criticaba la autocrítica (rectius confesión) de Ponsatí, al tiempo que nos animaba a los no nacionalistas a hacer autocrítica (sic).

Los nacionalistas catalanes se mantienen en su engaño, a pesar de su reconocimiento como tal. Es un claro ejemplo de lo que los cursis modernos denominan posverdad y que el diccionario de la RAE define desde 2017 como «distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales».

En efecto, la confesión de Clara Ponsatí y la ausencia de protesta de los engañados nacionalistas tras la misma, demuestran que ya no les importa —si es que alguna vez les importó— la búsqueda de la objetividad o la verificación empírica de la realidad. Tan solo la adopción de los hechos y de las emociones que encajen con los esquemas mentales preestablecidos, siendo irrelevante su veracidad.

Los líderes nacionalistas mantienen el engaño porque el procés se ha convertido en su modus vivendi, en su fuente de ingresos personal. El fin ya no es la independencia —inviable, tal como reconoce Ponsatí— sino el procés en sí mismo (procesismo).

Sin embargo, las masas nacionalistas aceptan el engaño de sus dirigentes por una cuestión más patológica: porque no desean cuestionarse el sistema de creencias que arraigan en su identidad personal y social. Como la realidad choca con sus creencias nacionalistas, eligen manipular la realidad para mantenerse en sus creencias. Así, sumergidos como en un pantano ponzoñoso donde naufraga el sentido común, son incapaces de examinar sus creencias a la luz de la realidad. Es un ejemplo de lo que los psicólogos definen como disonancia cognitiva. Por eso, al igual que el Barça es más que un club, el nacionalismo catalán es más que una ideología política: es una alucinación colectiva, una venda que ciega la moral, una patología mental.

Es la “república de la mentira” donde paradójicamente manda un rey: el Padre de la Mentira. Se miente no sólo material, sino también formalmente: incluso en el sustantivo para definir la mentira. “Posverdad” le llaman ahora a lo que toda la vida se ha conocido como mentira, que intentan hacer tragar como píldoras de verdad homeopática. Emplean una palabra para referirse a su antónimo. La mentira al cuadrado.

Si la verdad nos hará libres, es preciso despojarse de todas las posverdades y disonancias cognitivas, buscar la objetividad, contrastar empíricamente los hechos, examinar nuestras creencias a la luz de la realidad, para así alcanzar la auténtica libertad.

Pep de Nel, escritor @Pep_de_Nel

 

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4 Comentaris

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#4 Holger Lara, Barcelona, 23/06/2018 - 00:25

Esta clase política que nos representan , son carentes de principios y valores cristianos, dirigen una ciudad, un país noble y próspero; haciendo de la mentira y el engaño una posverdad, para manipular e influir en la conciencia de la sociedad entera. Por favor estemos alertas con estas escorias humanas, disfrazados de humanistas.

#3 Protágoras, bcn.España, 21/06/2018 - 17:02

Hay demasiados interese en juego. Centenares de asociaciones subvencionadas centenares de periódicos y web comprados con dinero público. Miles de políticos ineptos que sin proceso irían al paro. Centenares de reyes y rufianes. Decenas de miles viven de la gran mentira, que les conviene creer porque han hecho de ella su modo de vida.

#2 el último que cierre, Canovejas, 21/06/2018 - 13:31

Sr. De Nel, reconocer errores dignifica y enaltece a las personas. Pero eso no podemos pedírselo a los supremacistas y "dueños del cortijo". No va en su ADN y les supondría reconocer su derrota. Se encuentran más cómodos (aunque llenos de rabia) con sloganes caducados para disimular su INCAPACIDAD a pesar de su "supremacísmo". Son HIPOCRESIA X

#1 Sarah, Tabàrnia, 21/06/2018 - 09:22

Ostres, Pep!
Encertadíssima anàlisi. Com poden sortir aquests dos milions de persones del pou en el que tan alegrement s'hi han deixat lliscar? Entenc que no vulguin veure la realitat, és crua, i els deixaria en una posició d'absolut ridícul. I com són molts, ho tenen fàcil per anar-se donant suport uns als altres. Mal de muchos...