La Punteta · 21 de Novembre de 2022. 10:41h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

Reflexiones (improvisadas) sobre la complejidad

No vivimos en un tiempo más complejo que tiempos pasados. La complejidad ha sido siempre la misma, la propia del Universo, del todo del que formamos parte. Todo estaba ahí, la electricidad, la fisión nuclear, el lavaplatos, Internet, el Bosón de Higgs, el virus SARS-Cov-2…, solo faltaba conocerlo.  Ahora somos conscientes de la complejidad y, paradójicamente, en lugar de aceptarla y penetrar en su conocimiento, domina la cultura del rechazo.

Hablo de la complejidad en la acepción de lo que se compone en un sentido lato de elementos diversos e interrelacionados, y que en lenguaje cotidiano se subsume, sin ser lo mismo, en el sinónimo lexical de “complicado”.

“Complicado” se ha convertido en un passe-partout que sirve para explicarlo todo sin explicar nada. Se escucha continuamente adjetivando cualquier cuestión o situación. Los bustos parlantes de antes y después de los encuentros deportivos hablan siempre de “partido complicado”. Los locutores o presentadores, él o ella, de radio o televisión al reportar sobre el regreso de un fin de semana hablan siempre de “tráfico complicado”. Ni en un caso ni en el otro nos enteramos de por qué han sido complicados.

 Utilizando los términos complicado o complejo al referirse a un asunto, proceso, acontecimiento, etc., se ahorra entrar, no ya a analizarlo, ni siquiera a describirlo someramente.

Pero resulta que la complejidad es la esencia misma del universo, del todo, y, si uno no se asoma a la complejidad de las cosas, no las entiende.

La complejidad asusta, tanto por la dificultad que entraña el conocimiento como por las implicaciones de todo orden que comporta. Si no “conozco” eludo tener que responsabilizarme de alguien, de algo, de alguna manera, mejor, pues, evitar la complejidad.

El rechazo de la complejidad no es ni nuevo ni reciente. Incluso existe como corriente “filosófica”: la complejidad irreducible. Según dicha corriente, la inmensa complejidad de la naturaleza, inaprensible para los humanos, implica la existencia de un Dios, del designio de un “diseño inteligente” del Universo. Lo rechaza la comunidad científica que se define, precisamente, por su afán de escrutar la complejidad y abordar su conocimiento.

Y también existe lo contrario al rechazo, reconsiderar la complejidad como pensamiento interpretativo en evitación de descripciones, explicaciones y concepciones simplificadoras y reduccionistas. El padre de la interpretación positivista como “pensamiento complejo” es el sociólogo francés Edgar Morin, que a sus 101 años sigue sin arredrarse intelectualmente ante la complejidad.

 El peligro mayor de no conocer la complejidad de las cosas -para muchos es un no querer conocerla- es la simplificación reduccionista. Abunda en la vida corriente y es una ignorancia que lastra especialmente la vida pública. Asistimos a una ascendente simplificación de la “res publica”, de la política pues, hasta perder su función.

Esa impostada simplificación falsea la realidad, la reduce a algo fácil, cómodo, intercambiable entre miradas que debieran ser distintas. Nos aboca a un empobrecimiento del debate político hasta su misma extinción, lo que hay en su lugar por parte de los malos ejercientes de político es una chachara frívola sobre, en lo inmediato, cuestiones complejas como la sostenibilidad futura de las pensiones, el funcionamiento de la administración de justicia o la eficiencia de la atención primaria en la sanidad pública. En lo por venir, les da igual.

 Ni que decir tiene que parte de la negación del cambio climático es debida al rechazo de la complejidad del fenómeno, resumido en la formulación castiza “venga ya, si siempre ha hecho calor”.

Ciertamente, entender la complejidad, penetrar en ella a lo largo de la vida, no está, por formación, al alcance de todo el mundo. Por eso, la simplificación de lo complejo, ordenada, objetivada, es la tarea de la cohorte de intermediarios de la que se han dotado las sociedades modernas, empezando por el maestro, siguiendo con los intelectuales de los diversos géneros (arte, sociedad, ciencias…) y terminando en los políticos como intérpretes y gestores de la cosa pública.

Ocurre, sin embargo, que hay fallos en la cadena de intermediarios en uno o en varios de los eslabones -los que no cumplen con su función -, entonces la complejidad se queda sin desmenuzar y, enfrentados a ella sin ayuda, son muchos los que la niegan o, intuyéndola, la rechazan por miedo o egoísmo.   

La simplificación simplona, con meritorias excepciones, es la que domina en las redes sociales, que están marcado la evolución cultural de la sociedad.  El tuit de 140 caracteres no puede explicar ni chispa de la complejidad de nada.

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5 Comentaris

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#3 Onofre de Dip, Vigo, 22/11/2022 - 21:50

La idea de complejidad me ha hecho recordar lo que el canadiense Thomas Homer Dixon escribió hace veinte años sobre el tema. Según él, los hombres han desencadenado fuerzas que por primera vez no seríamos capaces de controlar a tiempo (crisis económicas globales, pandemias, cambio climático...) Es lo que llamó "The Ingenuity Gap".

#3.1 Jordi Garcia-Petit, Barcelona, 24/11/2022 - 10:04

Onofre, no conozco al politólogo canadiense. Comparto plenamente su reflexión. Como muestra de pérdida de control Txernòbil.

#2 pepe, Andorra, 22/11/2022 - 13:33

Y esto lo dice el q simplifica una cuestión como el invento ese del cambio climático diciendo q unos burócratas llevan razón y listo. Sin tener en cuenta q la complejidad del clima desde hace 4500 millones de años, esta muy por encima de lo q podamos hacer unos simples humanos q la habitamos. Y su simplificación de la guerra ya es brutal.

#1 no soy nadie, ESPLUGUES DE LLOBREGAT, 21/11/2022 - 20:02

Tenemos un exceso de información, propiciado por las nuevas tecnologías, que en lugar de hacernos más sabios, nos vuelve más incultos, sectarios, miedosos y lo que es peor, manipulables. Da la sensación que al no saber retirar la paja, bien por ignorancia, bien por desconocimiento (que no siempre es lo mismo) nos hace revolvernos contra todo.

#1.1 pepe, Andorra, 22/11/2022 - 13:31

informacion? q chiste mas bueno, en el supuesto mundo occidental, ese q mira desde su falsa atalaya de superioridad moral al resto del mundo, no hay mas q propaganda estatista. Radio, prensa, televisión, son reduccionistas, simplifican lo complejo y hacen complejo lo facil con el unico animo de desconcertar y manipular a las masas.