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La Punteta · 13 d'Abril de 2019. 18:43h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Raros universitarios graduados en odio

Inquieto y enfadado estoy al ver a algunos jóvenes, presumo que universitarios, que practican o normalizan la violencia a la que pretenden confundir  toscamente con acción política. Indudablemente, esos jóvenes cafres adolecen de lo que antes se llamaba comúnmente urbanidad y que enseñaba a comportarse en sociedad. Ahora ya no sé ni cómo llamarlo y es tristísimo que no sepan nada de ello, al menos para esos jóvenes aprendices de liantes. Con estudios superiores sí, pero esencialmente se trata de unos maleducados peligrosos se diría que en busca de un grado superior en odio.

El virus del odio se ha inoculado en algunos jóvenes y justamente donde menos se esperaba como en algunos espacios universitarios o educativos. Presupongo que todos ustedes vieron las imágenes del reciente episodio de violencia en la Universidad Autónoma de Barcelona contra los convocantes y asistentes de un acto del Partido Popular, aunque de hecho pudieron ser de cualquier otra formación constitucionalista. Otra muesca más en el camino de la violencia a ninguna parte, en este caso ni a la comisaria ni al juzgado, cosa que es de nota viendo las imágenes del follón montado y los riesgos físicos evidentes.

Por estos repetidos y crecientemente graves episodios, hay que poner coto a estas hordas de maleducados azuzados, qué duda cabe, por el mismo gobierno de la Generalitat y por algunos partidos o entidades que lo sustentan. Quizá tengan forma humana de estudiante universitario, no dudo incluso de que lo sean, pero su misión aquí y ahora es ser máquinas de odio. Para blanquear a estos energúmenos siempre aparece un malvado o un tonto a las 3 que califica el desastre que provocan como libertad de expresión y lucha por la república. O aún peor es cuando brota el idiota que demoniza al objetivo de esta muchachada violenta. Ya saben que la mezcla perfecta para hacer el mal es la de un perverso con un tonto útil a su misma causa. Pues imagínense aquí que parece que han soltado a miles de unos y de otros y se han unido.

¿Qué diremos y qué haremos cuando llegue la primera muerte violenta que, a buen seguro, no será la única? Será quizás en una manifestación, en una carpa de un partido, en esa o en otra universidad catalana, en Barcelona, en Girona, en una calle con lazos o en una esquina sin ellos. Quizá solo se nos ocurra  decir que se veía venir y nos quedaremos tan anchos. Y no será eso, no. Será un negro hito más en el camino trazado por unos desdichados políticos orates que animaron a esos jóvenes a buscar la república  mientras lanzaban adoquines en vez de leer libros. Supongo que esa será la república de los tochos, a juego con sus patrocinadores.

¿Cómo se puede sentir un progenitor medianamente normal que vea a sus hijos, menores de edad a veces, comportarse con tanta violencia y nulo respeto por los usos democráticos? Digo yo que habrá que plantar cara al  problema que supone convivir con un hijo que confunde la política con el gamberrismo o con la delincuencia. Urge, por tanto, que algunos papis de estos pijoenergúmenos (republicanetes de salón, cedeerres regrabables por Puigdemont o Torra, anticapitalistas con segunda residencia o gamberros diversos sin más cualificación) se apliquen el cuento, al menos antes de ser devorados por sus hijos en el comedor de su casa en el transcurso de cualquier discusión política.

Malditos sean los que enseñan a odiar al que piensa distinto en política. Inútiles aquellos padres que desertan de educar a sus hijos en ese valor del respeto por las ideas del otro. Habrá que rebuscar esa urbanidad perdida por algunos jóvenes en algún viejo baúl y desempolvarla. Aunque no sé si servirá porque desde el mismo gobierno autonómico, con amplios medios y recursos, se apuesta por emponzoñar la calle y siempre va el veneno en la misma dirección. Es aquella imagen del barquito que no sólo va escorado sino que además está navegando en un agitado mar de mierda.

En todo caso, la policía y la justicia deben estar siempre atentas al problema de la violencia en la universidad, por muy espacio sacrosanto que se pretenda que sea. Da igual que el rector tenga un amiguete en el cedeerre local o que sea primo segundo del Sursum Corda. La Universidad, singularmente la Autónoma de Barcelona, no puede seguir siendo un pueblo del puñetero Far West con una sheriff (rectora) acojonada por unos pocos forajidos, residentes o no, que amenazan con linchar a gentes de paz. Que llame a John Wayne si el miedo le impide salir de debajo de su mesa, por favor. Y luego que dimita si eso.

A los universitarios de la asociación “S’ha acabat” de la UAB.

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6 Comentaris

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#4 Tirant, Bcn, 02/05/2019 - 21:37

Molt lamentable que sigui precisament a la Universitat, lloc de civilitat, estudi i tolerància, on ha fet niu aquesta mena de feixisme que impedeix l'expressió dels altres.
La univesitat catalana ... vergonya del món lliure i democràtic.

#3 Talegon & Rufian "Fakes", WATERloo, 21/04/2019 - 04:03

Muchos tienen un Master en odio y acoso.

#2 Pepe, Alacant, 16/04/2019 - 10:42

Esos graduados en odio están haciendo méritos para su carrera política, o su carrera institucional, porque saben que su "lucha" será recompensada, y lo peor es que tienen razón.

#2.1 José González, Barcelona, 19/04/2019 - 09:54

Gracia, Pepe, por tu comentario al articulo. Espero que las cosas cambien. Un saludo

#1 maria jesus valderas, Barcelona, 14/04/2019 - 21:59

Coincido con Vd. Solo que creo que muchos papas que jamas arriesgaron nada real y fueron progres de salón ahora se enorgullecen de sus revolucionarios hijos,.Por otra parte los Rector@s de CAT creo que justo estan hay con estos presupuestos ideológicos previos. En Alemania la Universidad fue un bastión importante de la ideología nazi.

#1.1 José González , Barcelona, 19/04/2019 - 09:55

Gracias por tus comentarios y por tu opinión, María Jesús. Un cordial saludo