La Punteta · 11 de Novembre de 2022. 07:06h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

Reflexiones (improvisadas) sobre el desprestigio de la autoridad

Derribar, negar, rechazar, desprestigiar diríase que son las actitudes preferidas en la sociedad de nuestro tiempo, que acelera el paso de su estado líquido al gaseoso. Zygmunt Bauman al anunciar su tesis de la sociedad “líquida” como reservorio de desigualdad social se quedó un estado corto, podía haberla calificado ya de “gaseosa” por la aceleración de la desigualdad.   

Se derriban estatuas de personajes de hace 500 o más años juzgándolos con criterios ideológicos de hoy. Se niegan evidencias como el cambio climático provocado por la actividad humana. Se rechaza al “otro” porque no coincide con mi “yo”. Se desprestigia la bondad porque se considera una debilidad o la autoridad porque se tiene por innecesaria o inepta.

Me detendré en el desprestigio de la autoridad, en concreto de la autoridad que deben ejercer los órganos del Estado central, autonómico y local investidos de legitimidad para ello.

De entrada, la autoridad es bifronte: alguien actúa para que se haga o no se haga algo – es el ejercicio- y alguien hace o no hace algo -es la obediencia-.

Si no hubiera los que obedecen, no habría autoridad que ejercer. Sería absurda una sociedad en la que todos sus habitantes fuesen autoridad. Ninguna utopía la ha propuesto.

Y quien ejerce la autoridad tiene una doble responsabilidad:  tener la voluntad de ejercerla y saberla ejercer. No es raro que en la dialéctica ejercicio-obediencia falle el ejercicio. Resulta que es más fácil obedecer que ejercer la autoridad. No se ha considerado bastante esa dificultad, y, de ahí, proceden algunos malentendidos, entre ellos, el desprestigio de la autoridad.

Si la autoridad no se ejerce, se desprestigia y pierde legitimación.

Pondré un ejemplo sencillo de una autoridad local -órgano del Estado a su nivel-, que no ejerce en una materia, siendo su abandono extrapolable.

En el bonito Paseo Marítimo de Sitges se encuentran señales municipales con la indicación iconográfica de “prohibida la venta ambulante”, mientras el paseo rebosa de manteros que ocupan el ancho de media vía con toda clase de falsificaciones y quincalla.

El Ayuntamiento de Sitges debería o retirar las señales de la prohibición o hacerla cumplir. Ni una cosa ni la otra deja a esa autoridad municipal desprestigiada y deslegitimada para hacer cumplir otras disposiciones de su, por otra parte, estricta Ordenanza de Civismo (que prohíbe la venta ambulante).

El desprestigio de una autoridad en una materia es contagioso, se extiende fácil y rápidamente a otras materias, a otros lugares y a otras autoridades.

No ejercer la autoridad crea un vacío de poder y dado que el vacío no existe, de inmediato se llena de “desobediencia” de toda suerte de normas.

En las autocracias y dictaduras la autoridad siempre es de signo cuartelero, el “ordeno y mando”. Es una autoridad unívoca, no hay nada que reflexionar sobre ella, salvo sobre la condición de los que la padecen.

En democracia la autoridad está sometida al control parlamentario y también a la interpretación política del ejercicio. Cada concepción política tiende a interpretar el ejercicio de la autoridad.  

Los tópicos afirman que la derecha sabe ejercer la autoridad, incluso que a veces se pasa en el ejercicio. Y que la izquierda en la duda a veces interpreta la autoridad “pro abstención” y queda corta en el ejercicio. Son tópicos, puesto que hay varias derechas y varias izquierdas, por lo que la generalización es incierta.

Un caso especial es el de la autoridad autonómica de Catalunya que, pretendiendo ser “una pantalla pasada”, aún no ha aprendido a ejercer la autoridad como, por ejemplo, comprobaron los barceloneses durante meses al querer servirse de la Avenida de la Meridiana, y como sufren continuamente los Mossos d’Esquadra sometidos a un vaivén de mandos y criterios y a un presunto intento de politización independentista.

En todo caso, el desprestigio de la autoridad crea inseguridad, la inseguridad trae más desigualdad y con más desigualdad hay más  sociedad líquida , que se acerca más al estado gaseoso.

 

 

 

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7 Comentaris

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#4 pepe, Andorra, 11/11/2022 - 15:27

Anda q no se le ve la vena estatista, han sustituido ustedes la religión de Dios por la religión del Estado y no son capaces de hacer nada sin q algún estado haga algo, y la única forma de presentar resistencia al poder en su forma actual es actuar y organizarse al margen, mediante el mutualismo de toda la vida. Yo soy, un ateo del estado.

#4.1 Andrea, Barcelona, 13/11/2022 - 22:58

Lo que demuestra Vd.es una falta de comprensión lectora preocupante.

#3 pepe, Andorra, 11/11/2022 - 15:24

Pero sin embargo si q hay evidencias de q en otros tiempos hubo enfriamientos y calentamientos en la tierra producidos por elementos externos a la tierra o por culpa de volcanes como el Krakatoa. Claro q esas evidencias fastidian la politica estatista de usar una excusa como esa para limitar el crecimiento de muchos paises y subir muchos impuestos.

#2 pepe, Andorra, 11/11/2022 - 15:23

Estimado caballero, el dar como dogma ineludible, q el cambio climatico es algo q existe por culpa del ser humano es algo q no esta plenamente demostrado en cuanto uno se mete de lleno en las disquisiciones de los diferentes equipos cientificos q lo hacen. Como decia Galileo frente al dogma de su epoca, sin embargo se mueve. ¿Y q evidencias hay?

#1 Onofre de Dip, Vigo, 11/11/2022 - 10:24

La frase de Goethe, "prefiero la injusticia al desorden", puede ser un tópico de marcado carácter elitista, reaccionario incluso, pero me parece esencialmente acertada. La falta de autoridad, la anomía social, sólo pueden traer anarquía. Y de ahí al enfrentamiento civil, a la "stásis" de los antiguos griegos, no hay más que un paso.

#1.1 pepe, Andorra, 11/11/2022 - 15:20

deja de imbuir en las mentes de los lectores la idea de q la anarquia es algo desordenado, si algo demuestra dia a dia q es algo desordenado, corrupto e inmoral, es el estatismo fanatico q sufrimos hoy en dia, el exceso de regulaciones y por supuesto, el capitalismo de amiguetes, en suma, una vuelta al feudalismo, pero con engaños y mentiras.

#1.2 Onofre de Dip, Vigo, 11/11/2022 - 21:25

Si en algo creo, Pepe, es en el estado-nación, que es una construcción de siglos, y que ni mucho menos está muerto, como algunos pretendían. Creo en él, en sus instituciones y en sus leyes porque son algo sólido y roqueño. Los políticos, de los que descreo totalmente, van y vienen, el estado permanece. Y vertebra eficazmente a la nación.