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La Punteta · 10 d'Octubre de 2016. 11:24h.

XAVIER RIUS

Director d'e-notícies

RIP por el periodismo en Catalunya

Terribas, con Otegi

Para entender la falta de neutralidad de la prensa en Catalunya -sobre los medios públicos- hay que recuperar la foto que se hizo Mònica Terribas con Arnaldo Otegi el pasado 6 de septiembre, unos días antes de la Diada. Es la imagen de dos colegas. No de un entrevistado y la entrevistadora.

Nada que ver con la foto que se hizo con el autor de "La catedral del Mar", Ildefonso Falcones, que saca nuevo libro. Al pobre Falcones le han colgado el sambenito de ser del PP -lo que no sé si es verdad o no y en todo caso tanto me da igual- porque un día hizo de guía de Mariano Rajoy por Santa María del Mar. Tampoco con Carod unos días después. Aquí también guardó las distancias. Carod es árbol caído.

Aquella imagen frontal. La mirada felina de Mónica como diciendo: aquí estoy yo. Y la expresión de satisfacción de Otegi, recibido como un héroe en la radio pública de la Generalitat. También la voluntad expresa de exhibirlo. De colgarlo en twitter. Como la paella de Cadaqués, que también circuló por las redes. Pero sobre todo aquel brazo de Arnaldo Otegi sobrevolando el hombro de Mónica. Como el de Bush con Aznar en la cumbre de las Azores. Este brazo lo dice todo.

Que conste que, antes de que Otegi fuera una estrella de la Corpo, yo ya hice un artículo en abril de 2014 pidiendo su libertad. Además, el líder de Bildu ha tenido el mérito indudable de arrastrar ETA hacia el final de la violencia. Pero tampoco podemos olvidar que hasta hace poco ETA mataba.

Sobre todo por respeto a las víctimas y los familiares. Por eso yo sería muy cuidadoso a la hora de entrevistar según quien en medios públicos. La indirecta va también por Xavier Graset y su entrevista a Carlos Sastre, en el que presentó como "un gran reserva del independentismo". Como si fuera un cava. O incluso el etarra no arrepentido de Ricard Ustrell, que vendieron como un documento periodístico.

Parece que de repente nos haya entrado la amnesia con las víctimas. Las de Hipercor, Ernest Lluch, los concejales del PP -José Luis Ruiz Casado y Francisco Cano-, el mosso Santos Santamaria o todos y cada uno de los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad asesinados porque a la hora de hablar de una vida no distinguiremos si llevaba uniforme o no.

Como en mi época en La Vanguardia me tocaban los temas de Interior -la leyenda urbana de cobrar del CNI creo que viene de este época- estuve en contacto con algunas familias. Recuerdo sobre todo la de Vicente Beti, empleado de una agencia naviera, de 42 años, que murió en el atentado contra el Gobierno Militar de Barcelona. Simplemente pasaba por allí. Dejó una esposa y dos hijos. Entonces de 16 y 14 años de edad.

O el coronel Leopoldo García, vivía en la calle Tenor Massini, en Les Corts. Familia numerosa. Como me dijo entonces su mujer: “lo mataron como un conejo". Lo asesinaron, en efecto, en el portal de su casa. No sé si la famila terminó cambiando de piso, pero debe ser muy duro pasar cada día por el lugar donde han matado a tu marido. Era del cuerpo jurídico. No tenía ninguna pinta de miembro de las fuerzas de ocupación. La independencia no vale ninguna muerte. Ahora lo ha entendido incluso el nacionalismo abertzale.

Luego está la reseña que hizo Ignasi Aragay, sobre la Història de La Vanguardia de Gaziel que ahora reedita L'Altra Editorial -yo tengo la del 1971-. Si quieren saber más de La Vanguardia está también L'homanot de Pla sobre Ramon Godó (1975), el Servitud de Puig i Ferrater (1980), la biografía de Gaziel a cargo de Manuel Llamas -especialmente el episodio del consejo de guerra- (1996), la historia de Huertas Clavería (2006) y, más recientemente, las memorias de Lluís Foix (2016). Yo las tengo todas y no por eso he dejado de leer La Vanguardia.

Pero me llamó la atención que todo un director adjunto del diario Ara abriera una guerra de medios. "La Vanguardia -decía- ha retornado a sus orígenes: como los inicios de los años 80 del siglo XIX, es un negocio deficitario; como en los inicios, cuando era la voz de los liberales monárquicos, es un diario de partido (pero, ¡ay !, que de repente se ha quedado sin partido, huérfano de la fracasada UDC duranista), y como durante la mayor parte de su existencia, está reencontrando un ADN anticatalanista que Gaziel tan bien -y tan crudamente- retrata a través de la figura de Ramón Godó".

Porque si La Vanguardia es "un diario de partido” el Ara ¿qué es?. Porque todo el mundo lo identifica con Esquerra como El Punt-Avui ha sido, históricamente, el diario de Convergència. Un día fui a un consejo nacional de ERC - me acuerdo: el del 18 de diciembre de 2010- y todos llevaban el Ara bajo el brazo. Era como la Biblia de ERC. En fin, La Vanguardia contraatacó unos días después y, de momento, la cosa ha quedado en tablas.

Todo el mundo critica La Vanguardia pero todo el mundo quiere ser La Vanguardia. Josep Pla, en su biografía de Cambó, da algunas pistas sobre la consolidación del diario a comienzos de siglo: la dirección de Modesto Sánchez Ortiz, la decadencia del Brusi -junto con los problemas de salud del entonces director, Mañé i Flaquer- y la llegada a la propiedad del citado Ramón Godó. Lluís Foix aportaba recientemente otra teoría: "La Vanguardia ha durado tanto porque nunca ha hecho un pulso definitivo al poder".

Luego está la entrevista que le hizo el director de El Punt-Avui, Xevi Xirgo, el pasado 17 de septiembre, a Francesc Homs dos días antes de su declaración ante el Supremo. Aquella en la que el ex consejero comparaba la demanda en su contra con el GAL. Me parece que, con esta estrategia de defensa, lo tiene crudo.

En este caso me llamó la atención una pregunta: "En relación con el lío sobre qué votaron ustedes, ¿no habrían tenido que ser más transparentes?". Ahora resulta que el hecho de que votaran con el PP para la Mesa del Congreso era un “lío”. ¿Sólo un “lío”?. Es para partirse de risa.

Homs respondía con cuatro líneas, pero no negaba los hechos: “A toro pasado todo es más fácil. Admito que no me expliqué bien, pero aquello no alteró el contenido de la mesa. Y algunos lo convirtieron en un factor de propaganda explicando algo que en realidad no pasó".

Claro, qué distancia puede haber entre el entrevistador y el entrevistado si unas páginas antes el periodista publica un artículo en el que afirma: "cuando te vuelvas, lunes, deberías de ver los más de dos millones de catalanes que sonreímos aquel 9-N ".

De rebote, redondeaba la cifra del 9-N -también lo hacía Silvia Cóppulo el otro día-: "Detrás de ti deberías ver los 2.305.290 catalanes que el 9-N de 2014 hicimos aquello tan simple y tan complicado al tiempo de poner una papeleta dentro de una urna". Aquí incluía no sólo los 1,8 que votamos sí-sí, sino también los 232.000 del sí-no y los 105.000 del no-no. Hay un soberanismo que empieza a hacer trampas.

¿Qué pasa? ¿Los soberanistas no nos podemos dedicar al periodismo?. Claro que sí. Cada uno puede hacer con sus ideas lo que quiera. Faltaría más. Pero, a la hora de transmitir información, las ideas personales se tendrían que dejar en casa.

Pondré como ejemplo Josep Gisbert, de La Vanguardia. Hace años que le conozco. Pep debe ser soberanista porque he descubierto en su perfil de twitter -espero que me perdone la indiscreción- una estelada gigante. Yo mismo lo he visto alguna vez en algún acto -como uno en el Fòrum- en el que asistió como ciudadano, no como periodista.

Pero cuando escribe no se le ve el plumero. Podría entrevistar a un dirigente del PPC o de Ciutadadanos con la misma neutralidad profesional que lo haría con uno de ERC o del nuevo Partit Demòcrata. Pongo la mano en el fuego.

En una reciente rueda de prensa de Mas, todavía en la antiguda sede del partido en la calle Córcega, fue el que le preguntó cuántos militantes tenía CDC. Mas, claro, escurrió el bulto. Pero gracias a esa pregunta nos hemos enterado de que eran 15.000 -no los 55.000 que decían en el congreso de Reus- y que al nuevo PDEC han pasado unos 10.000. Se han dejado uns cuantos por el camino.

Y el pasado 24 de septiembre publicaba una entrevista a la nueva coodinadora general, Marta Pascal, en la que no sobraba -ni faltaba- ninguna pregunta: “¿Están dispuestos a renunciar al nuevo nombre si hay terceras elecciones generales?", “Francesc Homs volverá a ser candidato? “, "¿Podría ser Artur Mas?”, "¿Querrán volver a hacer lista conjunta con ERC? “, "¿Cómo están las relaciones con Esquerra?”, "¿Se les está comiendo el espacio?".

Dos días antes, traa la reunión del Consejo Ejecutivo de cada martes, había publicado también una pieza con un titular que iba a misa: "El Govern promete culminar el proceso en 2017 sin concretar cómo", que es exactamente lo que se desprendía de las palabras ese día de la consejera Munté. Al día siguiente toda la prensa más o menos coincidía aunque algunos tocaban el violín. En el Ara lo endulzaron un poco: "El Govern se da tiempo para endulzar la desconexión". Y en El Punt-Avui: "El Govern se da hasta el verano que viene para decidir si hay RUI".

Más ejemplos. Hace poco entrevistaban a Helena García Melero en el Ara a raíz de la nueva temporada del Divendres, un programa de entretenimiento de TV3. No había ninguna pregunta sobre la famosa paella de Cadaqués. Nada. Yo estoy convencido de que la periodista estrella de TV3 le hubiera gustado poderse explicar. De hecho, colgó una promoción en las redes en la que parecía que se burlaba de las críticas.

Eso sí, gracias a la entrevista nos hemos enterado que lleva 25 años en pantalla, récord no superado en TV3 por ningún otro colega. Con estos padrinos -los de la paella, quiero decir- no me extraña. Y hemos descubierto también que en la cadena sólo hay tres personas en nómina de menos de 30 años. O sea que Televisió de Catalunya -además de las pérdidas económicas, el sobrepeso de personal y el sesgo informativo- tiene un serio problema de envejecimiento de la plantilla.

Otro ejemplo: el pasado lunes la presentadora de Els Matins, Lídia Heredia, entrevistaba al vicepresidente Oriol Junqueras. Le hizo todas las preguntas excepto la que había que hacerle: “oiga, esto del referéndum no salía en la hoja de ruta de Junts del Sí".

Porque, en efecto, no aparece en ninguna parte en el programa electoral. CDC y ERC pactaron entonces que el Parlament declaraba la independencia, convocaban elecciones constituyentes, elaboraban una Constitución catalana y celebrababan un referéndum para aprobarla o no. Para nada un referéndum de autodeterminación.

Pero Heredia le hizo preguntas del estilo: “¿cómo vamos?", “¿Ya podrá con todo?", “¿Y cómo?". En fin, un Nixon-Frost. Junqueras estaba como en su casa: "nosotros trabajamos", "nuestro trabajo es trabajar", "nosotros lo que hacemos es trabajar y trabajar seriamente, trabajar rigurosamente". El resto, al parecer, nos rascamos el ombligo.

Cuando la entrevistadora le hacía cosquillas, el vicepresidente respondía: "cualquier especulación está de más". Eso sí, la entrevista duró 36 minutos. Y Junqueras concluyó: "nos explicamos con una claridad meridiana" ante la impotencia no sé si de la entrevistadora o al menos de la audiencia.

La traca final ha sido el Catalunya Vespre -¡un programa informativo!- con aquella pregunta que pasará a los anales del periodismo: "¿Estáis dispuestos a impedir físicamente que juzguen a Mas, Ortega y Rigau?". De hecho lo dijo, durante la tertulia, el exconsejero de ERC Xavier Vendrell, cuando afirmó que lo que había que hacer era "impedir físicamente" el juicio para que no puedan llegar "ni los jueces ni los imputados en el juzgado".

Seamos francos, Xavier Vendrell tenía razón en una cosa: "Esta es la primera vez que vamos al choque definitivo". Si quieres la independencia hay que romper algún plato. ¿Pero cómo puede ser que lo que diga un ex consejero de Esquerra se le pegue a una emisora pública?.

Hasta ahora, los únicos que han hecho un llamamiento a la desobediencia civil, en plan Gandhi, han sido precisamente los compañeros de Catalunya Ràdio. Y con escasos resultados lo cual confirmaría también su descenso de audiencia y, sobre todo, de influencia.

En realidad, antes de ir a Madrid les hicieron un homenaje a Mas y Homs en Arenys de Munt y eran 600 personas. Y cuando Homs declaró ante el Tribunal Supremo no había ni ex colegas del gobierno como la propia Joana Ortega, Mas-Colell o Germà Gordó.

Yo creo que Silvia Cóppulo lo hizo para hacerse perdonar pecados de juventud. Después de todo, estuvo presentando un magacín en ComRàdio durante diez años (1996-2006) cuando era la alternativa socialista a Catalunya Ràdio. El programa en cuestión se llamaba Catalunya Plural, que daba la idea de que el resto de Catalunya, incluida la emisora de la Generalitat, no lo era.

Pero si incluso hizo la tesis doctoral sobre las pegas de CiU a la emisora de la Diputación de Barcelona. Yo leí el libro, Com neix ComRàdio -editado por Angle Editorial y pagado por la Diputació de Barcelona con Celestino Corbacho de presidente- y explica que era "la emisora pública de la izquierda progessista". Incluso hay un capítulo dedicado a cómo "La Generalitat intenta 'frenar' ComRàdio".

"Es evidente que hemos intentado que el fenómeno ComRàdio no fuera a más. Es nuestra obligación, porque si creemos que la Com es un hecho negativo para la comunicación local, nuestra obligación es actuar en consecuencia ", explicaba entonces Agustí Gallart, director general de Radiodifusión y Televisión de la Generalitat (pág 174). Como has acabado, Silvia.

Por eso, para no equivocarme, antes de escribir este artículo llamé a un periodista amigo mío del PSC. No sean mal pensados, no era Jordi García-Soler:

- ¿La Melero no era vuestra?

- Era. O al menos si no era nuestra, no era de ellos

- ¿Y Lídia Heredia?

- Ésta sí. Ésta despegó en TV3 con el tripartito

- ¿Y la Cóppulo?

- Era un baluarte. Muy amiga de Quim Nadal.

En las memorias del ex alcalde de Girona, en efecto, sale casi una media docena de veces. El 26 de septiembre de 2006, el entonces portavoz del Govern anota: "A las cuatro de la tarde viene Sílvia Cóppulo a contarme sus proyectos. Se la ve liberada y emprendedora".
 
Cuando se le acabó ComRàdio encontró trabajo en Sant Cugat -donde hacía un programa, Amb ulls de dona, la audiencia del cual me gustaría saber- cuando los socialistas controlaban TVE y luego la ficharon para Catalunya Ràdio con el tripartito: era una de los nuestros. Entre otros, le encargaron hacer sombra a Toni Clapés, objetivo imposible. Cuando la cambiaron de franja horaria todavía recuerdo que dijo, para asombro del personal presente, que había conseguido el objetivo encomendado.

Al final de la última temporada estuvo en la cuerda floja. Pero la recolocaron como pareja de Kílian Sebrià -qué error, Kílian-. En su perfil de twitter pone "feliz". No me extraña. Hay gente, en Catalunya, que nunca se queda sin trabajo.

Por ello -con el silencio del director, Saúl Gordillo- al día siguiente de la polémica ni dr disculpó. ¿Para qué?. Se limitó a hacer "aclaraciones", agradecer "la confianza de la dirección" y lamentar las "tergiversaciones y manipulaciones" en alusión a las críticas del PP y Ciudadanos.

Pero ella más que nadie debería saber que una pregunta así -para hacer méritos- no beneficia a los redactores de la emisora que hacen periodismo a pie de calle o se rompen la cara todos los días para hacer un producto digno.

En fin, no quisiera terminar sin la enganchada el pasado jueves en Rac1 entre dos ilustres tertulianos: Vicent Sanchis, cuota convergente, y Gemma Galdón, cuota progre. Que conste que yo he enviado los dos a paseo, pero no sé si era para reír o para llorar oír al ex director del Avui defendiendo, a capa y espada, la antigua Convergència.

La carrera profesional de Vicent Sanchis la hemos pagado entre todos. Creo que ahora lleva catorce años enchufado en la tertulia de Rac1. Cuando se le acabó la dirección del Avui le dieron un programa en La Xarxa -controlada por las diputaciones de CDC- y, retirado por falta de telespectadores, lo pusieron de tertuliano en todas partes. Tanto sirve para comentar cómo se hace una paella -no sé si por su condición de valenciano o porque es un experto- como un pleno del Parlament. Con Francesc-Marc Álvaro suele hacer pareja de baile. De dos en dos.

"Tenemos un gobierno limpio", exclamaba. "CiU no tiene las sedes embargadas”, se desgañitaba. No, claro, las tiene Convergència. O depositadas en garantía, que más o menos es lo mismo. Incluso aprovechó para hacer méritos ante el partido: "si yo fuera de Convergència ahora mismo lo demandaría a usted” le dijo a Galdón.

No me hagan buscar artículos de Vicent Sanchis en contra de la corrupción del PP porque, francamente, no le leo. Son como la merluza hervida: ya se sabe qué gusto tiene. Pero seguro que alguno encontraríamos. Sobre todo de su querido PP valenciano.

El momento álgido, sin embargo, fue cuando rebajó el caso Pujol a "no hacer la declaración como la tenía que hacer". “¿Qué tiene que ver Pujol con Convergència?", se llegó a preguntar. Nada, pasaba por allí. Un militante de base.

La Vanguardia, que tampoco es el antiguo Pravda, publicó el pasado 11 de febrero un documento excepcional. Un gráfico con todos los presuntos casos de corrupción de CDC. Salían una decena: el caso de la familia Pujol, Oleguer Pujol, ITV, deslocalizaciones, Palau, 3%, Pretoria, Asociació Catalana de Municipis, Agència Catalana de l’Aigua, Adigsa y Barcelona Regional.

Y todavía se dejaban el caso Traiber. Para mí el más escalofriante de todos. ¿Cómo podían poner prótesis caducadas a pacientes?. La mayoría gente mayor y tras haber estado en lista de espera durante meses. Esto no pasa ni en Ruanda. Dicho con todo el respeto por los ruandeses. Además, con la complicidad de todas las partes: la empresa, los médicos y la Administración.

Por supuesto, otorgaremos toda la presunción de inocencia que sea necesaria, pero si hay un partido igual o más salpicado por la corrupción que el PP es la propia Convergència. ¿O ustedes creen que se han metido en el lío del cambio de nombre por amor al arte?. ¿Han oído alguna declaración de algún dirigente del Partit Demòcrata sobre el caso Gürtel o las tarjetas black?. No, tienen el techo de cristal.

Veremos también qué pasará con el caso del Palau. Del caso Casinos salieron indemnes -de ahí viene el pecado original- y eso que había facturas falsas del Avui por medio, por cierto. Pero del escrito de la Audiència de Barcelona el pasado 15 de febrero que daba vía libre a la próxima vista oral me llamó la atención lo que decía en la página 21 sobre "el flujo de fondos de la empresa Ferrovial-Agroman, a través del Palau de la Música Catalana, la formación política Convergència Democràtica de Catalunya como pago de comisiones por adjudicaciones de obra pública por parte del Govern de la Generalitat de Catalunya u otros organismos públicos, en los años 2000 a 2009 en virtud de un acuerdo, que se inició al menos en el año 1999 y se prolongó hasta los años 2008-2009 ". En resumen, el presunto 3%.

Yo, lo único que recuerdo, es que habían firmado un convenio con la Fundació Trias Fargas por 600.000 euros para hacer conciertos de música clásica. No hay constancia de que la fundación diridida entonces por Agustí Colomines -ahora director de l'Escola d’Administració Pública, ¿qué les debe estar enseñando - dedicara ni una sola sesión a Bach o Beethoven.

En fin, perdonen la extensión del artículo, sobre todo en internet. Además, tengo una inveterada costumbre a hacer amigos como habrán comprobado. Ahora seguro que Silvia Cóppulo no me invita nunca a su tertulia -no es la suya, es la de un medio público-, pero el periodismo se ha convertido en un oficio de alto riesgo en Catalunya. Casi como la de bombero o mosso d’esquadra.

Terminaré, si me lo permiten, con una confesión personal. Recientemente he leído una biografía del periodista estadounidense William Shirer, que vivió en el ascenso del nazismo entre 1934 y 1941, a cargo de Steve Wick, un premio Pulitzer. Fruto de ello escribió su Berlin Diary -con una segunda parte en 1947: End of a Berlin Diary- y The Rise and Fall of the Third Reich (1960). La profesión le costó el trabajo y seguramente la salud.
 
En verano de 1940, tras el colapso de Francia, a él y otros corresponsales extranjeros -entre ellos un español- los pasearon por la costa francesa para que vieran los preparativos para la invasión de Inglaterra.

Cuando volvieron a Berlín les pusieron todo tipo de facilidades. Shirer se extrañó: si tenía que transmitir sus crónicas después de pasar por la censura y con un empleado del Ministerio de Propaganda a su lado ¿cómo es que ahora todo era una balsa de aceite?.

Y cuando dos oficiales de la Wehrmacht le preguntaron porqué no transmitía su crónica dijo que no lo haría, que no había visto ni una sola barcaza para poder trasladar a Inglaterra las tropas alemanas. Como buen observador también sabía que sin el control del aire y del mar toda invasión estaba abocada a fracaso. Los alemanes los querían utilizarlos para atemorizar a los ingleses y, de rebote, lograr la rendición.

Que conste en acta que no estoy comparando, en ningún caso, el independentismo con el nazismo como hacen algunos fachas. No se puede comparar nunca jamás un movimiento democrático con un régimen totalitario. Pero la anécdota sirve para explicar mi desasosiego.

Porque eso es lo que necesitamos en Catalunya: simplemente observadores. La verdad no es nunca absoluta, pero a veces basta con decir lo que ves. Si el agua es inodora, insípida e incolora no la puedes hacer pasar por un whisky escocés de quince años.

Con el proceso ocurre lo mismo: si vuelven al referéndum de 2012 no se puede vender en portada como un paso adelante. Sencillamente, el Govern se ha dado cuenta ahora -¿ahora?- que dos millones de personas son muchas personas, pero no son lo suficiente en un censo de 5,5.

Joaquim Maria Puyal decía el jueves pasado, en un acto de directores de comunicación, que "nada nos debe alejar de la verdad, nunca". No sé si lo decía por el proceso o no -yo me lo perdí por culpa del debate de política general- pero encaja. El maestro de la radio catalana ya publicó en 2011 un libro premonitorio sobre la situación de los medios en Catalunya: Aicnàlubma, que es ambulancia al revés. Sospecho que la obra pasó más bien desapercibida porque decía demasiadas verdades.

Desgraciadamente la profesión ha entrado en una fase de coleguismo, de compadreo, de quedamos-para-comer nunca vista. Sí, ya sé que la connivencia de la prensa de Madrid con los partidos de una y otra parte debe de ser igual o superior. A Pedro Sánchez se lo ha cargado el grupo Prisa. Y el PP hace con TVE lo mismo que Convergència con TV3, ¿pero no queríamos que la nuestra fuera como la BBC?.

De hecho TV3 la ha superado. Si en TVE llegan a quemar el equivalente de una Constitución en directo -una estelada pongamos por caso- o hacen una pregunta como la de Silvia Cóppulo les habríamos dicho de todo. El otro día, en rueda de prensa, le pregunté al portavoz adjunto de Junts pel Sí, Roger Torrent, qué pensaba y se limitó a decir que "no hay nada que comentar". El ahora no toca de Pujol versión proceso.

En TV3 había hasta ahora un equilibrio de poderes entre los periodistas progres y los convergentes. Cuando mandaban los unos, a los otros los defenestraban pero no les tocaban el sueldo. Pero eso se acabó: ahora todos se han hecho soberanistas. Es la manera de hacer carrera profesional o de cobrar sobresueldos a través de las productoras. Y se predica no sólo en programas informativos, sino también de entretenimiento. A ver si el mensaje cuaja entre las tietes y agrandamos así la base social.

Cuando este país recupere la normalidad y echen a mil trabajadores de la cadena -espero que empiecen por las estrellas, no por cámaras ni los redactores- podremos hacer como aquel 30 Minuts dedicado a Canal 9. Cuando salían todos explicando las barbaridades que hacía el PP en la tele valenciana. Sí, pero cuando se habían quedado sin trabajo. Mientras lo tenían todos callaban.

Lo volveré a preguntar, pues: ¿Se imaginan qué diríamos si lo que hacemos nosotros lo hicieran en Madrid? ¿Se imaginan que Rajoy organiza una paella con la principal columnista de un periódico, el jefe de la Guardia Civil y una presentadora estrella de TVE, por ejemplo?. Hubiéramos dicho aquello de la España cañí.

Porque tanto hablar de un país nuevo, de separación de poderes, de democracia de baja calidad y la primera condición sine qua non es una prensa libre e independiente. En Catalunya aún nos queda mucho por hacer. Hay colegas que han considerado que el fin justifica los medios.

Lo peor es el silencio de casi toda la profesión: el Colegio de Periodistas, el CAC, el Consell de la Informació de Catalunya, incluso el Grup de Periodistes Ramon Barnils. Pero claro que quieren que digan si la degana del Colegio, Neus Bonet, trabaja en Catalunya Ràdio y el presentador del TN vespre, Carles Prats, forma parte de la junta. Con las cosas de comer no se juega.

Dentro de unos años, cuando haya terminado todo -bien o mal, yo creo que mal- y los historiadores repasen el papel de la prensa en Catalunya durante este periodo se nos caerá la cara de vergüenza. Yo no sé si tendré que acabar cambiando de oficio, pero al menos no tendré que agachar la cabeza. La dignidad pofesional no debería perderse nunca. Felicidades, colegas, nos la hemos cargado entre todos.

 

 

Xavier Rius es director del digital catalán e-notícies

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