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La Punteta · 10 de Gener de 2020. 11:40h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Y Pedro cogió su fusil

Hasta este próximo domingo esté atento al teléfono porque se puede encontrar con que le nombran ministro o incluso vicepresidente 5º del gobierno.  Por mi parte, si tengo suerte, me pediré la vicepresidencia de paellas. A malas, el ministerio de las cervecitas porque ambos van muy bien para la gobernabilidad intestinal. A la podemita manera, porque usted lo vale, es posible que Sánchez  le conceda una secretaría de estado o dirección general de encantamientos y unicornios o algo así. De entrada el pedropablismo incipiente nos saldrá por 20 ministros y 4 vicepresidentes, un riñón presupuestario de 24 sueldazos, 10 más que no hace demasiado tiempo. Y ya de los miles de nóminas de cargos que vienen debajo de esos,  mejor ni hablar para no agriar este primer párrafo y  lo que venga después.

Que este gobierno es legítimo no merece duda y que será una ruidosa fiesta polifónica, tampoco.  Sánchez vendió su quincalla variada entre los suyos, luego a los neocomunistas y finalmente a los nacionalistas de varias tribus. Entre ellos, algunos hay que acechan y actúan contra la esencia de este maltrecho país/estado y  ahora, qué huevos, pactan para gobernarlo aunque les importe un comino. El sanchismo ha colocado su mercancía averiada a líderes de todos los terruños. La paradoja chunga es que también algunos jefes tribales creen haberle colocado su producto. Un fenómeno este Sánchez que ha conseguido que no sepamos ya quién compra y quién vende aquí.

Hasta ayer Pablo de Galapagar lloraba de alegría por estar al frente de esa fiesta abigarrada. Hoy ya llora de verdad porque sabe que Pedro le trata como si fuese un ilustre vicepresidente de comunidad de vecinos. Por suerte para Pablo y su agencia de colocación neocomunista, aterriza en la moqueta pero tiene que compartir la merienda con otras tres vicepresidentas, todas de misa pedrista diaria. Y eso que el buen hombre hizo todo lo posible por caerse del caballo de Bolívar cual San Pablo fulero. Yo en su lugar iría probándome un look sin coleta y con una rosa en el pelo.

Los pactos con los nacionalistas son dinamita pura pero con el pacto de Pedro y Pablo nos esperan tardes de gloria y mañanas de resaca. No se soportan y no llegará su amistad a parecerse a la de los Picapiedra. Es así aunque ahora nos regalen sus cruces de manos, abracitos, carantoñas y lágrimas incluso. No esperaremos mucho a ver sus diferencias en el conflicto de Irán, en el sarao de Bolivia o, aún peor, en su posición con respecto a los políticos catalanes penados por el Tribunal Supremo. La oposición lo tendría a huevo si fuera capaz, que lo dudo, de coordinar esfuerzos y de dejarse de discursitos guerracivilistas o de proponer un nacionalismo opuesto. A Sánchez hay que buscarle alternativa no por ilegítimo o por parecer un vendedor de crecepelo, sino por ser un peligro en sí mismo, según lo visto en sus pactos y en el valor 0 de su palabra.

El pedrismo y el pablismo están condenados a liarse a hostias y hay un pez grande y un pez chico, ustedes mismos. Si bien es verdad que, en la medida que Pedro se vaya liando en su madeja de amiguitos indepes, Pablo verá votos. Lo malo es que eso le cueste el coche oficial entre nuevos llantos, esta vez dolorosos. Tendrá que cerrar la oficina de empleo que ha montado para los colegas comunistas y volver a coger el cohete para asaltar los cielos. Otra vez,  pensará, qué pereza eso de contar milongas sobre vivienda digna desde mi chaletito de profe.

Reconozcamos que Pedro Sánchez, con todas sus trampas, es un hacha postmoderna. Su partido le echó a la calle por lo misma razón que le encumbró poco tiempo después y, además, ha conseguido laminar a la oposición interna. Algunos barones han hablado pero lo han hecho tan bajito que no se les ha oído bien. De paso, ha conseguido dejar el mapa parlamentario hecho unos zorros. Muy pronto Johnny sacará su fusil y no dejará a nadie coleando entre sus nuevos colegas.  ¿O es que alguien creyó que esto de los pactos multipropiedad era para ser cumplido?.  Tampoco sería raro que Johnny Sánchez, entre una tremenda balacera, se pegara él mismo un tiro en el pie. Todo es muy raro y peligroso en estos días salvajes.

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