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La Punteta · 28 de Maig de 2019. 11:53h.

ROBERTO A. LARRAÑAGA

Provocaciones

El pasado jueves hubo un acto de Ciudadanos en Miravalles que contó con la presencia de Maite Pagazaurtundúa y de Albert Rivera, entre otros. Fue un contra-homenaje al etarra Josu Ternera en su pueblo natal, después de que algunos vecinos de la localidad, simpatizantes de la llamada izquierda abertzale, celebraran un acto de enaltecimiento de José Antonio Urrutikoetxea tras su captura en los Alpes franceses. Este evento fue similar al que poco antes había llevado a cabo el partido en Rentería en abril, con la presencia del filósofo Fernando Savater: ambos transcurrieron en medio de un ambiente de gran hostilidad, ya que algunos vecinos nacionalistas intentaron boicotearlos (con lazos amarillos, cacerolazos, silbidos y sirenas). Otro aspecto que tuvieron en común fue la airada reacción que causaron en sectores nacionalistas, que no tardaron en hablar de “provocaciones”.

Lo que me interesa aquí es exponer las críticas que el presidente del Partido Nacionalista Vasco, Andoni Ortuzar, dirigió contra el acto en la localidad vizcaína, así como otros lugares comunes que comparte la comunidad nacionalista, para después decir lo que pienso al respecto.

Ortuzar dijo literalmente lo siguiente: “Rivera y los suyos han anunciado un acto en Ugao para el jueves que viene. Fijaos, no se presenta allí en las elecciones; no tiene lista municipal en Ugao. Pero viene a montar el lío. Utilizando una vez más de manera farisaica a las víctimas del terrorismo, viene en busca de votos. Lío en Euskadi, votos en España. Ese es su negocio, jugando con los anhelos, jugando con las esperanzas, y jugando con la paz de este pueblo. Le vamos a decir otra vez que no, que no tiene sitio en esta Euskadi, y no solo se lo vamos a decir nosotros, se lo va a decir la ciudadanía vasca. ¡Ojalá no tenga ni un solo concejal en ningún pueblo de Euskadi! […] Es una indignidad que se utilice así el dolor de las víctimas […]. Lo decimos muy claro, a unos y a otros: ni ongietorris ni contra-homenajes. Euskadi lo que necesita es convivencia; Euskadi lo que necesita es paz; Euskadi lo que necesita es diálogo; Euskadi necesita ver al futuro.”

Suena a un discurso aparentemente sensato y de sentido común. No obstante, este planteamiento flaquea, sobre todo si tenemos en cuenta la historia reciente del País Vasco. Para empezar, Ortuzar pone en un mismo plano a los liberales de Ciudadanos y a la izquierda abertzale, que nunca se ha arrepentido ni pedido perdón por su pasado sangriento. Presenta al PNV como un justo medio, distanciado “de unos y de otros”, como una tercera vía garante la de la paz. La equidistancia para empezar sería impresentable desde un punto de vista democrático: no se puede comparar a los herederos políticos de una banda terrorista con un partido que tiene las manos libres de sangre.

Sin embargo, esta supuesta equidistancia “peneuvera” (o jeltzale) es totalmente falsa: los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco siempre se han ensañado más con aquellos liberales que pugnan por la igualdad ciudadana y por la justicia con las víctimas del terrorismo. “Ni ongietorris ni contrahomenajes”, dice Ortuzar, pero solo montan un poyo contra los segundos. En lo que se refiere a actos de enaltecimiento del terrorismo, el PNV siempre ha sabido hacerse de la vista gorda: sus críticas no suelen ser tan virulentas, no vaya a ser que se rompa la gran familia nacionalista. De tal modo que esta supuesta moderación entre dos extremos se traduce en realidad en un silencio o una permisividad que favorece al abertzalismo.

Según el relato nacionalista, es una indecencia que vengan partidos constitucionalistas al País Vasco en plena campaña electoral a utilizar la sangre de las víctimas y el dolor de la sociedad vasca en detrimento de una paz frágil y con el fin de obtener votos al sur del Ebro. Esta es la crítica más fuerte de Ortuzar contra actos como los de Rentería o Miravalles: según él, son frívolas provocaciones, una mera astucia electoralista disfrazada de justicia. Y, sin embargo, me parece que esta posición es la más tramposa, deshonesta e injusta.

Vamos por partes. A la hora de criticar a la izquierda abertzale es frecuente escuchar a los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco preguntar en actos políticos de qué ha servido tanta violencia terrorista, como si tantos años de atentados cobardes y de asesinatos no hubiesen servido para absolutamente nada. Eso mismo se preguntaba hace poco la eurodiputada Izaskun Bilbao en Irún (donde los nacionalistas no han podido arrebatarle la alcaldía a los socialistas). Bien, el terrorismo de ETA no ha sido un despilfarro de sangre “en vano”; en la historia reciente del País Vasco ha servido a un propósito político muy concreto. En opinión de Savater, la Euskadi de hoy no es la que le habría gustado a ETA, pero tampoco es la que imaginaban quienes se oponían a ella: el País Vasco de hoy es “otra cosa”, y lo es en buena medida por la actividad de ETA.

¿En qué consiste esa “otra cosa”? Jon Juaristi lo tiene muy claro: ETA, durante las décadas en que estuvo activa, intentó eliminar todo aquello que no se pareciera al proyecto aranista y que se distanciara de esa Euskadi uniforme soñada (en la que no tenía lugar una alternativa constitucionalista y liberal). ETA, mediante el escarmiento y el miedo, provocó un exilio importantísimo de buena parte de los sectores no nacionalistas de la sociedad vasca al resto de España –hecho ampliamente documentado por Iñaki Arteta–, lo cual, por supuesto, benefició políticamente al nacionalismo en su conjunto. Además, las instituciones del Estado en la Comunidad Autónoma Vasca son hoy testimoniales y el nacionalismo vasco dirige un cuasi-Estado vasco que le sirve para “construir país”. A esto habría que añadir la hegemonía cultural nacionalista en toda Euskadi, en toda la esfera pública y en las instituciones –las educativas, por ejemplo–. ETA se disolvió porque, si bien había sido derrotada por las fuerzas de seguridad, ya había conseguido uno de sus objetivos históricos, una de sus razones de ser: construir la hegemonía cultural del nacionalismo que caracteriza al País Vasco actual, que desafortunadamente es menos plural que el de las décadas previas al exilio.

Por lo tanto, el tema de ETA y de sus víctimas es inevitablemente político, y no es ninguna indecencia hablar de él, ni siquiera en campaña: quedan cantidad de casos por resolver y un relato veraz por hacer prevalecer. Es imposible disociar este tema de la política, pues toda la actividad de la banda tuvo por objetivo la construcción de un orden político concreto. El principal beneficiario de la hegemonía política nacionalista ha sido el PNV que, en palabras de Arzalluz, supo “recoger las nueces del árbol sacudido” por los del hacha y la serpiente. La paz de hoy, que en efecto es tan necesaria, no es la que la sociedad vasca plural se merecía.

El PNV invita hoy a pasar página y a mirar al futuro, es decir, a no hablar del pasado violento que le benefició. He oído a más de un votante jeltzale decir que a nadie le ha convenido tanto como a Maite Pagaza que le mataran un hermano. Me pregunto yo si se puede ser tan miserable y mostrar una bajeza humana semejante. Sin embargo, creo que buena parte del mundo nacionalista compartirá esa opinión… Es lo normal en esta sociedad amnésica.

Dicho lo anterior, sí pienso que Ciudadanos y los demás partidos constitucionalistas deberían repensar su estrategia política en el País Vasco. No digo que haya que practicar el “buenismo” para con el nacionalismo, semejante al que practica parte de una izquierda acomplejada. No obstante, creo que si las únicas cartas de presentación del constitucionalismo en Euskadi se limitan a ETA y a la crítica al cupo vasco, desafortunadamente sus votos seguirán siendo menos que residuales. No digo que tenga que renunciar a lo anterior, que es justo y legítimo, pero sin duda tendrá que poner énfasis en las preocupaciones cotidianas de los vascos. El PNV goza de un aura de “buen administrador”; quizás habría que empezar por ahí e incluir en el abanico de propuestas políticas una serie de medidas creíbles para mejorar los servicios y aquello que afecta a la ciudadanía en su día a día. No me creo que el PNV no tenga “cola que le pisen” en temas administrativos, y el constitucionalismo debería de entrar de lleno en estas cuestiones. Sin renunciar a la justicia, a la memoria y a la igualdad ciudadana, no se me ocurre otra manera para intentar romper esta hegemonía.

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1 Comentaris

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#1 pepe, andorra, 04/06/2019 - 11:26

Igual es q se monto todo el pollo separatista catalan para tapar las cesiones y bajada de pantalones de zetaparo y rajao ante el ultraseparatismo vasco.....Yo ya no descarto nada. Pq al final, nada es lo q parece. Y el principal enemigo de España y los españoles siempre han sido sus propios gobiernos desde hace cien años con alguna q otra excepcion