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La Punteta · 12 de Desembre de 2018. 12:30h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Sindicatos de clase sin demasiada clase

Hoy hay normalidad en el servicio público pese a la convocatoria de huelga general de la función pública catalana. Esta vez parecía algo serio -no un pomposo y politizado paro de país- y así lo promovían UGT y CCOO, sindicatos mayoritarios en las elecciones sindicales, que no en las afiliaciones. A este respecto se calcula que sólo un 5% de los trabajadores catalanes pertenece a cada uno de las fuerzas citadas. Resulta misterioso, por esos datos y sobre todo por sus estrategias, que esos sindicatos aún sean conocidos como de clase. De clase trabajadora cabe suponer. Pese a esos adjetivos, a menudo, se enfangan en la política de una burda manera.

Razones sobraban para movilizar a un cuarto de millón de trabajadores de la cosa pública y no era por causa política esta vez. Singularmente, entre ellas, se trataba de la devolución de las pagas quitadas a los empleados públicos entre 2013 y 2014. Pero también había otras y de calado. Entre otras, conseguir acuerdos para reducir la vergonzosa tasa de interinidad que es de más del 25% en Sanidad, en Enseñanza pasa del 30%, y del 40% en la administración de justicia (juzgados). Y esto sólo por citar tres ámbitos esenciales del servicio público. Las lamentables cifras sugieren y facilitan amateurismos, clientelismos y otros ismos que no suenan bien. Nada moderno ni danés sino más bien de administración manifiestamente mejorable.

Ayer por la tarde se produjo la noticia de acuerdo entre los sindicatos y la administración para quebrar la huelga convocada. Justo cuando las pancartas ya estaban hechas y los megáfonos con las pilas puestas. De tal manera que el govern, entre crecimientos varios de sus enanos y gastos en chorradas, ahora se compromete a abonar el importe de esas pagas adeudadas. Me gustará saber de dónde sacarán unos 1000 millones de euros que afirman que pagarán en cuatro añitos, cuatro. Veníamos de una propuesta de la administración de hacerlo en ocho años y ahora salen con este milagro de los panes y las pagas. Santa inocencia sindical si se han creído que en cuatro años van a responder de ello Torra y su simulacro de gobierno. Pero no es inocencia, no se lo crean.

Este acuerdo firmado ayer “in extremis” responde a puro instinto de supervivencia tanto para unos como para otros. Para el govern es un hálito de vida política y simular que gobierna para alguien entre fasto y feria. Para los sindicatos que han corrido a firmar un papel –que por cierto huele a humo-  es la obediencia debida a la subvención…ahora ya no debida. Ánimo, que ya sólo falta encontrar los 1000 millones pispados a los empleados públicos catalanes. Me temo que esos mismos no aparecerán y si se inventan otros mil kilos los pagaremos todos. Un hito más en el desarrollo de esta Rarolandia que ahora es Cataluña. Sigamos.

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