Publicitat
La Punteta · 11 de Febrer de 2018. 20:31h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

¿Por qué Auschwitz?

¿Qué veían en Hitler?

 

La editorial francesa Gallimard decidió hace un par de semanas suspender la anunciada reedición de los panfletos antisemitas de Louis-Ferdinand Céline (1894-1961) ante el revuelo creado. El autor es un de los grandes escritores franceses pero también fue un nazi de tomo y lomo.

Tampoco resultó el único en la Francia ocupada. ¿Saben cuantos ejemplares vendió de las obras ahora vetadas? De Bagatelles pour un massacre (1937) más de 86.000 ejemplares, de L’École des cadavres (1938) casi 40.000 y de Les Beux Draps (1941) 44.000 (1).

De hecho, no fue el único intelectual francés que sucumbió ante los encantos del del III Reich. Había también otros como Robert Brasillach o Pierre Drieu La Rochelle. Éste último tuvo menos suerte porque fue ejecutado en 1945 por colaboracionista.

En realidad, los franceses inventaron el antisemitismo moderno. El caso Dreyfuss, que dividió la sociedad por la mitad, es el ejemplo paradigmático. Pero siempre me ha llamado la atención la contribución de dos franceses: Édouard Drumont con su La France juive en 1886 o Gobineau con su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas de 1899. El nazismo bebió de ambos.

Es como el gobierno polaco, que ha decidido modificar la historia por ley. Vaya por delante que Polonia fue de los países que más sufrió bajo la ocupación nazi.  No sólo se dividieron el país con los soviéticos sino que incluso le borraron el nombre porque pasó a llamarse Gobierno General. Unos y otros quisieron acabar con las élites políticas, económicas y culturales. Con el país entero.

Pero antes y después se habían dado casos de antisemitismo también en Polonia, seguramente incubados por un cristianismo profundo. Encajonados siempre entre dos o tres imperios (Prusia, Austria y Rusia), el catolicismo fue una rasgo de identidad nacional frente a luteranos y ortodoxos.

Antes de la guerra, ya hubo aquel episodio en el que el gobierno alemán expulsó a judíos polacos y las autoridades de Varsovia se negaron a admitirlos (1938). Durante un tiempo quedaron en tierra de nadie. Y, tras la II Guerra Mundial, el progrom de Kielce de 1946. Sobrevivir al Holocausto para acabar así.

Claro que quién esté libre de pecado que tire la primera piedra. En estos los catalanes también somos pioneros. Tengo la teoría personal de que el Palau de la Generalitat está edificado en un antiguo solar del barrio judío arrasado en el siglo XIV. La masacre es de 1391 y el terreno  fue adquirido unos años después tras haber quedado vacío: en el 1400.

Recuerdo una conferencia del escritor Manuel Forcano, autor entre otros de Els jueus catalans (2014) en el propio Palau en el 2013, en el que recordaba que casi inventamos la estrella de David, aquella que los nazis obligaron a coser a los judíos varios siglos después

La reina María, esposa de Martí l’Humà, ya dictó en 1397 normas para que se pudiera distinguir a los judíos por la ropa o los sombreros que llevaban. Claro que en esa época, que algunos se empeñan ahora en idealizar, parece que también marcábamos a herejes, adúlteros, homosexuales, bastardos, presuntas brujas, leprosos y prostitutas. No debía quedar títere con cabeza.

Y Montserrat Roig, en su libro Els catalans als camps nazis -yo tengo una edición de 1980 pero hay una más reciente: aprovechen la ocasión- recoge el testimonio del manresano Jacint Carrió, uno de los supervivientes de Mauthausen, que de pequeño iba por las calles de la ciudad al grito de “vamos a matar judíos” (2). Cosa que, sin duda, debía gritar la chiquillada en Semana Santa y otras fiestas de guardar.

Todo ello sin voluntad de exculpar a los nazis -y a los alemanes que lo sabían o que simplemente miraron hacia otro lado- porque ellos inventaron el genocidio industrial. ¿Cómo puede ser que la patria de Goethe, de Kant o de Beethoven inventara también Auschwitz? Vamos a dejar de lado otra figura nacional, Lutero, porque era un antisemita furibundo.

En fin, el Holocausto tampoco se puede entender sin dos aspectos más. Uno ya lo puso de manifiesto Hanna Arendt en su Eichmann en Jerusalen: el nazismo tuvó como cooperadores necesarios a una parte de las élites judías. Simplemente por querer salvar la vida o porque no tenían más remedio. Y en los campos a ucranianos, letones, lituanos, estonios y bielorusos como kapos o auxiliares.

El otro es que los judíos consiguieron mantener su identidad nacional sin contar con un estado propio durante más de dos mil años si tomamos como fecha de salida la expulsión ordenado por Tito en el año 70 d. C. Pero paradójicamente la resistencia a la integración en las sociedades o países de acogida favoreció también el antisemitismo.

Saul Friedländer, él mismo un judío checo que sobrevivió al Holocausto en Francia gracias a una familia católica, lo sintetiza en su libro ¿Por qué el Holocausto?: “El instinto agresivo puede derivar en hostilidad hacia aquelllos que están fuera del grupo” (3). Aunque desde luego una cosa es hostilidad y la otra meter a mujeres, niños y ancianos en cámaras de gas.

Si quieren un consejo. Visiten a la menor oportunidad la exposición sobre Auschwitz que puede verse en Madrid, en el Centro de Exposiciones Arte Canal, no lejos de las las famosas Torres Kio. Al menos así las llamaban en mi época.

Seguirán sin entener cómo pudo pasar pero tendrán más datos para juzgar porqué paso. No es sólo una exposición sobre el más importante campo de la muerte del III Reich, sino también el caldo de cultivo que llevó hasta él. Como la hiperinflación de los años 30. Los tenderos utilizaban billetes de banco para hacer las cuentas.

La muestra esta abierta hasta el próximo 18 de junio pero no esperen al último día. Los lunes la entrada cuesta apenas seis euros. Hasta pueden encontrar, con suerte, algún billete en oferta del AVE. Eso sí: vayan con tiempo. De dos a tres horas. Yo tuve que recortar el trayecto porque se me escapaba precisamente el tren y todavía me arrepiento.

 

(1) Nicolas Jagora-Frank Segrétain: “La Victoir malgré tout” , Éditions LBM, Paris 2005, pág. 47

(2) Montserrat Roig: “Els catalans als camps nazis”. Edicions 62, Barcelona 1977. pàg 178

(3) Saul Friedländer: “¿Por qué el Holocausto”. Gedisa. Barcelona, 2004, pàg. 36

 

e-notícies català

e-notícies castellano

Más articulos

Web personal

Quién soy

Twitter

Facebook

Instagram

Youtube

 

5 Comentaris

Publicitat
#4 Alex , Mataró , 15/02/2018 - 22:22

“Nos han educado en la obediencia absoluta, en la jerarquía, en el nacionalismo; nos han atiborrado de eslóganes, embriagado de ceremonías y manifestaciones; nos han enseñado que lo único justo era lo que nos favorecía a nuestro pueblo, y que la única verdad eran las palabras de nuestro jefe”.

Los hundidos y los salvados (1989) de Primo

#3 Gerardo Quesada, Enlloc i Arreu, 13/02/2018 - 23:44

En realidad quienes cambian la historia son los que atribuyen a Polonia una especial responsabilidad por el Holocausto. Hubo antisemitismo en Polonia, ciertamente, y pogroms esporádicos, pero durante la SGM el comportamiento de los polacos no fue diferente del que exhibieron los demás países ocupados.

#2 Tabarnia is not Catalunya, Osetia del sur, 11/02/2018 - 23:11

Sr Rius, me encanta e noticias y leo diariamente su columna,pero me parece lamentable el titular de hoy tensión entre independentistas y españolistas??, digan constitucionalistas, digan unionistas (q tpoco es correcto del todo),pero no españolistas,es inaceptable, son ESPAÑOLES

#2.1 pepe.----, andorra, 13/02/2018 - 14:25

los terminos españolista, q pertenecen a los socios y simpatizantes del RCD Español y unionista, de los irlandeses del norte lealistas, son palabros introducidos por el separatismo en el animo de corromper el lenguaje como via para corromper la sociedad. Yo no soy ni españolista ni unionista, soy un español apuñalado por otros españoles.

#1 Pepe, Alacant, 11/02/2018 - 21:36

Porque el estado, con todos sus medios, alentó e incendió un rencor preexistente, eso ha sido corriente a lo largo de la Historia y no sólo contra los judíos sino contra cualquier grupo social considerado perverso , aunque los nazis superaron cualquier precedente.