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La Punteta · 24 de Desembre de 2019. 16:08h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Se armó el Belén y el burro se tumbó en la cuna

Es Nochebuena y noche de paz, fum, fum, fum. Qué mejor razón habría que esa misma para escribir un cuento sobre la política que nos perturba. Por las ventajas del bilingüismo, ahora reparo en el hecho de que cuento y humo son dos términos que definen a la perfección el escenario político en el que estamos inmersos. Vamos a por la habitual columna y al final, si me animo, esbozaré un cuento desaliñado en un portal de Belén un tanto alterado.

Con voluntad de balance, a ver qué hemos sacado de este año que se está yendo con pena y sin gloria. Para empezar, dos elecciones generales en España que han servido para darnos cuenta de que no nos damos cuenta de lo que nos jugamos. Muy lejos de la independencia soñada en Cataluña por los de som-un-sol-poble (los de los 2 millones de votos que valen por 5, ya saben), lo que ha pasado es que la política catalana indepe -entendida como un frontismo suicida- ha invadido España entera. La apelación exclusiva a la voluntad de una mayoría, ahora la tribu con más votos, sumada a una puerilidad de moda en política están detrás de los intentos actuales de autolesión de la democracia española. Porque esa y no otra es la reiterada tendencia de Pedro Sánchez, de la última versión disponible se entiende, todo un paladín de la palabra olvidada y de la conveniencia arribada.

El año que se va nos sirvió también para ver otra vez (y ya van muchas) que si la democracia no va de la mano de la justicia nunca irá bien el cambalache alternativo. Solo desde unas posiciones autolíticas para la sociedad se disocia ese binomio. Y luego, todos a quejarse. Unos porque no quisieron tenerlo en cuenta y otros porque dijeron, dijimos, que ya se veía venir aquello de que el fuego quema. Esa disociación fue la que propugnó el independentismo catalán (la voluntat d’un poble) y ahora ha sido comprada, sin más cálculo que el egoismo, por el sanchismo imperante en el PSOE. Ya saben: de problema de convivencia a conflicto político en Cataluña, hago zas y aparezco a tu lado. Y no es magia, es explosivo real, idiotas.

2019 nos trajo las imágenes más lamentables de conflictos en las calles de Barcelona y de otras ciudades catalanes. Pero pudo ser peor aún. El enfrentamiento social sigue acechando y entonces no habrá policía ni justicia idónea para ese caso, no tan remoto. He aquí otra de las consecuencias de creerse que una mayoría parlamentaria de ocasión puede tumbar a la justicia y, antes que ello, a las minorías políticas. De nuevo, otro rasgo de carácter de Peter Pan que ha anidado en la política real, al menos en algunos de sus actores principales.

Fue también el año en el que constatamos que la palabra o promesa política no es nada. Que se puede reconocer, apenado, por la mañana que lo de la independencia iba de farol y por la tarde decir, alborozado, que todavía es una fuerza imparable. Que un presidente de gobierno dice que no dormiría con los podemitas en su gobierno para, días después, recetarse a sí mismo unas píldoras del Dr. Iglesias y poder dormir abrazado a un Falcon de peluche, mientras otro avión de verdad le espera en la pista.

Es muy preocupante esta creciente vocación suicida en la democracia española, contagiada o agravada por la influencia del secesionismo catalán. Seguro que el asunto merecería un ensayo sesudo de algún científico social con más tiempo, oficio y ganas que yo. Por mi parte me limitaré a dejarles el cuentecillo prometido en el siguiente párrafo. Y a desearnos lo mejor tras este pozo de detritos que ha sido la década que se va, cuanto menos en lo tocante a lo político y social. A ver si esta vez es verdad aquello de peor, imposible.

El burro se ha tumbado en la cuna por sus ansias de figurar en la vida pública sin importarle exhibir su burricie cada vez que puede. La vaca está yerma, harta de ser ordeñada por cualquiera que pasa por el portal de Belén. San José se quiere pirar de ahí y por eso se está haciendo las pruebas de paternidad. El niño Jesús está alucinado viendo lo que hacen con su Belén en nombre del pueblo. Y ¡La Virgen! es lo que exclaman los de fuera que por allí pasan.

 

 

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